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Etiquetas:   Con el telar a cuestas  

25-N, razón de una sinrazón

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 25 de noviembre de 2007, 11:57 h (CET)
(EL PORQUÉ DE LA FECHA)

El próximo domingo, 25 de noviembre (cumpleaños de mi dilecto hermano Jesús María; ergo, “Chichas”, ¡muchas felicidades!), en todo el orbe se conmemorará el Día Internacional para que, de una vez por todas, acabe la violencia ejercida contra las féminas (y ojalá, asimismo, cualesquiera otros tipos de la ídem).

Tal vez no huelgue señalar que la sobredicha data no se escogió al albur, sino para recordar (y hacer todo lo posible para que no volviese a acaecer) un acontecimiento avieso, atroz, tan lleno de cobardía como colmado de impiedad, y que, mientras el mundo continúe siendo (in)mundo, seguirá denostando a la especie humana (masculina), el emético asesinato de las tres inolvidables hermanas dominicanas, tres, María Teresa, Minerva y Patria Mirabal.

La tres mentadas y lamentables hermanas, reputadas activistas en contra del régimen autoritario instaurado en la República Dominicana por Rafael Trujillo, no eran moco de pavo. Así, con la oportunidad de cierta reunión social de alto copete, a ninguno de los asistentes y oyentes les extrañó que el susodicho dictador viera en ellas un evidente “peligro” y les colocara el baldón de “revolucionarias”, y hasta que reconociera que los dos únicos asuntos o problemas de gravedad que le preocupaban sobremanera y le robaban tiempo a sus horas de sueño, eran las Mirabal y la Iglesia, teniendo en cuenta y muy presente el mencionado orden de prelación.

Rememoraremos una vez más, de manera sucinta, la ominosa efeméride. El 25 de noviembre de 1960, hace casi 47 años, María Teresa y Minerva acudieron a la prisión donde estaban presos sus maridos para hecerles una visita rutinaria. En esta ocasión, les acompañaba su hermana Patria. Al parecer, varios agentes, adscritos al Servicio Militar de Inteligencia, detuvieron el coche en el que circulaban las Mirabal en un paraje desolado del trayecto. Arrastradas a un cañaveral afín a la carretera, fueron víctimas de torturas horrendas y crímenes nefandos. Tras el estomagante atentado, colocaron los cadáveres en el auto, que empujaron y despeñaron por un terraplén cercano, dando a entender que habían sufrido un accidente fatal.

Desocupado lector, Dios quiera que sirvan los presentes renglones torcidos, trenzados por servidor, para rendir el homenaje que se merecen, sin ninguna hesitación, las tres hermanas Mirabal y dar testimonio de la estima y el cariño que debemos sentir y tener por todas y cada una de las mujeres que han sido “desanimadas” a seguir viviendo por sus verdugos.

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