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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Negociando?, ¡señor ZP! ¿Cuántos engaños más?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 23 de noviembre de 2007, 03:01 h (CET)
“Honi soit qui mal y pense”, que traducido al román paladino quiere decir: “caiga la vergüenza sobre el que piense mal”. Esta frase lapidaria, que adornaba las armas heráldicas de los caballeros de la Orden de la Jarretera, debo confesar que me viene como anillo al dedo; por lo que me declaro, desde este mismo momento, ser merecedor de la mayor vergüenza imaginable, al ser uno de estos malpensadores; porque, señores, debo admitir que ya hacía mucho tiempo que anduve sospechando lo que la prensa ha desvelado hoy, sobre las negociaciones del señor Patxi López y sus esbirros (en el pasado mes de Octubre), con los representantes de ETA, en un pueblecito situado en la frontera de Alemania con Austria. Desde mucho antes de que el lenguaraz señor Fernández Bermejo se hiciera cargo del ministerio de Justicia y desde el mismo momento en que declaró, públicamente, que el Gobierno volvería a negociar con ETA aunque, más tarde – me imagino que azuzado desde las altas esferas del PSOE – lo desmintiera con la boca pequeña, atribuyendo a la Prensa el saltarse “la Cátedra de la Ética Periodística” y manifestara que, lo que había querido decir era que “ en lontananza” se produciría una nueva negociación y no precisamente con un gobierno socialista; con lo cual hemos llegado a convencernos de la certeza de la información facilitada por la policía. Nada nuevo porque, desde que Zapatero, (con sus palabras ambivalentes, con su clásica marrullería), se revolvió, aparentando gran firmeza, contra la ETA (cuando ésta rompió la tregua); mostrándose muy enérgico ante la ciudadanía como si efectivamente estuviera decidido a acabar con ella; nos percatamos, sin embargo, de que, en ninguna ocasión afirmó, con su clásica doblez, que no volvería a negociar con los etarras.

Vean ustedes como, cuando el señor Pepiño Blanco más se esfuerza en atacar al PP, tergiversando la sentencia del 11-M para utilizarla a favor de las tesis socialistas, con el único y paladino fin de achacar el atentado terrorista a los populares por lo de la guerra de Irak ( absurdo al no haberse determinado los autores intelectuales del atentado y quedando absuelto el Egipcio y sus satélites) para sacar rédito electoral de estas acusaciones; aparece el señor ZP y, como si se cayera del guindo, enarbolando el ramo de olivo de la paz y la concordia y, con la más aviesa de sus sonrisas, ha pedido a los suyos, durante su intervención en el Comité Federal del PSOE, que “se pase página” y se deje de utilizar para siempre la “confrontación política, adoptando el “compromiso solemne de que el PSOE no lo va a utilizar”. Como siempre, la misma táctica de amagar y encogerse, como lo hizo el gran guerrero espartano Leónidas en el desfiladero de las Termópilas contra el rey persa Jerjes. Por un lado deja que Pepiño Blanco lance toda su artillería contra el PP y por otro quiere evitar que el PP le recuerde su fracasado intento de negociar de tú a tú con ETA. Yo te doy un trancazo, pero tú no lo hagas porque está mal visto. ¡Menudos rufianes!

Pero no se pierdan la doble jugada. A pesar del atentado de la T4, sin tener en cuenta el desaire de ETA de rechazar los suculentos ofrecimientos de los socialistas, en el que se incluía la entrega de Navarra, sueldos fijos para todos los criminales y un trato generoso para los presos; el señor Rodríguez Zapatero, sin la más mínima consideración para los familiares de las víctimas, a los que había ninguneado, ofendido y maltratado; permitiendo a la oportunista, resentida y revanchista señora Manjón que pretendía –utilizando como arma arrojadiza la desgraciada pérdida de su hijo, (por lo que merece respeto y condolencia; pero que, sin embargo, no es lícito ni ético que lo utilice como si el PP fuera el terrorista que lo asesinó y no un partido democrático)– para que, la Audiencia Nacional, inculpara al PP en el juicio contra los autores materiales del hecho; ha reanudado, de tapadillo –si es que no lo ha hecho también durante todo el tiempo que lo ha estado negando (que es lo que, particularmente, yo creo y lo dije en otro de mis trabajos hace ya muchos meses) – los contactos con los abertzales. Y, ¿saben ustedes lo que quiere de ellos?, pues ya se lo pueden imaginar, conociendo como se las gasta el sujeto; busca que los de la banda terrorista hagan un “gesto” para que le ayuden a ganar las próximas elecciones; lo que le permitiría llevar a cabo sus planes de convertir al País Vasco, juntamente con Navarra, en un país federado y lo mismo haría con la Catalunya del señor Montilla y de los independentistas de Carod. Creo que deberíamos regresar a muchos años atrás, quizá cuando el movimiento masónico de los días anteriores a la Guerra Civil, para encontrar un contubernio semejante. Sólo una ciudadanía adormecida por una aparente bonanza económica, puede haber sido capaz de perdonarle al señor Zapatero la cantidad de veces que nos ha mentido y tomado el pelo; sólo una propaganda mediática de tipo totalitario ha permitido que muchos españoles, de buena fe, hayan pasado por las horcas caudinas de ser humillados por las intrigas del partido socialista, engañados por las noticias tergiversadas, amañadas y emponzoñadas salidas de sus editoriales afines.

Cuando debemos escuchar a la nefasta Magdalena Álvarez cantar excelencias de Indalecio Prieto, pintándolo como un ejemplo a seguir y una “pobre víctima” de la “voracidad” de la derecha; no podemos menos que pensar en que: o esta señora es una iletrada integral o, sigue la senda de sus correligionarios de vendernos una historia imaginaria de lo ocurrido en aquellos tiempos. Si no me equivoco, el señor Pietro fue un criminal redomado entre cuyas hazañas se encuentra el asesinato del señor Calvo Sotelo por sus secuaces; sus rifirrafes con Largo Caballero eran de todos conocidos y, a punto, estuvo de que los pistoleros del Stalin español se lo cepillaran de no ser porque consiguió introducir toda la grasa de su seboso cuerpo debajo de un vagón de ferrocarril, lo que evitó que se consumara el atentado. Por si no bastara esta aclaración, señora Álvarez, cuando la Guerra Civil ya estaba perdida por los rojos, se incautó de un yate, lo mandó cargar con oro y demás objetos de valor, que las turbas habían rapiñado a la derecha torturando y matando, y con él se largó de España. Así pudo vivir a lo grande en el exilio, hasta que se murió, nadando en la riqueza; cosa que, por cierto, no les ocurrió al resto de soldados republicanos que tuvieron que huir de España hacia los campos de concentración franceses. Un poco de continencia verbal y algún repaso de la historia le irían bien a esta socialista que prefiere partirse a doblarse. ¡Lo mejor sería que se fuese ya, partida o doblada, me da lo mismo!

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