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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Podemos   -   Sección:   Opinión

La recuperación de España amenazada por el separatismo y Podemos

“De frente un precipicio, detrás un lobo” Proverbio latino
Miguel Massanet
sábado, 6 de junio de 2015, 22:28 h (CET)
El señor Pablo Iglesias publicó un artículo en el de Londres New Left Review, exponiendo las ideas de su formación política. La reacción de la City, recogida por varios analistas radicados en Londres, ha sido unánime: preocupación. Si el líder de Podemos pensó conseguir el beneplácito de los inversores y la confianza de los mercados se puede decir, a tenor de los comentarios surgidos después de la publicación de su carta, que lo que ha logrado ha sido todo lo contrario. Un gestor de un fondo que maneja 4.000 millones de dólares se expresaba así, después de leer la misiva de Iglesias: “La recibimos sin estar tan nerviosos por el tema, pero ahora si que estamos preocupados…”.

Según el autor de “Nosotros los mercados”, Daniel Lacalle, “Podemos ha perdido una oportunidad de oro para demostrar que su modelo es el nórdico, como afirmaron en su día”. Otros inversores subrayan que “en todo el documento no hay ni un solo compromiso de estabilidad”. Y en estas palabras, señores, está la clave del problema que radica en la desviación, hacia la izquierda extrema, que se ha producido como consecuencia de las pasadas elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo. Ello supone, para una España en fase de recuperación, que había logrado recuperar la confianza de los inversionistas, que se ha situado como una de las naciones que ha sabido hacer sus deberes y ajustarse a las normas o consejos emanados de la UE y que, hoy por hoy, experimenta un crecimiento que, a juicio de los expertos, lleva el camino de doblar el de la media del resto de países europeos; el peligro de entrar en retroceso.

El señor Rajoy no ha dejado de repetirlo una y otra vez: “España no puede permitirse cambiar su política económica” y, el hecho de que, en otros aspectos, pueda haber tomado decisiones erróneas y que su figura, en la actualidad, no goce de la especial simpatía de los votantes; no significa que, en lo referente a la recuperación económica, no haya conseguido avances significativos que, si se confirma el vuelco a la izquierda en las próximas legislativas, pueden quedar en entredicho, si el país, como ya empieza a tener los síntomas, cae en la inestabilidad, se toman medidas contrarias a la política económica actual, se aplican medidas incautatorias, se incumplen los objetivos de déficit y las leyes o se recurre a incrementar más la deuda pública de las autonomías, en un intento de implementar artificialmente las mejoras sociales o, como es posible prever, se incumplen los compromisos contraídos con la CE, que nos ha llevado a salir del abismo en el que nos encontrábamos, cuando el PSOE de Zapatero abandonó el gobierno de la nación.

Es evidente que, el concepto de nación en camino de superar la crisis, de empezar a progresar, de merecer la confianza del inversor foráneo y de pertenecer al grupo de naciones solventes dentro del mercado europeo, va a sufrir, si es que ya no está ocurriendo, el deterioro que ha llevado a los griegos a encontrarse con el agua al cuello, con sus gobernantes intentando mantener sus promesas al pueblo, cada vez más difíciles de cumplir y con la posibilidad de que llegue un momento en el que les sea imposible mantener su desafío a Bruselas y tengan que abandonar la UE; algo que, es fácil de entender, puede producir consecuencias verdaderamente catastróficas que supondrían, para el pueblo griego, la llegada de un crack nacional . Los analistas políticos insisten en que Podemos, no entiende o no quiere entender, lo que significó para Europa el proceso constitucional que tuvo lugar en nuestra nación, su forma pacífica y ordenada consistente en pasar de la dictadura a la democracia; las cesiones mutuas que tuvieron que producirse en beneficio de la paz y el gran logro de conseguir aprobar una Constitución para todos los españoles, aprobada de una forma mayoritaria, incluso en las autonomías, como la catalana (un 82% de síes), en las que el nacionalismo es endémico.

Si España, con las reformas laborales llevadas a cabo por el actual Gobierno, está consiguiendo reducir el desempleo con cifras cercanas a 600 mil parados menos al año, puede que no sea lo deseable pero sí, seguramente, algo muy superior a lo que se pensaba sólo hace un año e, indudablemente mejor, que si las medidas de todo orden que se han aplicado para encauzar nuestra economía y financiación externa, no se hubieran puesto en funcionamiento siguiendo la política de subvenciones de Zapatero.

Resulta impactante y, evidentemente, preocupante que, propuestas fracasadas en todos los países en las que se han implantado, puedan haber calado en muchos de nuestros conciudadanos que, posiblemente hayan salido más perjudicado por las consecuencias de la crisis, el desempleo y la pérdida de salarios o para aquellos jóvenes que, con sus licenciaturas, no encuentran empleos para poder ejercerlas pero, señores, por encima de todo ello, se ha de considerar que, cuando ya se ha superado la fase peor de la crisis, cuando se empieza a crear empleo, cada día más y con un incremento del 15% mensual de las contrataciones fijas; el pretender tirarlo todo por la ventana; ensayar otros sistemas de corte comunista, incautatorio, a base de subvenciones imposibles de sostener, exponiéndonos a que nos abandonen los que confiaron en España, ante el peligro de perder lo invertido y volver al lugar del que partimos, en esta ocasión sin posibilidad de ser redimidos, parece algo demencial.

En Madrid ha tenido lugar un concurrido cónclave financiero, organizado por Mergermarket, al que asistieron una multitud de banqueros, españoles y extranjeros; gestores de fondos de capital riesgo del mayor prestigio; gestores de los fondos buitres más temidos; los abogados más poderosos y la representación del Gobierno del Estado de la mano de Miguel Temboury (subsecretario de economía). La intención de los presente se puede resumir en una pregunta que se le hizo al representante del Gobierno: ¿Tenía el Gobierno un plan para pararles (a Podemos) y si seguiría siendo España un país en el que poder invertir y hacer negocios?

Porque, señores, después de las declaraciones de la señora Carmena, presunta alcaldesa de Madrid y de los no menos epatantes anuncios de la señora Ada Colau, propuesta como alcaldesa de Barcelona; sobre sus intenciones de intervenir los pisos vacíos de Madrid y Barcelona, respectivamente, para darlos en alquiler y la prohibición de que se produjeran desahucios por impago de alquileres o cuotas hipotecarias; es evidente que el pánico de los propietarios ( los grandes propietarios de viviendas, como es el caso los fondos buitre, que las compraron a los bancos para aliviar su fondo inmobiliario, arriesgando sus capital, y que esperaban conseguir beneficio cuando mejoren las circunstancias); es evidente que nadie pueda pensar que, todas estas sociedades de inversión, se arriesguen a invertir un euro en España expuestos a que les suceda como en Venezuela o en cualquier de las repúblicas bananeras de Suramerica donde la seguridad jurídica es prácticamente inexistente.

Estos fondos, relacionados con el ladrillo, eran la punta de lanza de los inversores internacionales que comenzaban a arribar a nuestro país con proyectos ilusionantes. Todos ellos anticipaban un mercado de alquiler fuerte, robusto y renovado. Venían en nuestra ayuda y parece que los vamos a recibir a bofetadas. Sería conveniente meditar sobre las consecuencias de permitir al señor Pablo Iglesias, a Manuela Carmena y a Ada Colau, tres intrusos advenedizos, que han conseguido lavar el cerebro de aquellas personas con pereza de pensar dispuestas a tragarse todos los sapos que estos expertos agitadores quieren venderles. Lo malo, señores, es que si desaprovechamos la ocasión de salir de la crisis, si abandonamos lo hecho y nos dejamos guiar por las voces de sirenas de los neocomunistas bolivarianos, mal porvenir nos espera y peor será el destino de nuestra nación.

O así es como señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tememos que, entre el señor Mas y sus elucubraciones separatistas y los agitadores comunistas de Podemos, si Dios no nos echa una mano, es posible que nuestra nación acabe siendo un pobre remedo de la Venezuela del señor Maduro. O peor.
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