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PSOE, Podemos e inmigrantes, pueden acabar con la estabilidad en España

“Mi padre iba en camello yo voy en coche, mi hijo tiene un avión privado… su hijo irá en camello” Proverbio saudi
Miguel Massanet
martes, 9 de junio de 2015, 22:01 h (CET)
Es posible que algunos estén convencidos de que, el resultado de las elecciones del pasado 24 de Mayo, haya producido el “cambio” que parece ser que muchos demandaban. Pero también es posible que lo que haya sucedido en estos comicios pueda ser lo que conduzca a España y los españoles a la peor de las situaciones imaginables, desde que se proclamó, en febrero de 1.936, el advenimiento del Frente Popular de manos de aquellos que pensaron que, lo que nuestra nación necesitaba, era un baño de odio, crímenes, sangre, terror y caos político. En verdad que lo consiguieron y también lograron que el país se entregara a una lucha fraticida que duró tres años.

Es fácil pensar que aquello fueron otros tiempos, que la miseria que entonces afectaba a una gran mayoría del pueblo español, hoy no existe y que se dispone de medios, procedimientos, apoyos sociales y ayudas estatales que impiden que los que no disponen de lo necesario para vivir, consigan subsistir. Nos olvidamos del carácter del pueblo español, de su empeño en destruir, sistemáticamente, todo lo que puede favorecerle, impulsado por un sentimiento autodestructivo que forma parte de este ADN propio de los países septentrionales, propicios a que el maravilloso sol de que disponen, en ocasiones caliente en demasía los cascos de los pueblos a los que alumbra, aquejados del vicio nacional de la envidia y de la demencia endémica del afán auto destructivo, como si el vivir en paz, en concordia con nuestros vecinos y conformes con lo que el Destino nos ha otorgado, fuera algo imposible de mantener.

Decimos, de boca para afuera, que somos demócratas, que seguimos los principios de buscar el bien común y de acatar la opinión mayoritaria, que se conoce a través del paso por las urnas. Los que mayor número de votos consigan van a ser los que dirijan la nación, las comunidades, los municipios y las diputaciones. Esto supone que debieran gobernar aquellos que han ofrecido un programa de gobierno que ha sido aceptado por la mayoría de la ciudadanía. Pero vean las contradicciones a las que, la idiosincrasia de la izquierda nos conduce. Las urnas sólo se respetan si la favorecen pero nunca se resigna a ser derrotada, entendiendo por labor de oposición socavar la autoridad de los vencedores, sembrar la desconfianza hacia los legítimos gobernantes y oponerse, sistemáticamente, a cualquier iniciativa que parta de la derecha, aunque de ella dependa el porvenir de la nación y el bienestar de los españoles.

Es evidente que, si una formación tiene un programa de gobierno estructurado, si las medidas que van a regir su forma de gobernar tienen una cohesión entre ellas y si, cuando una parte, aunque fuere mínima, del entramado previsto pudiera fallar, seguramente los resultados obtenidos no serían los programados. Esto es lo que sucede cuando varios partidos, con distintos programas políticos, se alían para desbancar al que ha conseguido el mayor número de votos. En este caso, ninguno de los pactantes puede desarrollar enteramente su programa de gobierno; puesto que los pactos siempre llevan aparejadas cesiones, renuncias, opciones mixtas y reparto del poder. Si, además, se da la circunstancia de que los que se unen para impedir que, el más votado, pueda gobernar y, si como suele suceder, sus programas son muy distintos o entre ellos hay partidos extremistas; el afán de apoderarse de ciertas fracciones del poder, que pudieran estar relacionadas entre sí, de forma que lo que afectara a una de ellas pudiera repercutir de forma determinante en lo que afectara a la otra; ya tenemos los factores necesarios para que la gobernación deje de ser efectiva y los intereses de los ciudadanos perjudicados, por los sistemas opuestos de llevar a cabo la gestión de las diversas parcelas del poder municipal o autonómico que, evidentemente, todas tienen una estrecha relación unas con otras.

Es evidente que, en España, hoy en día ninguno de los partidos de izquierdas tiene otro objetivo de establecer un cordón sanitario en contra del PP o sea, la derecha. Hasta los Ciudadanos de A.Ribera, una formación que parecía mantener una postura centrista, alejada del nacionalismo y propicia a pactos con los partidos más votados y más sensatos, viene demostrando un cierto cambio a causa de que sus aspiraciones a gobernar después de las generales, lo está haciendo caer en la tentación de anteponer a sus posiciones de centro izquierda, la conveniencia de situarse en apuestas más conciliadores con la extrema izquierda o los socialistas, si con ello piensan situarse en una posición más favorable para las próximas elecciones legislativas. Los socialistas de Pedro Sánchez, tampoco, y así lo han reconocido, tienen el menor empacho (aunque hace algún tiempo parecían rechazarlo de plano) de aliarse con la izquierda bolivariana radical, Podemos, con el objeto de conseguir alguna autonomía o ayuntamiento. Es posible, como hemos advertido en el título, que entre los dos lleven a nuestro país a la preocupante situación en la que nos la dejó el señor Rodríguez Zapatero, sólo que, en este caso, no habría quien nos sacase del abismo.

No obstante, no quiero dejar de comentar que, así como en otra ocasión hablé de la influencia en los resultados electorales de los dos millones de jóvenes que han votado por primera vez; ahora, el efecto preocupante que puede representar al voto de los inmigrantes empadronados en nuestras ciudades, también puede tener un resultado pernicioso. Puede que no se haya hablado de ello pero, a pesar de que en los últimos años haya descendido el número de los extracomunitarios que están afincados en España, estamos hablando de que quedan 5.000.000 de personas censadas en el 2014, de los cuales un 36’21% son de procedencia iberoamericana; un 14’83% del Norte de África y un 17’75% de Europa del Este (un 9’82% de Rumania). Así como la natalidad en España ha caído espectacularmente durante los últimos años, todas estas familias de inmigrantes del Norte de África y de Iberoamérica suelen ser prolíficas y especialmente si, como ocurre en España, tienen ayudas para tener una familia numerosa. Por otra parte, cabe resaltar que, el 44,81 % de todos los inmigrantes censados en España se reparten entre tan sólo tres provincias: Madrid, Barcelona y Alicante.

Estos inmigrantes han percibido en el 2014, por pensiones no contributivas (por las que no se ha cotizado), más de 1.500 millones de euros. Otro dato interesante es que, el nivel de preparación de la mayoría de los inmigrantes iberoamericanos es entre bajo o muy bajo y el de los procedentes del continente africano se puede decir que ronda el analfabetismo. Es obvio, principalmente en los inmigrantes de África, que su integración en la cultura española es mínima, lo que los sitúa en manos de los activistas musulmanes que viajan con ellos y que son los que les guían y adoctrinan, como se ha demostrado en varias ocasiones en las que se han descubierto células yihadistas y lugares de captación de voluntarios para integrase en el ISIS islámico. ¿En cuánto han influido estos empadronados en los resultados electorales de las distintas ciudades españolas, especialmente en las grandes capitales?

No es aventurado afirmar que, la mayoría de ellos, haya votado a la izquierda, y los que han tenido ocasión de entrar en listas electorales, es muy probable que hayan formado parte de las candidaturas de extrema izquierda. Es posible que ahora, como antes sucedía con el EI, nadie crea que van a poder alcanzar importancia en nuestra política. Los del EI ya los tenemos a las puerta, con bases en Libia y, al ritmo de crecimiento que tienen los hispano americanos y los africanos, no tardará mucho en que tengan un importante peso específico. ¿A quién benefician? A las izquierdas ¿Qué esto no es malo?, pues que se lo pregunten a los sirios e iraquíes cristianos a los que les han rebanado el pescuezo.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a pensar que si, como se habla, desde Europa nos siguen saturando de sirios y demás inmigrantes, no tardará mucho en que los problemas de los que se libran los países de origen, lo vamos a tener que afrontar los españoles.
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