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Etiquetas:   Literatura   -   Sección:   Libros

Premio Planeta 2007: Juan José Millás y Boris Izaguirre cruzan el Rubicón

Herme Cerezo
Herme Cerezo
viernes, 4 de enero de 2008, 03:53 h (CET)
En un país en el que se publican casi setenta mil libros al año, la edición de dos de ellos no debería ni siquiera ser noticia. Pero en este caso no es así, porque hablamos de las dos novelas más esperadas, año tras año desde 1952, en la República de las Letras: los Premios Planeta. Y el día 19 de noviembre, Tiresias, o sea Juan José Millás, es decir, No-Tiresias, y Julia Brideshead Ponti, o sea Boris Izaguirre, es decir, No-Julia Brideshead Ponti, presentaron en Valencia 'El Mundo' y 'Villa Diamante', ganador y finalista, respectivamente, de la edición de 2007.

Después de soportar estoicamente, piernas cruzadas, chaleco formal, chaquetas abiertas y camisas sin corbata, el flasheo, ¡clip, clap, clip, clap!, y el parloteo "mira aquí, Boris, mira aquí, Juanjo" de los fotógrafos, ambos escritores se sentaron a la mesa, rodeados por periodistas, informadores y reporteros del tema cultural, dispuestos a comentar sus obras.




Boris Izaguirre y Juan José Millàs en Valencia.


'EL MUNDO' Y 'VILLA DIAMANTE'
Fue Boris, el reparto de papeles parecía claro entre ambos escritores, quien habló primero para explicar que, en su opinión, 'Villa Diamante', era su mejor novela, una ficción donde Ana Elisa, una mujer poco agraciada físicamente, vive una vida salpicada de sobresaltos: "Traté de que fuera una novela larga, una novela-río, que atrapara y no te dejara nunca, que la protagonista atravesara por un montón de situaciones", dijo antes de añadir que se sentía "enormemente satisfecho por haber obtenido el premio".

Por su parte, Juan José Millás explicó que 'El mundo' era una novela autobiográfica "o una biografía novelada, que yo no sé nunca donde cargar el acento, porque está escrita con idéntica voluntad de biografía y de novela". Su personaje principal es el propio Millás y comienza justamente en Valencia, ciudad de la que "fui arrancado a los seis años y a la que no volví hasta casi los treinta". Esta situación produjo una herida que seccionó su vida porque "tengo claros qué recuerdos corresponden a mis seis años y cuáles a después. En la infancia, los recuerdos se confunden, pero en mi caso la división estaba clara porque aquel viaje los seccionaba en dos". Aquel cambio de residencia fue traumático para Millás porque "yo salí de una ciudad donde tenía felicidad, sol, playa, mar y luz para de repente, caer en un suburbio de Madrid, que era una ciudad opaca, gris, y dónde conocí el frío, una experiencia completamente nueva para mí". Desde aquel momento el escritor valenciano, entonces niño, intentaría escapar de aquella calle de espacios cerrados. Y el libro es la historia de esa fuga y de "la sorpresa que me produjo ver que aquella calle de la que escapé, estaba en todas partes, en todo el mundo, y cuando salía a callejear me encontraba siempre con ella. De ahí la metáfora que da título al libro".

LA GIRA DE DOS MARCIANOS
Ambos autores se manifestaron muy satisfechos de la gira de promoción. "Somos los primeros escritores que no se quejan del éxito porque lo estamos pasando muy bien. Los periodistas no nos parecen unos pesados", dijo Millás, mientras Boris apuntaba que "los domingos se están convirtiendo en días especiales porque en ellos comienzan nuestras giras semanales". La convivencia, además, estaba resultando fácil y fluida: "Primero nos agobiamos en buscar qué cosas teníamos en común, pero con el transcurso de los días hemos descubierto que lo bueno no es lo que nos une sino lo que nos separa, lo que nos hace distintos, porque ya sabéis que el Planeta lleva consigo el convertirse en el siamés de otra persona durante el tiempo que dura la promoción. Imaginad a un siamés pegado a otro siamés idéntico, sería muy aburrido. Nosotros somos siameses asimétricos, que es mucho más inquietante que dos gemelos iguales. Somos asimétricos, distintos, porque procedemos de culturas diferentes, de países diferentes, de mundos diferentes, de edades diferentes y de caracteres diferentes", aclaró Millás, quien siguiendo con este tono distendido manifestó que "yo soy una persona cargada de prejuicios, algo que sin duda tiene mucho que ver con mi educación, con mi formación emocional. Boris sin embargo carece de ellos. Y estas cosas nos han ido convirtiendo en dos marcianos y hemos fascinado con el espectáculo que el uno le ofrece al otro". Boris añadió que "estas diferencias les estaban enriqueciendo muchísimo" y desveló que habían establecido un pacto: "no vamos a leer el libro del otro hasta que acabe todo, aunque más o menos nos vamos colando algunas cosas, más que nada por la curiosidad propia de romper ese pacto".

Volviendo sobre su novela, Millás dijo que "en 'El mundo' no hay ninguna intención de pintar un retrato sociológico de época, aunque como efecto secundario, colateral, sí se cuentan cosas y, como todo el mundo sabe, los efectos colaterales son más eficaces que cuando se busca directamente el objetivo. La novela de Boris arranca de un conflicto, el de dos personas que pierden la condición social y económica que poseían, y en la mía ocurre lo mismo. Es algo curioso que nos ha hecho reflexionar mucho sobre la función de la literatura, sobre cómo se escribe siempre desde el conflicto, porque es imposible escribir fuera de él: algo se rompió y algo se intenta arreglar utilizando la literatura como herramienta". Boris explicó que "la novela de Juanjo es sobre un niño y la primera parte de la mía habla de dos niñas de familia bien, dos hermanas muy unidas que se convierten en su propio universo".

Sobre el proceso creativo de ambos escritores, Millás contó que él escribe de madrugada, desde las cinco hasta las ocho u ocho y media de la mañana, siempre en ayunas, "porque todo lo que se hace después del desayuno, todo el mundo lo sabe, está contaminado. Hasta Jesucristo, antes de comenzar su misión, anduvo ayunando cuarenta días. Yo no estoy tanto tiempo, pero sí procuro escribir en ayunas". Izaguirre dijo que siempre había escrito "al mismo tiempo que trabajaba para otro medio. Nunca he podido dedicarme sólo a escribir y he aprendido a convivir con ello. Escribo de ocho y media a once y nunca lo hago de noche, siempre con luz. Lo que se crea de noche, la mañana lo descrea". "Cuando estoy escribiendo como periodista para mí también es muy importante. No entiendo el periodismo como una actividad mercenaria, siento un gran respeto por ella, la considero fundamental para enriquecer mi faceta literaria", afirmó Millás. Boris, por su parte, dijo que "yo aprendí un oficio, el de escribir novelas, que luego me ha servido de mucho, para entender ciertos elementos de los argumentos, indispensables para construir las historias y especialmente los diálogos. Además pasar de un trabajo a otro no me cuesta nada, cambio muy rápido el chip".

EL CAJÓN DE LOS ESCRITORES
Millás apuntó también que siempre hay "elementos autobiográficos en todo lo que escribimos, porque uno escribe desde su propia experiencia. Lo que ocurre en 'El mundo' es que en esta novela el personaje se llama Juan José Millás y está escrita por Juan José Millas. El Millás real construye un niño fantástico que era como él y ambos interactúan, uno sobre el otro, a lo largo de la escritura y los dos se van construyendo mutuamente como individuos: el niño irreal sobre el escritor real y el escritor real sobre el niño irreal. Evidentemente he reescrito mi infancia". Y prosiguió: "Una de las operaciones más complejas que hacemos los seres humanos es la construcción del yo, de nuestra subjetividad. Somos una página en blanco y, a través de un proceso complicado, llegamos a ser Boris Izaguirre o Juan José Millás, bueno, en realidad, no llegamos a serlo nunca porque esa construcción siempre está en marcha hasta que comienza la caída y dejamos de ser quienes somos, sin que sepamos exactamente cuándo dejamos de ser nosotros. A veces, en esa construcción del yo, conviene revisar las infraestructuras, sobre todo cuando uno ve que algo no funciona o no le gusta. 'El mundo', en cierto modo, es un regreso a los cimientos para ver qué ocurría ahí".

Millás, que monopolizó la última parte de la rueda de prensa, habló a continuación sobre el pudor de presentar 'El mundo' al premio, puesto que se trataba de una novela que trataba sobre sí mismo. "Sentía un pudor relativo cuando lo terminé. Pensé que era un libro con una exposición personal grande y eso me hizo guardarlo en un cajón — ¿qué tendrá ese famoso cajón que todo escritor de prestigio tiene?, pregunta quien esto suscribe — durante año y medio. Luego volví a leerlo con la distancia del tiempo transcurrido, como si fuera de otro. Y entonces me gustó, porque presentaba unas bondades superiores al pudor que me pudiera inspirar. Del pudor me curé con mi primera novela, cuando al tenerla impresa entre mis manos, mi máximo deseo, comprendí que iba a leerlo gente muy cercana: mis padres, mis tíos, mis hermanos. Aquello me produjo tal ataque de pánico que si hubiera podido hacer marcha atrás lo hubiera hecho, a pesar de que lo que más desea todo escritor es ver su obra editada. Luego se publicó, no ocurrió nada y me curé completamente del pudor".

Boris comentó que a pesar de coincidir ambos en el programa 'La Ventana' de la cadena SER, ninguno le comentó nada al otro, "y es curioso porque de mí se puede esperar todo y tal vez yo hubiera tenido que comentárselo a Gemma, pero me callé desde el primer momento. Ni mi propio marido lo sabía. Un amigo me prestó una casa en Uruguay y allí me refugié porque quería estar solo en el invierno austral, pasando un frío impresionante, mientras en Europa era verano. Me enteré de que Juanjo era un firme candidato al Planeta la misma noche del domingo". Por su parte, Juan José Millás dijo que "llevé el asunto con la máxima discreción. Quería protegerme de la posibilidad de no ganar el concurso, aunque una vez leída resultaba difícil no saber que la novela era mía. La víspera por la noche hubo una filtración, supongo que proveniente del jurado, y se descubrió mi nombre. Hasta entonces nadie había dicho nada y el jurado me había protegido, fue una solidaridad entre escritores. Utilizar un seudónimo tenía todo el sentido del mundo porque unos días antes del premio se facilita la relación de finalistas y mi nombre no podía aparecer ahí por si no ganaba. En caso de perder, la novela lógicamente hubiera quedado devaluada. El autor tiene todo el derecho a proteger a su criatura".

FINAL
"Yo sé que soy mi peor enemigo para el hecho de escribir porque nunca voy a ser tomado en serio. Siempre me va a preceder este número de persona que no se sabe cómo tomársela porque viene gritando que ha estado preso en Mónaco o que Carolina de Mónaco somos todos. Aunque cuando escriba una novela, ésta no hable de nada de eso. Yo sé que esa es mi condena, pero no tengo la fuerza para luchar contra lo que yo mismo he creado". Estas fueron las manifestaciones de Boris Izaguirre en una entrevista concedida a la periodista Milagros Socorro para el diario 'El Universal' hace algún tiempo. Evidentemente, con el galardón conseguido, el escritor hispano-venezolano, como él mismo ha dicho después en algún medio de comunicación, se siente ahora "un escritor de verdad, porque ganar el Planeta es como conseguir el título de escritor".

Nada más, mis improbables lectores, que disfruten con los libros no de Tiresias, sino de Juan José Millás, y no de Julia Brideshead Ponti, sino de Boris Izaguirre. Ambos han cruzado ya el Rubicón de la opinión pública. Y también de la "especializada".

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