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10 ideas para ver la televisión con criterio

Javier Úbeda Ibáñez
Redacción
domingo, 25 de noviembre de 2007, 18:08 h (CET)
La televisión tiene una extraordinaria influencia en la configuración de los hábitos de los ciudadanos –en especial, de los más jóvenes-, y de la sociedad en general. La televisión, nos guste o no, y no le demos más vueltas, es el más importante instrumento del cambio cultural y social; superior a la institución enseñante por excelencia: la escuela; con la pretensión de superar (Dios no lo permita) a la propia familia.

La televisión tiene efectos positivos en el niño, cuando se le ha enseñado a verla, como la facilidad para asimilar el lenguaje, y constituye una excepcional fuente de conocimientos. Pero el abuso en la cantidad y la carencia de calidad conlleva importantes efectos negativos, físicos y psíquicos, de los que apuntamos los siguientes: alteraciones del sueño, nerviosismo, fracaso escolar, aislamiento, sedentarismo, atrofia la actividad intelectual, pérdida del discernimiento, banalización de la violencia.

La televisión en casa puede ser un instrumento educativo y enriquecedor. Pero es preciso saber seleccionar con criterio los espacios que verdaderamente nos interesen. Proponemos los siguientes consejos:

1. No dejarles nunca solos ante el televisor. Es ciertamente muy recomendable ver la televisión juntos: en familia. Los niños necesitan una persona amiga que dialogue con ellos e interprete, con criterio, las imágenes que saltan, chillan, se pegan, se matan, se besan, copulan y ríen en la pantalla. Se puede estar en la misma habitación, realizando otras tareas: leer, planchar, coser, organizar apuntes, etc.

Si quiere proteger a sus hijos de las sustancias venenosas, que no vean la tele sin la supervisión de un adulto (y menos en su cuarto).

Ver la televisión en familia fomenta la unidad y permite aportar diferentes puntos de vista.

2. Ponerse de acuerdo con ellos sobre el tiempo que se va a dedicar cada día a la TV. Se trata de poner una “norma de familia” que todos respeten. Esto ayuda al niño a alcanzar una cierta independencia. Cuando los niños no están habituados es difícil que se adapten. Durante el periodo de adaptación es importante ofrecerles actividades alternativas que les tengan ocupados.

Si limita la programación a los espacios de verdadero interés, al menos disminuirá el apetito comercial de sus hijos.

3. Evitar que la TV esté encendida durante las comidas. Sentarse en familia para comer es un momento de encuentro, de diálogo, de intercambio de las propias actividades. La televisión encendida sofoca ese interés y esa atención por los demás.

No ponga la tele durante las comidas. Hablarán mucho más y cada comida resultará un momento especialmente entrañable.

Coloque la televisión en un lugar que no sea el centro de la casa.

4. No les castigue a no ver la TV. El niño podría pensar y convencerse de que se trata del mejor y más importante pasatiempo y placer al que se puede acceder.

La televisión no es un premio por haber realizado bien los deberes o encargos.

La televisión no es una niñera. Sus hijos le agradecerán que les haya privado de este tipo de adicción precoz.

5. Desaconseje el uso del mando a distancia. La costumbre de hacer zapping en todo momento impide la posibilidad de escoger un programa, pues el espectador se encuentra en una alternativa continua. Con la búsqueda obsesiva del mejor programa, el niño se habitúa a una visión recortada y no ejercita su capacidad de concentración.

No hagan zapping, y menos si es “para ver qué echan esta noche”.

6. Evite que los niños hagan las tareas con la TV. Es una de las costumbres más contraproducentes. La TV es una fuente de estímulos audiovisuales y auditivos que exige esfuerzo mental. La televisión no permite un esfuerzo simultáneo de aprendizaje.

7. Evite que los niños tengan un televisor en su habitación. Tener un televisor en la propia habitación es el mejor sistema para que el niño se convierta en un teledependiente. Sentirá la invitación para encerrarse en su habitación por horas y horas para contemplar la caja mágica con historias siempre nuevas. Casi todos los niños que tienen un televisor en su cuarto la dejan encendida hasta poco antes de dormirse; de este modo, se arriesgan a asistir a espectáculos para adultos que les pueden asustar o turbar.

Tenga en casa un solo televisor.

8. Renuncia a ver TV en vacaciones. Es un gran momento para entablar relaciones abiertas con los familiares y con nuevos amigos. Supone una gran oportunidad para descubrir que se puede vivir sin ver TV.

9. Utilice los programas televisivos que ven los niños para estimular actividades que despierten en ellos la participación. Sólo de este modo la TV podrá convertirse en un instrumento para aprender. Además contribuirá a crear una continuidad entre el mundo de la TV y la vida real. Si no se desarrolla este aspecto se puede llegar a situaciones crónicas en las que el niño no distingue la realidad de la ficción.

10. Dé buen ejemplo. Este es el consejo más importante que alguien le puede dar. Los niños comprenderán la importancia de la TV según el lugar que ocupa en la vida de los adultos. Sólo si los padres han aprendido a domesticar la TV, podrán hacer comprender a sus hijos las ventajas de la tele-educación.

Si su entretenimiento favorito es ver la TV, no espere que su hijo haga otra cosa.

Calcule honestamente cuántas horas pasa cada uno de los miembros de su familia viendo la televisión y piense si podrían destinar ese tiempo a otra actividad más provechosa, como leer un libro, adquirir un hobbie… Las noticias en la televisión son espectaculares, pero no olvide que leer un periódico o una buena revista suele ser más provechoso.

Como la televisión forma parte de nuestra vida cotidiana, es un error anatematizarla o prohibir a los hijos que la vean, ya que será inevitable que la vean en casa de sus amigos o a escondidas. Lo mejor es acostumbrarles desde muy pequeños a seleccionar, a que disciernan lo que les ayuda o perjudica, y a saber usarla con racionalidad, con mesura y criterio. Hoy día es parte fundamental de la educación y formación integral de los hijos, que deberían afrontar la familia y la escuela conjuntamente.

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Javier Úbeda Ibáñez es escritor.


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