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Etiquetas:   Un lugar llamado desarrollo   Coaching   -   Sección:   Opinión

Cómo son las personas con Liderazgo interior

Muchas personas a nuestro alrededor se proclaman líderes, pero muy pocas tienen un liderazgo propio
César Piqueras
@cesarpiqueras
martes, 9 de junio de 2015, 22:01 h (CET)
Ayer salí a cenar y pasear con mi buen amigo Nacho. Durante el paseo, y ya casi de madrugada, hablamos de Liderazgo y salió en nuestra conversación esta historia. Hoy quería contarte cuando me di cuenta de lo que era el liderazgo interior. Muchas personas a nuestro alrededor se proclaman líderes, pero muy pocas sin embargo tiene un liderazgo propio, personal, interior. Esta historia ocurre en el año 2006, en Julio en un pequeño pueblo de Italia…

Antes de irme a vivir a Londres en el 2006, decidí realizar un viaje por la Toscana, mochila a la espalda (el viaje que me inspiró para inscribir “El Jardinero en la Empresa” dos años más tarde). En este viaje de dos semanas, la filosofía era la atención y la observación. Me prohibí a mi mismo llevar cámara de fotos para disfrutar más de cualquier momento en lugar de pensar en inmortalizarlo con una foto, y caminaba despacio para ser más consciente de cada instante.

Visité Florencia, Siena, Montepulciano, Cortona, San Gimigniano, Lucca, Arezzo y tantos otros lugares a los que te recomiendo ir. Sin embargo, era Julio y hacía un calor demasiado abrasador. Como no tenía nada reservado, sino que dormía en albergues, un día tomé un tren para ir al Norte, es lo que tiene la libertad.

Desde siempre me ha enamorado la facilidad con la que se viaja por toda Italia en tren. Puedes ir de cualquier lugar al otro punto del país cuando quieras, de forma cómoda y bastante económica.

De esta forma caí en Trento, entre los Alpes (tan famosa en los libros de historia por lo del Concilio de Trento). Allí, además de comer pizza cada noche, programaba mi ruta para los próximos días. Una mañana tomé un autobús que me llevó al Lago Di Garda, también en la falda de los Alpes.

A uno le cuesta pensar que haya lugares tan bellos y mágicos escondidos entre montañas tan altas. Un lago precioso rodeado de pequeños pueblos encantadores, y además… en Italia, lo que incluye buena gente, buena comida y buen clima. Me iría ahora mismo con Belén a pasar allí un par de añitos en cualquiera de esos pueblos.

Al bajar del autobús en Riva Di Garda, el pueblo que me acogería por unos días, también bajó un chico que iba en silla de ruedas. El autobús no estaba preparado para personas con este tipo de capacidad, pero los que allí estábamos le ayudamos a bajar.

Casualmente era mi compañero de habitación en el albergue (el albergue sí que estaba adaptado a su movilidad), su litera estaba justo debajo de la mía. Lo recuerdo perfectamente, se llamaba Dou Dou. Tenía la cara redondeada, y el pelo largo. De constitución fuerte y semblante bonachón.

Hablamos en varias ocasiones, me tranquilizaba hablar con él. Sentía una seguridad al escucharle y una confianza interior, que yo, por aquel entonces, no tenía. Parecía una persona bastante sencilla. Cenaba rodajas de fuet con pan en la habitación, lo cortaba con una navaja en la mesa que hacía de escritorio. Alguna noche cuando yo dormía, él llegaba y cenaba algo antes de meterse en la cama. Me gustaba conocerlo.

Yo los días los pasaba tumbado en la playa de piedras, haciendo algún dibujo o dando forma a algún poema en mi cuaderno, disfrutando también del agua dulce y fría del lago, y también de las vistas. Luego ya por la noche salía a dar un paseo y a comer… pizza! lo has adivinado.

Esa noche, después de cenar, recorrí las calles del pueblo. Escuché una voz que cantaba canciones en inglés al sonido de una guitarra. Y siguiendo el sonido, encontré una pequeña plaza en la que Dou Dou estaba, con su guitarra española en mano, cantando canciones fabulosas de REM, U2 y tantos otros. Las personas que paseaban se paraban a escucharle. Yo me senté en un portal y escribí en mi diario:

“Sentado en esta plaza, viendo a Dou Dou cantar subido a su silla de ruedas, yo sentado en el suelo escuchando con la boca abierta. Ninguno de los dos tenemos hambre, ni frío. Dou Dou canta Hotel California, la gente pasa y deja algunas monedas. Parece un ángel cantando, y la fuerza que transmite su voz parece que le viene del mismo Dios. Creo que esto es la felicidad”

Al día siguiente, le desperté antes de irme, nos intercambiamos el email. Para salir de Riva Di Garda hacia Milán hice lo mejor que se puede hacer, tomar el ferry que te lleva de pueblo en pueblo a lo largo de todo el lago, hacia la otra parte del lago, hacia un pueblo que se llama Desenzano, donde pasan los trenes hacia Milán.

El liderazgo interior
No todos los líderes tienen liderazgo interior. El liderazgo que tienen es un liderazgo externo, que te lo dan los demás, que lo puedes comprar o que incluso se puede robar o arrebatar.

Muchas personas confunden el liderazgo, especialmente muchos líderes políticos y empresariales, que disfrutan de un liderazgo otorgado por otros, pero del que no son garantes.

Pocas personas sin embargo tienen liderazgo interior, que es el que realmente hace que los demás podamos sentirnos felices y empoderados a su alrededor.

Dou Dou no dirigía a nadie, no creo que estuviera en sus planes, pero tenía cualidades que hecho en falta en la mayoría de líderes que conozco.

Integridad. Su palabra era lo más importante, no trataba de aparentar nada, de ser quien no es. Lo que ves es lo que hay. La integridad hace que los demás puedan confiar en ti. Ausencia de miedo. El miedo nos paraliza y nos hace tomar malas decisiones, además de cometer actos de los que no nos sentimos orgullosos. Los mejores líderes no es que no tengan nada de miedo, es que han aprendido que no les sirve de nada temer, y por el contrario, viven.

Bondad. ¿Cómo se va a poder confiar en alguien si no percibimos bondad en esta persona?, ¿si nos cuesta mirarlo a los ojos más de 1 segundo?. La bondad es ese sentimiento que transmiten algunas personas, mediante el que mirándolos a los ojos, sabes que la vida merece la pena en toda su dimensión. Cuando sentimos bondad, sentimos felicidad, absoluta. Todo esto se puede aprender una noche de verano, sentado en un portal de una calle, viendo como las personas pasan delante de ti y detrás de ellas, como alguien canta, con voz de ángel “Hotel California”.
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