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Etiquetas:   Algo más que palabras   España   -   Sección:   Opinión

El remolino del cambio, en España, parece obra de orates

Nos hemos perdido en este entramado de declaraciones, componendas, renuncios, claudicaciones...
Miguel Massanet
miércoles, 10 de junio de 2015, 22:00 h (CET)
Realmente parece como si España hubiera entrado en un devenir lento, alargado, un tempo adagio en el que sintiéramos que cada movimiento estuviera ralentizado, cada gesto y acción rodados a cámara lenta y nos sintiéramos inmersos en una sensación de atemporalidad como si el país todavía estuviera asimilando, con lentitud y pereza, los resultados de las pasadas elecciones municipales y autonómicas. Lo cierto es que nos hemos perdido en este entramado de declaraciones, componendas, renuncios, claudicaciones, exigencias, fanfarronadas, horteradas y barrabasadas, la mayoría procedentes de aquellos que nunca pensaron conseguir un resultado tan “apañado”, para el que no estaban preparados e hizo que se sintieran un tanto superados y agobiados por verse obligados a tomar unas decisiones que, con toda seguridad, hubieran preferido no tener que asumir la responsabilidad de tomarlas.

Hasta entre el estamento religioso, esta curia española compuesta de venerables sacerdotes anclados en los dogmas preconciliares, párrocos recluidos en el ámbito de sus respectivas parroquias, con sus sermones prefabricados y sus cortes de beatas trapisondistas; jóvenes diáconos y consagrados, en ocasiones difíciles de distinguir de los comunistas o fervientes partidarios de las nuevas tendencias de la Iglesia de la Liberación y su pope el cardenal Casaldáliga, o el jesuita y arzobispo de Milan, cardenal Martín, soñadores de una iglesia moderna, pero que no se sabe si coincide en todo con lo que Jesucristo predicó en los Evangelios. Claro que, en este aspecto, quizá tampoco la actual Iglesia romana puede presumir demasiado.

Lo cierto es que da la sensación de que, en los últimos tiempos, en este súbito viraje hacia la izquierda que parece que se ha puesto de moda en nuestra nación, no se puede achacar sólo a los partidos políticos de siempre o a los que nos han llegado de Venezuela y Perú con la misión de desestabilizar España ni, incluso, a esta masa de parados que están sufriendo en sus carnes los efectos de una crisis, no sólo económica o financiera sino, principalmente, de valores, de principios, de relaciones humanas, de solidaridad e identitarias que, aunque se han manifestado tarde, podríamos decir que a destiempo, ya que las causas, los principales autores y responsables de la gravedad con la que se ha manifestado en nuestra nación, se produjeron en tiempos del gobierno socialista del señor Rodríguez Zapatero; sino a un cansancio de los ciudadanos, una desgana, un hastío y una rebeldía contra unos políticos que, los unos en el poder y, los otros, en la oposición, se han mostrado incapaces de olvidar sus intereses partidistas y ponerse de acuerdo, en aquellos temas fundamentales, para erradicar la lacra de la corrupción y conducir al país hacia la recuperación en lugar de pretender llevarlo, como parece ser la intención de algunos partidos, hacia el agujero de su autodestrucción.

Hasta los católicos vemos con disgusto, con asombro y con reprobación como los pastores de la Iglesia, aquellos que deberían ser conscientes del peligro que supone inmiscuirse en temas políticos, incluso en cuanto sus ideas personales les impulsaran a ello, se destacan en temas tan ajenos a su ministerio como es el del separatismo, tanto en Catalunya como en el País Vasco, pretendiendo justificarlo con argumentos como la tradición, el lenguaje o unos sentimientos de un catalanismo excesivo; cuando no adhiriéndose a engaños como los de que: “Catalunya es la peor tratada por el resto de España” o “si no fuera por su contribución al Tesoro nacional, en Catalunya se viviría “como príncipes” y sería una de las potencias industriales de Europa”. Todos sabemos y los políticos separatistas también que todo son trolas, propaganda contra España y medios para que los catalanes se sientan agredidos por el resto de españoles, a los que culpan de lo que, realmente, se lo han ganado ellos mismos con sus actitudes independentistas, aislacionistas y de constante victimismo. Lo cierto es que, en lo que llevamos de año, ya han recibido más de 8.000 millones de euros del FLA y en los dos años anteriores más de 40.000 millones, o sea, los mismos que el Estado recibió de Europa para solucionar la crisis bancaria. ¿Qué medidas ha tomado el cardenal de Barcelona, monseñor Sistachs, para evitar que dos monjas, una catalana y otra dominicana, se hayan convertido en dos activistas de la causa catalana independentista?, actuando de la mano de la representante de Podemos ( un partido comunista radical) Ada Colau, futura alcaldesa de Barcelona, para vergüenza y oprobio de los catalanes que presumen de “seny” y, no obstante, la han votado mayoritariamente. Una monja venida de la República Dominicana, Lucía Caram, a la que alguien informó mal y que ha tenido la desfachatez de decir cosas como “Si Catalunya quiere ser independiente, si la gente lo quiere, nada ni nadie puede detener este proceso” Pues, si señora, la Constitución lo puede. Y por muy monja que sea ( me temo que por poco tiempo) nadie le ha dado vela en este entierro. Mire vaya y arregle los problemas de su nación y no venga a estorbar donde no se la necesita; a no ser que lo que busque es entrar de directiva de Podemos, en cuyo caso lo mejor que puede hacer, y el señor Sistachs ya se lo debiera de haber pedido si no fuera otro separatista más, es “colgar los hábitos” y actuar como cualquier seglar.

Claro que el caso de Teresa Forcades, merece una consideración especial. Por ejemplo ¿saben ustedes que esta señora, que es médico, forma parte de aquellos grupos de médicos insensatos que se oponen a que se vacune a todos los niños?, ¿cómo se le habrá puesto el cuerpo a esta señora, sabiendo que es posible que, por culpa de todos estos críticos con las vacunas, que asustan a los padres con argumentos falaces, hay un niño que se está muriendo y que ya tiene algunos órganos, como el corazón, que parecen irrecuperables; por no haber sido vacunado de difteria? Esta señora obtuvo un master en teología protestante en la Universidad de Harvard ( que no le fue convalidado por las facultades católicas españolas), especializándose en teología feminista ( ¡acabáramos!) y estudió medicina interna en la universidad de Nueva York. En fin, una privilegiada, que ha podido desarrollar su evidente inteligencia gracias a un sistema con el que está disconforme y con el dinero de todos los españoles. Ella, una monja, se introdujo en política, olvidándose, a pesar de sus extensos estudios de teología, que los religiosos deben ocuparse de temas del espíritu y no convertirse en agitadores políticos, colaborando con el separatismo y el comunismo que intentan separar a Catalunya de España. Tampoco parece que el obispo Sistach haya hecho demasiado para que, desde Roma, la curia del Vaticano se ocupase de ponerle las peras a cuarto. Fue una de las promotoras del movimiento independentista Procés Constituent de Catalunya.

Luego dirán que algunos católicos se escandalizan, pierden la fe y dejan de ir a misa. Después de que, durante toda la vida, desde la Iglesia se nos ha dicho que hay que perdonar, que todos somos hermanos y que no ha de haber discriminación por razón de lugar de nacimiento, raza etc. Que sean algunos curas de ideas avanzadas, o monjas que se han cansado de permanecer en los conventos y que, más que por espíritu religioso mucho nos tememos que por ganas de conseguir fama, utilizando los hábitos como señuelo y como medio de hacerse famosas entre las cosas terrenales, desoyendo las voces de los ángeles que las conminan a regresar a sus actividades meditativas y la soledad de sus conventos. Los religiosos no deben meterse en cuestiones terrenales aunque, indudablemente, deben y pueden ayudar a los pobres, prestarles asistencia y ayudarles a sobrevivir pero, eso sí, sin prostituirse metiéndose en política, formando parte de grupos en los que, posiblemente, sus creencias católicas no están bien vistas o dentro de los cuales van a poner en peligro su espiritualidad. Nadie, dicen en la Iglesia, debe ponerse en ocasión de pecar.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, cada día que pasa, cada acontecimiento del que tenemos noticia o cada movimiento que los políticos llevan a cabo, tenemos más la sensación de que, el destino de nuestra nación, está marcado por la irresponsabilidad y la obcecación de quienes se creen en posesión de la piedra filosofal que les ayudará a convertir el Mundo en el paraíso comunista que nos ofreció el “padrecito” José Stalin. Vamos servidos.
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