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Etiquetas:   El crisol   Política   -   Sección:   Opinión

Más allá del límite

Rajoy afirmó durante la pasada campaña electoral que en España ya no se habla de paro. Fue prudente y no dijo que tampoco se hablaba de corrupción. De haberlo hecho así el batacazo verbal hubiera sido doble
Pascual Mogica
miércoles, 3 de junio de 2015, 08:12 h (CET)
Después de la decisión judicial de que se procediera a detener en su domicilio al que hasta hace pocos días era el delegado del gobierno en la Comunidad Valenciana, Serafín Castellano, creo que de una vez por todas se va a acabar con ese tópico tan malicioso como peyorativo en el que se acusaba de lentitud a la justicia española. En cinco días, del 25 al 29 de mayo recién pasados, se ha investigado y detenido al susodicho delegado del Gobierno, al que supuestamente se le achaca un trato de favor a una empresa que se vio favorecida con unos contratos con la Administración valenciana por un montante de unas cuantas decenas de millones de euros. Otro tanto ha ocurrido con el alcalde en funciones del Ayuntamiento de Valladolid, León de la Riva, contra el que se ha dictado sentencia por desobediencia. Al igual que en el caso de Serafín Castellano y en el transcurso de los mismos cinco días, el juez ha decidido llevar a efecto la condena mediante la cual se inhabilita durante trece meses al alcalde vallisoletano para ejercer cargo público alguno.

La verdad es que no creo que esto pueda hacer desistir a los que piensan, pensamos, que la justicia en España funciona con lentitud. Lo de Castellano no se descubre y se investiga en cinco días y tampoco lo de De la Riva, esto viene de mucho, muchísimo, antes. Se podría decir que la ejecución de la detención del jefe de las fuerzas de seguridad del Estado en la Comunidad Valenciana y del alcalde en funciones de Valladolid, su demora, ha sido motivada por un acto de “benevolencia” judicial, como también se podría pensar que visto lo que le ha sucedido a los exjueces Garzón y Silva, al primero por el caso Gürtel y al segundo por firmar los dos decretos que motivaron el ingreso en prisión de Miguel Blesa, el de la debacle de Bankia y de las tarjetas Black, se podría pensar, repito, el que algunos jueces puedan estar sufriendo un ataque de “prudencia” a la hora de tomar decisiones, sobre todo en periodo electoral, que pudieran afectar a cargos públicos y orgánicos del PP y como consecuencia de ello al propio Partido Popular en lo que a sus intereses, obtención de votos, se refiere. Si esto fuera así resultaría algo comprensible, no asumible ni entendible, pero si comprensible. Hasta cierto punto. El miedo es libre y ante ello cada cual actúa como mejor lo pueda estimar. Todo esto me recuerda a la actuación del fenecido juez Marino Barbero que entendió en el caso Filesa y que sin temor alguno en cada ocasión en que se celebraba cualquier comicio electoral, local, nacional o europeo, sacaba a la calle en qué situación estaba la instrucción de aquel asunto. Claro que entonces gobernaban los socialistas, el caso comenzó en 1991 y el juicio comenzó en 1997, Aznar “entró” en el 96, y durante el mandato de Felipe González no se “molestó” ni mucho menos se “amonestó” a juez alguno. Ante todo esto ahora comienzo a preguntarme si el que esté previsto no comenzar el juicio del caso Gürtel que se destapó en 2007, hace ocho años, hasta bien entrado 2016 no pueda ser debido a que a finales de este año, en noviembre, están previstas las elecciones generales y es el PP el que está gobernando.

Pero resulta curioso lo que les ocurre a algunos cuando van más allá del límite que marca la decencia y la honestidad en el quehacer político. En el caso de Francisco Granados, el que fuera número dos de Esperanza Aguirre, este está ocupando un calabozo en una cárcel a cuya inauguración asistió y en el de Serafín Castellanos, el jefe de las fuerzas de seguridad del Estado en la Comunidad Valenciana fue sacado de su domicilio esposado por sus propios subordinados. Fuerte, muy fuerte. Son las vueltas que da la vida. Rajoy afirmó durante la pasada campaña electoral que en España ya no se habla de paro. Fue prudente y no dijo que tampoco se hablaba de corrupción. De haberlo hecho así el batacazo verbal hubiera sido doble. Resulta fácil imaginar el sudor frío que sin duda alguna le entró a Rajoy cuando supo de la detención de Castellano, ya que el varapalo que el PP sufrió en el pasado día electoral hubiera sido, seguro, mucho mayor de haberse producido esta detención unos días antes.
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