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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

El futuro del país

Sergio Brosa
Sergio Brosa
miércoles, 28 de noviembre de 2007, 01:54 h (CET)
Cuando se habla del futuro de un país, la idea fundamental gira en torno a su evolución económica en primer lugar; las mejoras sociales que propiciará esa mejora económica que se persigue y; el perfeccionamiento de la democracia que habrán de impulsar conjuntamente, la mejora económica y el avance social obtenidos. Y así, sobre estos tres pilares se asienta lo que llamamos futuro y al que todos los ciudadanos de una comunidad aspiran.

En efecto, difícilmente puede avanzar un país si no mejora su economía, pues lamentablemente poco cabe hacer sin dinero. Ese dinero bien gestionado, ha de permitir atender en primer término, las necesidades más apremiantes de su población: sanidad y educación. Luego vendrán el trabajo y la vivienda, a través de las acertadas inversiones que ha de promover el gobierno de ese país. Y todo ello ha de desembocar en la necesidad social de avanzar también en la gestión del propio país, lo que supone el libre acceso de los ciudadanos a las instituciones, a través de un amejoramiento del sistema de libertades y el desarrollo de la democracia.

Lo que se hace fundamental para alcanzar y consolidar el crecimiento de un país en el tiempo; lo que ha de garantizar su futuro en cualquier caso, es la preparación de sus habitantes para afrontarlo con garantías de éxito: la educación.

Así es, la educación es el recurso clave en un mundo en el que la fuente de poder y riqueza es la capacidad de procesar información para transformarla en conocimiento aplicado, como lo define Manuel Castells.

Y en Catalunya, “el país”, según la denominación oficialista, la educación es el fracaso más estrepitoso de todos los gobiernos de la Generalitat desde la recuperación de la democracia.

La Fundació Jaume Bofill, independiente de organismos públicos, partidos políticos y grupos sociales interesados, ha publicado esta pasada semana, un informe en el que se explica que Catalunya está a la cola de Europa en educación. Entendida como la falta de preparación cultural e intelectual, no como ausencia de urbanidad que esa es otra.

La consejera del departamento, Marta Cid (2004-2006) consiguió que se firmara el “Pacte Nacional per a l’Educació” que había de resolver todos los problemas, pero que no ha surtido efecto positivo alguno en el nivel educativo de los catalanes.

Dice el informe que el gasto público en educación tiende a incrementarse en Catalunya. No obstante, presenta uno de los niveles más bajos de España y de la Unión Europea. Así no es extraño que después de Canarias y Extremadura, Catalunya (13,7%) presente la tasa de repetición en 4º de ESO más alta de España y cuenta con la segunda tasa de graduación de ESO más baja de España (69,6%).

El 34% de los estudiantes catalanes, entre los 18 y los 24 años abandona sus estudios, frente a un 10% menor que es la media española. El doble que en Europa. Tan sólo el 60,3% de los catalanes (61,3% de media española) completan su educación secundaria. Cuando la media en Europa es del 75%.

Por todo lo cuál –el estudio de la Fundació Jaume Bofill es muy prolijo– la inquietante conclusión, junto a los datos del informe Pisa de la OCDE, es que Catalunya tiene severamente amenazado su futuro. Y no precisamente por el cambio climático, sino por la ineptitud de sus profesionales del mañana que los políticos de hoy son incapaces de resolver, por la suya propia.

El actual consejero de Educación, Ernest Maragall, hermano de Pasqual, del que fue su mano derecha en el ayuntamiento de Barcelona y también en su fugaz presidencia de la Generalitat, está ultimando una nueva ley de educación. La califica de “ley de país”, lo que no tiene un claro significado, fuera de darle un aire de grandilocuencia. Habrá que estudiarla a conciencia, pues debería ser la solución definitiva al problema. Otra cosa carecería de sentido. Tampoco se entiende muy bien por qué se desplazó hace unos meses a Finlandia una nutrida expedición del departamento de Educación, para analizar su sistema educativo, cuando nada tiene que ver Catalunya con ese país y mucho más cerca está Francia, con un sistema educativo que funciona desde hace decenios; en el que se culturiza a los alumnos y se potencia la memoria, aunque sin necesidad de aprenderse la nómina de los reyes godos. Los profesores son respetados y se mantiene la disciplina en las aulas.

No sólo de clases de catalán se hace apto a un alumno para el futuro.

Después de ver con atención el pasado martes a las 10 de la noche en el televisor, lo que no fue cosa fácil por lo somnoliento de la intervención de la estrella del programa “Tengo una pregunta para usted”, José Montilla, President de la Generalitat y conducido por Lorenzo Milá, las repuestas del President a los participantes, no ha de sorprendernos el informe citado.

Uno de los participantes le espetó a Montilla (preguntar es otra cosa) por qué llevaba a sus hijos a un colegio alemán, en lugar de a la escuela pública. José Montilla, que después de un rato en que había estado respondiendo de forma políticamente al uso, que no correcta, pues él, fuera cual fuera la pregunta iba a su discurso institucional: que Catalunya debía mejorar su financiación, desarrollar el Estatut, incrementar el autogobierno y que Catalunya lleva camino de ser trilingüe: catalán, castellano e inglés, respondió que llevar a sus hijos a un colegio extranjero era una opción personal; su opción personal legítima.

Hasta ese momento había parecido que Montilla iba únicamente a tratar de superar como pudiera el reto que le suponía acudir al programa; sin credibilidad alguna eso sí. Hablando o mejor, destrozando la lengua catalana, para afirmar que el “catalán es lo que hay que proteger” y cosas por el estilo que resultan absolutamente postizas en Montilla, la respuesta de la “opción personal” resultó si no cínica, sí impertinente. Si aún se hubiera tratado de un colegio inglés para sus hijos, hubiera podido parecer que pretendía adelantarse a ese fantasioso y quimérico “trilingüismo” del que tanto habla, pero uno alemán no coló en modo alguno.

Decía montilla en su descargo, que no a favor de lo que hace por la escuela pública, que la Generalitat había contratado a 2.500 nuevos maestros. Lo que no especificó es si se trata de 2.500 pedagogos o 2.500 licenciados sin un trabajo fijo. Pues una parte importante del problema educativo reside en la ausencia o mínima preparación pedagógica de los docentes por parte de la misma Generalitat que preside Montilla.

Cuánto dinero gasta la Generalitat de Catalunya en nacionalismo, será un interesante estudio económico a realizar y, si bien no ha de proporcionar sorpresas, sí respuestas a por qué se invierte tan poco en lo fundamental, como la educación y tanto en identidad que no proporciona beneficio económico ni social alguno ni presente ni futuro, sino tan solo fortalecimiento del ego, de aquellos que han decidido voluntariamente ser catalanes y ahora gestionan la administración catalana para su propio deleite.

Lo cierto es que el futuro del país está en juego y parece que los políticos sean ajenos a ello. Es manifiesta su incompetencia para dar una respuesta al auténtico motor del porvenir que no son las infraestructuras que tiene obligación el gobierno central de financiar en Catalunya, sino la educación y la preparación de los jóvenes de hoy que han de forjar el futuro del mañana y esa es de plena competencia de la Generalitat.

Los consejeros de Ensenyament o Educació, se han comportado hasta ahora como el Maestro Ciruela que no sabe leer y pone escuela. Y están dando al traste inexorablemente con el futuro del país.

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