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¡A la mierda, parca, a la mierda!

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 27 de noviembre de 2007, 03:56 h (CET)
¡A la mierda, parca, a la mierda! Les prometo que no nos pusimos de acuerdo. No, seguro que no. Pero les aseguro que me ha venido al pelo. ¡A la mierda, parca, a la mierda! era la frase con la que pensaba concluir mi breve recordatorio sobre Fernando Fernán-Gómez. Pero, miren por donde, al entrar hoy al diario y ver el chiste de Orcajo, he decidido que no sería el colofón sino el principio. Y es que este año se ha cobrado vidas importantes en mi vida. La parca se ha llevado personas que, sin saberlo, me han acompañado en mi medio siglo de existencia, haciéndolo más llevadero, más agradable, mejor: Nicolau Casaus, Umbral y ahora Fernán-Gómez. ¡A la mierda, parca, a la mierda!

Con Fernando Fernán-Gómez me ha ocurrido algo parecido a lo que me sucedió con Casaus, "l’home del seny", y que ya comenté en su día: siempre pensé que era argentino y resultó peruano. Y es que en esto del vivir hay cosas que damos por sentadas y luego resultan falsas o, al menos, erróneas. Y todo, posiblemente, por no leer detenidamente las solapas de sus novelas, en una de las cuales el propio Fernán-Gómez explicaba hace veinte años justos: "Nací, como todo el mundo, en Lima. Pero no me registraron allí, sino que, como a todos los hombres, me sacaron del Perú, casi de contrabando, porque la compañía continuaba su gira, y fui inscrito después en Buenos Aires".

Mis primeros recuerdos de Fernando Fernán-Gómez son películas en blanco y negro, donde siempre hacía unos papeles que a mí se me antojaban un poco bobos. Quizá no fueran los personajes que encarnaba sino su modo de interpretarlos. Tenía yo la impresión de que le faltaba fuerza, impulso, de que a veces se quedaba a medias, de que era un actor tímido. Pero el peruano poseía una personalidad mucho más compleja y rica que aquellas imágenes bicolores. Y siempre he pensado que encarnaba el más puro espíritu renacentista en pleno siglo XX: actor, escritor, guionista, dramaturgo, académico de la lengua, director de cine y televisión, articulista, ensayista, poeta...

Como actor fue ganando con la edad. Si se tratara de un vino diría que había avanzado de un cosecha a un gran reserva. Recuerdos brumosos de mi adolescencia se asoman a la pantalla de mi ordenador: la serie ‘El pícaro’, con el inolvidable Lucas Trapaza, y ‘Juan Soldado’. Luego, mi memoria da un salto y se detiene en otros papeles muy distantes en el tiempo, pero que permanecen grabados en ella: ‘La lengua de las mariposas’ y, sobre todo, ‘El abuelo’, donde demostró de lo que era capaz delante una cámara. Porque lo que sabía hacer detrás de ella quedó bien patente en su ‘Viaje a ninguna parte’: "Ay, Galván, Galván, hijo y nieto de Galvanes".

Como novelista he disfrutado mucho con sus obras, aunque por supuesto no me las he leído todas. Su última entrega, ‘El tiempo de los trenes’ hablaba de lo que él sabía hablar, de lo que más conocía: del teatro. Porque él siempre quiso ser considerado como un cómico. El argumento era parecido al de su ‘Viaje a ninguna parte’, pero distinto. Y hay un dato que rescatar del olvido: en 1987, con su novela ‘El mal amor’, fue finalista del premio más codiciado de las letras hispanas: el Planeta.

Me dejo mucho en el tintero, todo o casi todo: sus poemas, sus artículos, sus ensayos, sus problemas con la censura franquista a causa de su película "El extraño viaje", que fue vista y no vista por las salas españolas, sus guiones, sus premios, sus anécdotas ... Para eso, para entrar en detalles, están las enciclopedias, los manuales de literatura o la Wikipedia en Internet para los más ansiosos y virtuales.

Afortunadamente, todavía nos queda el recuerdo permanente de su voz, que se asoma a los televisores antes de que comience el partido de fútbol de cada sábado: "La Liga sabe diferente, la Liga es otra cosa, la Liga sabe a domingo, aunque se juegue en miércoles, sabe a caravana de vuelta escuchando la radio, y a lunes en el trabajo, sabe a nombres curiosos como los de los árbitros, siempre con sus dos apellidos: Undiano Mallenco, Condón Uriz, Mejuto González, y los estadios: Lasesarre, los Pajaritos, la Nova Creu Alta, La Condomina, El Molinón, la Liga sabe a cinco de la tarde..." Cierren los ojos medio minuto y escuchen. Esa es la voz de Fernando Fernán-Gómez, inconfundible, pausada, profunda, única, SUYA.

Descanse en paz.




Viñeta de José Orcajo publicada el 23 de noviembre.

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