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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La mirada positiva de Rodríguez

Roberto Esteban Duque
Redacción
martes, 27 de noviembre de 2007, 03:56 h (CET)
El domingo 25 de noviembre, el PSOE proclamará a José Luis Rodríguez Zapatero candidato socialista a la reelección de Presidente del Gobierno de la Nación Española. Ahí es nada. Y lo hará con el slogan de “la mirada positiva”, que es la que los propios socialistas creen proyectar benéficamente sobre España. Según el secretario de organización del PSOE, José Blanco, España no necesita “predicadores del rencor” ni “agoreros del pasado”. Paradójicamente, los ya citados han sido los voceros del rencor más despiadado y ulceroso, buitres que piensan nutrirse de cadáveres sepultados de viejas y dolorosas memorias, buitres que, apenas devoran, son perturbados por el alimento que no han sabido digerir.

La añoranza de Rodríguez por Azaña merece un estudio mayor. Sería extraño tratar a Platón (un aristócrata que despreciaba la cultura democrática que le rodeaba) como representante de los valores griegos antiguos, del mismo modo que sería raro tratar a Karl Marx como representante de los valores alemanes o a James Joyce como representante de los valores irlandeses. Sería igualmente insensato ver en Rodríguez - un ateo republicano feminista de ascendencia judía (?) – el paradigma democrático ciudadano a que debe aspirar la Nación Española, el gran hombre selecto de comienzos del siglo XXI. En el Paraíso de Dante, Rodríguez habría sido expulsado de cualquier candidatura de excelencia humana por una sola razón: el desprecio público hacia lo religioso. Ni santo ni héroe, ni pensador ni virtuoso. Ni falta que parece hacerle. Con Rodríguez, la Nación Española ha realizado una retracción notable del sentido religioso al ámbito de lo privado, una pérdida manifiesta del estremecimiento por las cuestiones últimas del ser humano. La patria es un molde de educación moral y religiosa, la búsqueda de una vida finalizada en lo trascendente que un gobernante no debiera tener el lujo de secuestrar, porque es un derecho de todo hombre.

Rodríguez se cree un hombre moderno. Baste recordar la presunción de ofrecer esa imagen de modernidad aludiendo al chabacano vídeo de la Z. Su indumentaria informal pretendía modernidad, es decir, la conciencia de una nueva vida iniciada por él, superior a la antigua, así como el imperativo de estar a la altura de los tiempos. ¿Quién se cree, tres años y medio después, semejante modernidad? ¿Qué entusiasmo propone Rodríguez al hombre y a la sociedad, al margen de anestesiarlos con el derecho a la zafiedad selectiva de unos vídeos sólo asimilables por la vulgaridad intelectual y pragmática de sus promotores?

Sin embargo, no es lo peor el empeño en creer que lo moderno es lo laico, y que él mismo personifica como nadie. Rodríguez tiene una mirada positiva evidente: reconocer su decadencia, saber que su gobierno simboliza angostura y hermetismo. El síntoma decisivo para saber que un gobierno o una vida decae consiste en preferir otra de antes, un gobierno o una vida anterior. La referencia permanente de Rodríguez a la Segunda República es el síntoma de su decadencia. La Segunda República nunca podrá ser la plenitud de los tiempos, ni la modernidad de una nación una Tercera República donde se haga tabla rasa en educación moral y religiosa, en cultura humanista o en un proyecto de unidad para España. Con la Z de Rodríguez (el nuevo Adán) se avanza en cultura laicista, en desintegración de la Nación por nacionalismos periféricos, en inquietudes secesionistas satisfechas. Con la Z de Rodríguez (el nuevo Adán) se avanza en ideas restauradoras que se imponen desde la ley; no se cuenta con el pasado sino para, en lugar de integrarlo en la convivencia, embestir y enfrentar, sin escuchar otra vanidad que la suya, no soportando nada que no sea él. Con la Z de Rodríguez sólo puede esperarse la mirada positiva de un falso paraíso terrenal, habitable sólo para el nuevo Adán.

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Roberto Esteban Duque es Doctor en Teología Moral.

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