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Etiquetas:   Política   ACTUALIDAD   -   Sección:   Opinión

El lodazal miserable en el que se revuelcan los políticos en busca de poder

“En este mundo el poder es un capital que hay que manejar con cuidado” L.Tolstoi
Miguel Massanet
jueves, 4 de junio de 2015, 23:20 h (CET)
Si hay un espectáculo difícil de digerir seguramente es este que nos están sirviendo los distintos partidos políticos, administrando los escasos votos con los que se han hecho durante las pasadas elecciones como si, en realidad, todos ellos hubieran salido vencedores en lugar de que, como la triste realidad del resultado electoral demuestra, ninguno haya vencido y todos hayan salido trasquilados. La verdad es que, aunque nadie parezca querer reconocerlo, la ciudadanía ha querido demostrar, quizá sin darse cuenta, que no se fía de ninguno, que no quiere darle a ninguna formación política el poder de decidir y que prefiere crear un interregno de incertidumbre, de caos político y de reparto de inseguridades, en lo que van a ser los próximos meses, hasta la celebración de las legislativa de finales de año.

Sin duda alguna no va a ser sólo el PP, del señor Rajoy, el que vaya a salir vapuleado por sus antiguos votantes, disgustados por su forma a la gallega de gobernar y por su equívoco sistema de tratar el tema del independentismo catalán; van a haber otros partidos que puede que paguen caro la forma en la que están intentado arrimar el ascua a su sardina, la veleidad con la que intentan realizar pactos contra natura y la falta de sentido común de quienes tienen encomendado llegar a acuerdos de gobernabilidad con formaciones de nuevo cuño que llevan intrínseco, en su propio ADN estructural e ideario político, el sello del fracaso en un mundo en progreso, tan pronto como pongan en práctica sus políticas sociales, económicas y financieras disparatadas en un entorno europeo en el que, todas estas propuestas de tipo marxista o bakunianas, obsoletas y carentes de porvenir alguno, no tienen cabida, como se viene demostrando con el tema griego que, sin tener las característica de excesiva pluralidad de proyectos como ocurre en el panorama político actual español, han pretendido plantar una pica en Flandes, en este caso en Bruselas, intentando que la CE trague sapos aceptando el régimen comunistoide griego, plegándose a las exigencias de Syriza.

Hasta ahora, en el periodo preelectoral, les ha resultado fácil a los aspirantes, que nunca habían tenido oportunidad de gobernar aplicando sus recetas teóricas, aquellas en las que la igualdad, la dirección en manos del Estado, la economía socializada, las mejoras sociales a cargo del Estado, los tributos elevados y los impuestos sobredimensionados, los elevados gravámenes sobre las grandes fortunas y el control de las empresas privadas por los sindicatos, junto a una legislación restrictiva, tipo Ada Colau, en la que la propiedad quede restringida y los inquilinos no puedan ser desahuciados si antes el Estado no les ha proporcionado otra vivienda de tipo social; el convencer e ilusionar a aquellos que han sufrido la peor parte en la crisis o los ignorantes fáciles de engañar e incluso a aquellas personas de buena fe horrorizadas por los casos de corrupción de políticos y gobernantes que han conseguido escandalizar a propios y extraños durante los últimos años; el hacer adeptos entre descontentos e indignados..

Pero ahora, señores, ha llegado el tiempo de mojarse, ya no caben prórrogas o dilaciones que les permitan darles la vuelta a sus propuestas, camuflarlas o intentar suavizarlas, porque estamos en el momento en que los señores de Podemos se destapen, concierten acuerdos con otras formaciones y demuestren si siguen conservando aquella aureola de honradez que vendieron a quienes quisieron escucharles; cuando se promocionaban en las televisiones. Es posible que el tiempo y sus propias manifestaciones hayan aclarado lo que hay en la trastienda, quedando a la vista lo que, en el fondo, han pretendido desde el primer momento: convertir a España en una segunda Venezuela ( nación a la que contribuyeron con sus consejos a Chavez y Maduro a convertir lo que ahora es: una país en la miseria, sin comida, sin oposición, encarcelada por los sicarios del poder, y sin el menor crédito internacional, al borde del colapso y en un verdadero régimen dictatorial). El resultado que aquella mayoría que pretendían conseguir ha quedado reducida a un buen resultado, a una posición que les permite actuar de bisagra en muchos pueblos y ciudades; y a aspirar a un resultado digno en las próximas legislativas.

No obstante, aquí vamos a tener que jugar con las variables que nos van a proporcionar los pactos que, cada partido, deberá aceptar si quiere su cuota de poder. Esto va a suponer, en muchos casos, ya que el PP ha conseguido ser el partido más votado en muchas autonomía y municipio, el que los que quieran destronarle del poder deban concertar alianzas con “compañeros de viaje” que les puedan resultar incómodos y, a la postre, puedan significar una rémora para la valoración que los ciudadanos puedan hacer de su labor municipal, en la que, sin duda alguna, van a hacer mella las concesiones que se vean obligados a hacer a sus partenaires, en muchos casos contrarias a sus propios proyectos. La decepción de los votantes, como sucedió en el caso del Tripartit catalán o del Exapartido balear, puede tener una importante repercusión en lo que van a ser los resultados de las elecciones generales de noviembre o diciembre.

Puede que el señor P.Sánchez, del PSOE, se haya crecido al comprobar que la izquierda ha conseguido un buen resultado y se vea con posibilidades de llegar a acuerdos con otros partidos que, con toda seguridad, va a considerar fáciles de manejar. En todo caso su postura de cara a las primarias es posible que se debilite y es obvio que la señora Díaz no ha dicho su última palabra respecto a sus propias aspiraciones políticas. Es evidente que Susana Diaz no atinó al convocar anticipadamente elecciones para Andalucía, pero el verdadero problema lo tiene ahora a los dos meses de las elecciones y todavía sigue sin haber conseguido el quórum para ser elegida para la presidencia de la comunidad andaluza. En otro artículo manifesté mi opinión de que el PP hubiera actuado con sagacidad si se abstuviera y permitiera que la elección tuviera lugar, lo que descolocaría al señor Sánchez y dejaría en una situación desairada tanto a Podemos como a Ciudadanos.

El señor Ribera por su parte se halla en una encrucijada. Se calcula que, unos 600.000 votos de los que antes votaban al PP, se fueron a Ciudadanos. Es evidente que muchos de ellos se debieron al enfado con el señor Rajoy por su falta de energía, sus cesiones ante una oposición, en principio débil, y por el incumplimiento de una parte importante de su programa electoral. Si Ribera se alía con Podemos o el PSOE es lógico que muchos de los de derechas o centro que lo votaron volverán, una vez pasado el enfado, a su partido de origen. Sin embargo, parece que durante los últimos meses, después de la celebración de los comicios, el señor Ribera ha perdido una parte del impulso que lo caracterizaba, quizá porque esperaba unos resultados más concluyentes que le hubieran proporcionado un mayor número de ediles o representantes en las distintas cámaras regionales. Los votos prestados (y esto lo ha comprobado, en estas votaciones, el PP) no son votos fieles y vuelan con la misma facilidad con la que se consiguen.

Es posible que de las actuaciones de los ayuntamientos, resultantes de los pactos, durante el medio año que queda, se produzcan nuevos cambios en la intención de voto, que contribuyan a fijar un nuevo panorama político para las generales, que contrarrestara los efectos de este viraje a la izquierda, como resultado de la irrupción de Podemos y del cordón sanitario que se le está haciendo al partido en el Gobierno. Mucho nos tememos que todo va a depender de lo que ocurra en el PP, de los cambios que se hagan y de la confianza que despierten los relevos en aquellos que desertaron del partido por alejarse de sus objetivos y principios que le eran propios. El PSOE creemos que ha errado en su viraje a la extrema izquierda y es posible que sus votantes más centristas no vean a bien este posible matrimonio con Pablo Iglesias y los suyos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos planteamos un panorama político tan inestable para España, que sentimos como se tambalean las perspectivas halagüeñas que nos van llegando desde Europa, que confía en que seguiremos con nuestra actual política económica.
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