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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Financiar la Iglesia, hoy depende solo de los fieles

Rita Villena (Málaga)
Redacción
martes, 27 de noviembre de 2007, 03:56 h (CET)
Hace unas semanas ha comenzado una campaña publicitaria de la Iglesia en los medios de comunicación, que al día de hoy, probablemente casi todos conocerán y, es que muchos estaban muy confundidos o no querían reconocer las funciones que realiza la Iglesia. La campaña va por eso destinada a transmitir el cambio en el sistema de financiación, la razón de ser de la Iglesia y su trabajo, el destino de los fondos recaudados y la necesidad de que los fieles y quienes aprecian la labor de ella se impliquen en su sostenimiento.

La Iglesia lleva siglos anunciando el Evangelio y acompañando a las personas en los momentos más importantes de su vida. La Iglesia, maestra y pionera en comunicación, anuncia la Buena Nueva de Jesucristo en los medios propios de la época, como lo hizo antes en el papiro, en los monasterios, en las vidrieras de las Catedrales o en los caminos de peregrinaje que vertebran Europa. Pero, también hay que recordar que la Iglesia es la primera ONG existentes y que fue fundada por Jesucristo, porque para Él, ningún necesitado pasó inadvertido, ni desatendido, tanto en las necesidades espirituales como corporales. Y, por eso, la Iglesia fiel a su Fundador tiene que seguir los mismos pasos. De ahí, que si nos acercamos a nuestras parroquias veremos quiénes son y qué hacen los miembros de las comunidades, los responsables de liturgia, pastoral de la salud, Manos Unidas, caritas, catequesis, y diversos grupos de personas que dedican un tiempo muy importante de su vida a servir generosamente a los demás, empezando por los más pobres.

Recordemos a los primeros cristianos, todo lo tenían en común y compartían los bienes para destinarlos a los que más necesidades tenían. Por eso, a partir de ahora tenemos que aprender a vivir como nuestros primeros predecesores, contribuyendo con el sostenimiento económico de la Iglesia, ya que depende exclusivamente de los católicos y de cuantos valoren su labor.

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