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Etiquetas:   Disyuntiva   Religión   -   Sección:   Opinión

Religión limítrofe

¿Habrá algo considerado sagrado por encima de los conocimientos de la humanidad?
Rafael Pérez Ortolá
jueves, 11 de junio de 2015, 22:20 h (CET)
Por más asentados que nos consideremos, incluídos los presuntuosos y poderosos, estamos sometidos a toda clase de LIMITACIONES; nos acaban cercando en un asedio incesante. Podemos menospreciar los límites, muchos lo hacen, con buenos resultados temporales, ni tan siquiera respetan a las personas circundantes. Sin ser drásticos, existe la opción moderada de ignorarlos; mientras seguimos viviendo, los topes insalvables los dejamos de lado. También cabe la reflexión encaminada a la comprensión del fenómeno. Alguna capaciad de pensamiento quedará por ahí dentro, para no pasar como simples alimañas sobre dichas circunstancias.

Eugenio Trías ejerció de paladín en la apreciación de estas condiciones humanas. En el presente comentario enlazo muchos de sus planteamientos. Desde el principio, con un contrincante enérgico y grandes posibilidades avizoradas. El primero radica en la cerrazón de quienes optan por la mirada exclusiva hacia dentro, dando por inexistente lo que no conocen, lo que no poseen. Parece excesivo, pero cuentan con numerosas adhesiones. La exploración de los contornos acerca a las personas hacia los demás componentes de la existencia. La opción asumida en esta DISYUNTIVA, marcará el tono de las decisiones tomadas posteriormente.

¿Habrá algo considerado sagrado por encima de los conocimientos de la humanidad? ¿Algún principio rector de los recorridos del Universo con sus mundos? La respuesta es de una evidencia unánime, no disponemos de argumentos suficientes, ni en contra ni a favor. Verdadera frontera para ponernos a prueba, a ella llegamos cada uno con los recursos particulares. ¿Cómo la apreciamos? Las diferentes valoraciones carecen de la prueba resolutiva final. Permanece en el aire si más allá de la ciencia reina el absurdo o, por el contrario, allí radica lo SAGRADO. Ese fondo subsiste, abierto a la interpretación de los humanos; muy a pesar de que predomine la tendencia a dejar de lado estas consideraciones. El olvido no equivale a su desaparición.

Precisamente en estos tiempos de incesantes novedades curiosas, vivimos imbuídos de un ESCEPTICISMO muy generalizado. No será por falta de datos, pues los conocimientos adquiridos son impresionantes; sino porque a ellos se unió una compañera de viaje intrigante, la desconfianza, de notorio implante en la sociedad actual. Dentro de este maridaje es difícil el encaje de alguna coherencia, puesto que las sospechas son constantes; con el consiguiente mantenimiento de una inestablidad incómoda. Los proyectos comunitarios están socavados por esa desconfianza mutua, agravada por los intereses desmedidos de algunos grupos. El escepticismo incisivo aumenta las divergencias entre los horizontes personales.

La soberbia es mala consejera para el juego dialéctico entre los puntos de vista contrapuestos. También para las posiciones con ciertas afinidades supone un obstáculo. Cuando uno de los interlocutores pretende la supremacía sobre el resto, el diálogo se resiente o se interrumpe; pasamos a la fuerza imperativa como directriz dominante. Es un efecto PENDULAR bien visible a través de la historia, practicado por los diferentes grupos sociales. La posición religiosa o la escéptica asumen un protagonismo indebido; la diversidad exige otros planteamientos, que la confrontación no sustituye con garantías. En sus casos extremos motivaron enormes barbaridades de infausto recuerdo. El péndulo no quiere saber de sentimientos matizados.

Basta una mirada alrededor, vivimos en unos ambientes orgullosos de sus logros, con el péndulo elevado hacia el positivisno enérgico, intolerante con todo lo que no esté sometido a sus designios; como si las otras maneras de enfocar la vida no fueran también verdaderas. ¿Quién lo dictaminó? En la orilla de los múltiples caminos emprendidos, la INSATISFACCIÓN no cesa en la colocación de sus principales indicadores. Estos sí que son la expresión de un denominador común clarísimo; basan sus insuficiencias, paradójicamente, en la extralimitación de sus cualidades; resumidas en la prepotencia de una razón mal entendida y en una fe descontrolada; es decir, pendencias permanentes originadas en sus carencias.

Por eso es interesante la exploración de los límites, abre la espita de la esperanza, cuando el resto de las aportaciones vitales está plagado de inconvenientes, satisfacciones esporádicas y sobre todo incertidumbres. Desde la realidad, esperanzados con mejores horizontes, los BROTES de vivencias espirituales proliferan, adheridos a organizaciones religiosas o de manera espontánea. La ansiedad del desencanto experimentado, impulsa la búsqueda espiritual. Aunque las orientaciones sean variadas, el rumbo de estos sentimientos persigue la superación de las miserias. La ausencia de pruebas definitivas es la regla y una de las mayores justificaciones para el espíritu de libertad, que siempre circula entre coacciones.

Aquello que consideremos sagrado, lo sublime, las esencias todavía desconocidas del Universo, parecen argumentos suficientes para desconfiar de las barreras y fronteras, a las que somos muy adictos los humanos. Huyendo de los intereses sectarios de mil procedencias, si alguien está capacitado para ponernos en contacto con esas magníficas realidades, ese es el ARTE; que a su vez también huiría de la vulgaridad imperante si orientara sus guiños hacia las alturas de lo comentado. Las obras del buen arte nos introducen de lleno en esos terrenos limítrofes, de escasas seguridades, pero en contacto directo con la intuición de las vibrantes maravillas. Es la arriesgada aventura de la sensibilidad creativa, cansada de la mediocridad y de las necedades.

Puestos en estos términos, visto el percal, de las pequeñas moléculas, de las grandiosas galaxias, del reparto de la inteligencia y de las cualidades; será fácil la deducción, cada uno percibirá la experiencia espiritual íntima con sus condiciones propias. Las buenas intenciones, engaños o perversiones, añadidos después serán otra cuestión.

El cruce de posiciones adoptadas al respecto es casi infinito, de matices renovados en cada ocasión. Es natural el recurso a las agrupaciones para la canalización de posturas afines, que irán desde el materialismo a ultranza a la religiosidad acendrada. Todas ellas, sujetas a la interpretación de sus protagonistas de cara a las PRÁCTICAS sociales con sus múltiples relaciones. Pero intervienen otros factores cruciales, como el poder, el germen del mal, las diferencias insufribles, las emociones o las pasiones. El carácter limítrofe de la religión es patente.

El atrevimiento de acercarnos a los fascinantes límites, facilitará la comprensión del potencial humano en sus niveles de incompletud. “El laberinto de la enfermedad radical del mundo”, en palabras de E. Trías, está urdido por el olvido de estas cuestiones; la negación de lo sagrado por arriba, el desdén por las esencias del vecino en la proximidad. Vislumbramos una REVELACIÓN reñida con las soluciones unánimes, adaptada a los menesterosos acuciados por las carencias, en busca de los recursos orientativos y de la colaboración imprescindible de los afectados de cada momento. ¿Quién no lo está? Con la trascendente posibilidad en el horizonte: ¡Podemos rechazar esa revelación!
Comentarios
Rafael Pérez Ortolá 14/jun/15    08:41 h.
Prado Martinez 12/jun/15    18:11 h.
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