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Etiquetas:   Cultura   Poesía   -   Sección:   Libros

La lengua que condiciona con sutileza y fuerza a nuestra vida

Un poema de Esther Videgain
Esther Videgain
@videgainesther
miércoles, 10 de junio de 2015, 22:15 h (CET)
La roja lengua,
marca con elegancia el compás de las sutiles palabras,
al decirte que mañana será otro día, el consuelo de aquél que siempre te quiso y te querrá.

La roja lengua,
ayer se excedió en la dureza del dicho del mal sino de tu ajetreado destino,
al comunicarte que en un solo suspiro será tu partida forzada de tu cómoda y agradable buena vida.

La roja lengua,
cantará la melodía de esta supuesta eterna felicidad,
los gemidos del torpe fracaso vendrán después, al partir la alegría, el goteo incesable de estas repentinas amargas retinas será el desahogo de tanta tristeza.

La roja lengua,
escasa este atardecer en palabras del tormento que tanto atormenta el alma,
otra vez llueve mil lágrimas de los dolidos ojos y de la perdida mirada en el horizonte del olvido, buscan el amparo del perdón de la misericordia borrada en el tardío ayer.

La roja lengua,
hoy necesito hablar, busco el consejo de tus sabios y dulces tímpanos, tengo mucho tintero que escribir,
y aquella prosa se tornó esta tarde en verso... muy despacio las palabras fueron la caricia de mi atormentada conciencia, el alivio más tristemente avaro.

La roja lengua,
te ha herido mucho este amanecer en tu débil espíritu... ya sabes como soy,
mil disculpas no borrarán jamás el daño de mi fatal osadía, sólo el tiempo perderá su espacio en tu enfadada memoria por el rencor y el odio tan merecido.

La roja lengua,
está quieta, no hay palabras para definir este triste y mudo momento,
en mi apagada mirada se refleja más de mil formas de expresar el tormento de mi sufrimiento.

La roja lengua,
versos de alivio, versos que envenenan todas las entrañas y pudren el alma de aquél que escucha,
versos de los mil arrepentimientos de esa sucia conciencia , los que llegan casi siempre demasiado tarde y entonces... es mejor que la lengua tan avergonzada se calle y se duerma para siempre.
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