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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Hoy hasta está lloviendo

Marino Iglesias Pidal
Redacción
martes, 27 de noviembre de 2007, 03:56 h (CET)
Ayer… Bueno, no exactamente. Entre ayer y hoy, porque sin bien comencé antes de las doce, cuando terminé eran cerca de las dos de la madrugada. A esa hora rematé “El niño con el pijama de rayas”, está bueno. Lo cual no deja de ser un tanto extraordinario, pues hacia varios años que no lograba leer un libro completo, y a decir verdad en muy pocas ocasiones lo intenté en los últimos tiempos. Pero, como duermo tan poco… La mayor parte de las seis o siete horas que permanezco en la cama son de consciente desesperación por no entrar en la inconsciente reparación del sueño.

Dicho así puede parecer que esas dos o tres horas de insomnio son las que marcan el desespero de mi ánimo, pero ¡qué va! Para obtener un mínimo respiro ha de darse un tiempo aceptable con el fin salir de casa y de esta forma poder hacer una llamada, aunque sea a gritos, a la serenidad mientras camino sobre la hierba del parque. Son no más de ocho o diez minutos, que es lo que tardo en llegar a los aparatos donde cuelgo mis pellejos a fin de ralentizar el aumento de los colgajos. ¡Ahí ya la fregamos! ¡El dominio – uno de los tantos - del INSERSO! Donde, como en todo, hay de todo, pero claro, lo que está y no se manifiesta, como si no estuviera, mas lo que está y se manifiesta ¡cómo se manifiesta! Los ojos, los cierro, o trato de perderlos entre los árboles, ¡pero los oídos…! ¿Cómo se puede ser tan ostentosamente ignorante? ¿Cómo alguien se puede ahogar con sólo dos pasos cuesta arriba y sin embargo soltar palabras, a cual más estúpida e insensata, como una ametralladora suelta balas durante horas y horas sin fatigarse?

¿Y en la casa? ¿Cómo entretenerse? Se me han agotado los recursos, los míos para entretenerme y los que lo eran para mi entretenimiento. Accesibles son la lectura y la TV, pero no puedo, no lo soporto. Y lo peor es que sé que están ahí. Sé lo que vería si mirara. ¡Y es superior a mis fuerzas!

Hace ya como treinta años, inducido por esa creencia tan arraigada de que las tripas y el ánimo tienen una fuerte vinculación, me decía: algo malo me va a pasar en la barriga. Y me pasó. Ahora, desde hace ya bastante tiempo, me digo que, ya sea en la bomba o en las cañerías, algo malo tiene que pasarme. Y lo peor es que no puedo escapar de la cámara de tormentos.

Estaba mirando, por mirar, y me quedé en duda entre Vancouver o algún punto seleccionado de Australia. La geografía me atrae más la de Vancouver, pero la climatología, mejor la de algunos lugares de Australia. Mas ¿a dónde voy yo con mi pensión, desde la que tengo que mirar con catalejo a las mileuristas?

Aquí me tengo que quedar, aunque mi destino sea morirme de asco. Hace unos días, sin que ello supusiera un alivio mínimamente significativo, escribía chorradas como ésta para entretenerme un poquito, pero, ahora, ya se me hace sumamente difícil, porque lo único que pugna por salir del teclado son insultos y maldiciones sin fin, y de tal magnitud que pienso correría el riesgo de llamar excesivamente la atención y que a la “justicia” se le antojara querer “ajusticiarme”. Por eso, en los últimos días, no he escrito nada, salvo para preguntar si publicarían algunos de los cuentos que he ido escribiendo cuando todavía me permitía el lujo de soñar. Sin embargo, ya lo ven, he vuelto a escribir una chorrada más. Pero es que hoy ni siquiera puedo someterme al martirio del IMSERSO. Hoy hasta está lloviendo.

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