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Etiquetas:   Grecia   Unión Europea   -   Sección:   Opinión

España y Grecia en el mismo cesto. Un grano para la UE

“Es que la ideología tiene que ver directamente con el encubrimiento de la verdad de los hechos, con el uso del lenguaje para ofuscar u opacar la realidad al mismo tiempo que nos vuelve miopes” Paulo Freire
Miguel Massanet
sábado, 13 de junio de 2015, 00:41 h (CET)
España está viviendo unos momentos trascendentales de su historia. Después de unos años en los que navegábamos dentro de los límites del bipartidismo, de los linderos constitucionales, con incursiones a gobiernos de derechas o izquierdas, pero siempre dentro de lo que podríamos denominar como la normal alternancia de partidos moderados, dentro de unas reglas fijadas y sin saltarse las líneas rojas marcadas por nuestra Carta Magna; de pronto, hace apenas unos años, salta en Catalunya la chispa separatista de la mano de uno de los orates de lo imposible, el señor Artur Mas que, intentando enmendar un mal cálculo que le llevó a convocar unas elecciones en las que, en lugar de conseguir un éxito, perdió 12 escaños para su partido, CIU; decidió enfrentarse a la Constitución, al Estado español y a la sensatez, lanzando su desafío a la unidad de la nación española, amenazando con la separación de Catalunya de España si no se accedía a sus demandas, todas ellas anticonstitucionales o insolidarias con el resto de autonomías españolas.

Se puede decir que, desde que la crisis afectó a Europa y, especialmente, a España, nuestro país entró en la espiral de la insensatez de manos del gobierno socialista que ocupaba el gobierno de la nación. En lugar de reconocer la evidencia de lo que había sido nuestra burbuja inmobiliaria, de tomar medidas inmediatas para atajar lo que se venía encima del pueblo español y de intervenir bancos y cajas para impedir que siguieran en su inercia especulativa, arruinándose y, de paso, arruinando al país; el Gobierno optó por hacerse el desentendido, negar que la crisis afectara a España “La mejor economía de Europa” según un desorientado, engreído e incapaz Rodríguez Zapatero, y acudir a las arcas del Estado, para exprimirlas, subvencionando leyes sociales insostenibles, ayudando a los que lo habían apoyando y despilfarrando el dinero de los españoles, hasta que el Tesoro quedó exhausto, la deuda pública creciendo de forma imparable y nuestro déficit, tanto público como privado, sobrepasando de forma espectacular los límites que se habían fijado por Bruselas.

Vino el pánico, se dispararon las alarmas y, en última instancia, cuando apenas quedaba tiempo para pedir el “rescate” a Europa, se convocaron elecciones que ganó, mayoritariamente, el PP. Una nación en quiebra, endeudada y con el sistema financiero puesto en cuarentena, la principal preocupación de la CE y a un tris de pedir el urgente rescate, que todos ya veíamos como inmediato y la única tabla de salvación para el país. Esta fue la nación que heredaron los populares de Rajoy. Se evitó el rescate, se jugaron bien las bazas y se consiguió el apoyo de las instituciones europeas, iniciándose el periodo, puede que más duro, para España y los españoles. Vinieron recortes, siguió aumentando el paro, cerraron miles de empresas y el paro fue subiendo espectacularmente, sin que fueran suficientes los esfuerzos de Gobierno para detener aquella caída del consumo y la falta de financiación que precisaban nuestras empresas. Un milagro, un éxito que añadir al Haber del PP, cuando se consiguió que Europa, eso sí bajo duras condiciones, comenzara a cooperar, la mejora de la confianza de los inversores a reducir nuestra elevada prima de riesgo ( superior a los 600 puntos básicos) y los intereses que debíamos abonar para refinanciarnos. Tocamos fondo y empezamos a respirar, eso sí, con grandes apuros y caídas de las que nos levantábamos para seguir en la brecha. Pero sobrevivimos.

Corrupción, errores estratégicos del Gobierno, el empeoramiento del cisma catalán y, un fenómeno imprevisto, pero letal, la aparición de los comunistas bolivarianos que, más tarde, formaron el grupo Podemos. Los que habían aceptado la crisis como algo inevitable, que se mantuvieron sin protestar durante el periodo en que Rodríguez Zapatero estuvo en el gobierno y la pasividad de los sindicatos obreros, complacientes con el gobierno socialista; en cuanto entró a gobernar el PP mudaron de conducta, se lanzaron al gaznate de los nuevos gobernantes e iniciaron su labor de desgaste con manifestaciones de repulsa, ocupación de las calles; campamentos de los del 15M con el apoyo de los partidos de izquierdas; protestas ante las instituciones y agravamiento del tema catalán. España seguía el ejemplo de Grecia, cuando nuestra situación económica y financiera en nada se parecían a la de los griegos. Podemos y Syriza eran como hermanos gemelos y Pablo Iglesias acudió en ayuda de Tsipras para apoyarle en sus mítines. Ganó Syriza y Grecia se convirtió en un polvorín en medio de Europa.

Incomprensiblemente, Podemos fue incrementando su poder y el número de seguidores aumentó exponencialmente. La indiferencia con la que habían contemplado el resto de partidos a aquella nueva corriente política, pronto se convirtió en asombro para acabar en preocupación, ante la posibilidad de una balcanización de España. Las elecciones Europeas ya dejaron claro que los de Podemos habían llegado para quedarse y que se debía contar con ellos. La siguiente consulta de 24M, para municipales y autonómicas, reafirmó el disgusto de los españoles con el Gobierno y los partidos políticos y también un freno para Podemos, si bien sus resultados, a través de las formaciones afines con las que presentaron su opción (Barcelona, Valencia, Madrid, Baleares y Galicia, amén de otras localidades menos importantes), fueron buenos y les permitieron aspirar a ocupar escaños en la mayoría de las capitales y ciudades importantes del reino.

Las últimas noticias de Grecia son preocupantes. La paciencia de Europa está llegando a su límite y Trispas sigue mareando la perdiz ante la necesidad de conseguir la cuadratura del círculo que, en este caso, consiste en no acceder a los recortes que se les piden para continuar financiándolos y conseguir ir aplazando el pago de sus deudas de forma indefinida. Entre tanto, siguen con su política de reincorporar a funcionarios a su trabajo, como los 600 de la TV griega que acaban de reabrir. Las izquierdas españolas están atentas a lo que sucede en aquel país. Las noticias de los pactos municipales y autonómicos en España puede decirse que son todavía peores. En España la izquierda, la izquierda más extrema, parece que va a ocupar, habiendo perdido las elecciones, los gobiernos autonómicos y municipales en la mayoría de poblaciones españolas.

El sentido común, que indicaba apoyar a las formaciones más votadas, ha quedado relegado ante el afán de establecer un nuevo cinturón sanitario al PP. España es, de nuevo, de izquierdas, convertida en un mosaico de gobiernos formados por tres, cuatro o más formaciones política, ávidas de poder, y sin la menor relación las unas con las otras. ¿Va a ser gobernable una España con miles de pactos entre partidos de distintas opciones políticas? Mucho nos tememos que, si ahora, cuando sólo se trata de ponerse de acuerdo en formar coaliciones ya se están tirando de los pelos ¿qué va a suceder cuando venga el momento de repartirse los cargos entre ellos? ¿cuánto van a tardar, estos furibundos críticos de la corrupción, en descubrir el método de llenarse las faltriqueras?

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, viendo el ejemplo griego, las consecuencias para su pueblo y el lío en que, los de Syriza, con sus promesas irrealizables al pueblo, han metido a los griegos si, como es de esperar, les va a ser imposible cumplir con lo que se les exige desde la CE; ponemos nuestras barbas a remojar, esperando nuestro turno, si los gobernantes de la izquierda española siguen la senda del señor Tsipras y sus colegas. Mucho nos tememos que, por lo que vamos conociendo, todavía va a ser peor.
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Diego Fernández 14/jun/15    00:01 h.
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