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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Mis opiniones, ¿son realmente mías?

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 22 de noviembre de 2007, 04:48 h (CET)
La inteligencia debe ser el mejor repartido de todos los dones. Mientras que muchos se quejan de no ser más altos, más guapos, más ricos o más afortunados, no oigo a nadie quejarse de su propia inteligencia, todos parecen tener la suficiente para situarse en la vida. Si les va mal no será por culpa de su talento sino por culpa del gobierno, de la maldad de los demás o de la mala suerte.

Es bueno que cada cual se crea suficiente para tener sus propias opiniones o adoptar las ajenas cuando le convenga. Es uno de los derechos fundamentales de toda persona el tener sus propias opiniones y poder expresarlas por cualquier medio. Como todos los derechos, éste necesita de un marco legal que haga posible su ejercicio sin vulnerar el derecho de los demás. Nos parecería intolerable la coacción para imponer a nadie ninguna opinión.

Cuando expresamos nuestras opiniones, podemos encontrar la aceptación o el rechazo de los demás. Es frecuente que busquemos compartirlas con los que piensan como nosotros, pero si las personas con las que convivimos mantienen opiniones opuestas a las nuestras, andaremos en discusiones que pueden terminar en enemistades o trataremos de conservar la amistad a condición de no tocar nunca determinados temas. Esto ocurre incluso en el ámbito familiar, en el que, para tener la fiesta en paz, se prohíbe hablar de política, de religión o de fútbol.

La expresión de la propia opinión a través de los medios de comunicación, prensa, radio y televisión, ha estado hasta ahora reservada a un reducido número de personas que tenían acceso a tales medios, aunque desde la aparición del internet se haya facilitado que mucha gente pueda expresarse a través de formas interactivas de fácil acceso, aunque cuando me asomo a los blogs y bitácoras en funcionamiento tampoco me satisface su funcionamiento. El anonimato de los participantes facilita la expresión de insultos y exabruptos insoportables. Quizás haga falta tiempo para encauzar un educado y enriquecedor intercambio de opiniones a través de la red.

Los medios de comunicación organizados son empresas económicas y también políticas, que contratan a aquellos “opinadores profesionales” que, aunque se expresen libremente, compartan su línea editorial y consigan mantener un elevado nivel de audiencia. No hay que olvidar que la cuenta de beneficios de estas empresas depende de la publicidad que pueden captar y ésta de la cantidad de público al que lleguen. Para ello mezclan la información, la opinión y el entretenimiento y fidelizan a su público regalándoles los más variados artículos y, lo más importante, suministrándoles opiniones prefabricadas, para evitarle el arduo trabajo de pensar por su cuenta. Se establece una relación estable entre el medio y su público con una unidad esencial de pensamiento. Habría que dilucidar si el adicto a un determinado medio lo hace porque encuentra reflejado en él su propia opinión o porque ha conformado la suya de acuerdo con el medio.

Lo que parece claro es que un medio de difusión con una audiencia importante, tiene en sus manos un gran poder y la posibilidad de influir decisivamente en la política. Si las encuestas muestran unos porcentajes casi permanentes en la intención de voto, ocurra lo que ocurra, pienso que se debe en buena parte a los medios de comunicación que logran mantener a su público a favor de una determinada opción, a base sobre todo de estigmatizar a los contrarios. Quienes se alinean en cada bando no saben del otro más que lo que le cuentan los medios a los que siguen.

A los intereses ideológicos, políticos y económicos de cada medio les vendría bien el hundimiento de los contrarios y a ello se aplican con entusiasmo. El acoso a la COPE es un claro ejemplo de lo que digo, aunque esta cadena se defienda erosionando la credibilidad de sus contrarios. Es un juego sucio que va envenenando la convivencia. Sería necesario que los ciudadanos no se alienaran, ni alinearan, con ningún medio, sino que elaboraran sus propias opiniones a través de una honesta búsqueda de la verdad, cosa quizás harto improbable.

Se habla mucho de tolerancia y diálogo pero se practica poco. No es posible dialogar con nadie que previamente nos haya insultado, estigmatizado y ridiculizado y yo no deseo que se me tolere sino que se me respete, cosa difícil de conseguir si trato de pensar por mi cuenta, busco la verdad y no acepto pasivamente lo que me ofrecen los medios de comunicación de cualquier signo que sean.

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