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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

Manifestaciones extremas en torno al 20-N

Domingo Delgado
Domingo Delgado
martes, 20 de noviembre de 2007, 04:18 h (CET)
Estos días, ante la proximidad del 20-N estamos asistiendo a manifestaciones de grupos extremistas de diverso signo, con una amplia exhibición de intolerancia y violencia.

Para colmo de males, en los prolegómenos ha habido una víctima mortal atribuida a este tipo de violencia extremista, lo que ha exacerbado los ánimos de resentimiento entre los grupos enfrentados, que nos hace presagiar situaciones peligrosas para los próximos días, de potencial enfrentamientos callejeros en importantes ciudades del País (Madrid, Barcelona y Valencia).

Si analizamos brevemente el origen de estos grupos, salvedad hecha de los nostálgicos del anterior régimen, caracterizados más por ser personas de edad, que tuvieron cierto grado de compromiso o convicción con el régimen de Franco, la mayoría de estos grupos poco o nada tienen que ver con el Antiguo Régimen, más que en su reacción totalitaria y antiliberal, porque además son gente joven que nacieron después de acabado el Régimen, y realmente apenas han subsistido grupos de cierto relieve que recogieran la herencia política del mismo, ya que al final se atomizaron los que se consideraron herederos políticos del Régimen del 18 de Julio.

Por tanto, estos grupos de extrema derecha, y de extrema izquierda, igualmente violentos, totalitarios e intolerantes, no son sino expresión de la rebeldía y la frustración de sectores de la población, que se van quedando al margen del progreso social, y van calando en el mensaje violento, y acomplejado de echar las culpas al diferente (de otra raza, religión, procedencia, etc.). Olvidando que España fue país de emigración, en los difíciles tiempos de la postguerra, y nos atendieron mayoritariamente donde los españoles acudimos.

Cosa bien distinta, resulta que cierta debilidad de nuestros gobernantes en hacer respetar la ley y el orden entre la ciudadanía que vive en el País (nacionales y extranjeros), por la persistencia de situaciones a las que no se da solución, como son las derivadas de la mendicidad de algunos ciudadanos extranjeros, o la facilidad con que tras la caída de las fronteras de la UE la criminalidad internacional tiene mayores facilidades que antes. De manera que no se pueden dar situaciones crónicamente irresolubles, como el descontrol de parte de la inmigración, que la mayoría de la población reclusa en España sea extranjera, y que haya gente a la que se le ha llegado a detener en un centenar de ocasiones por robos y hurtos, estando por la calle replicando su antisocial actitud. Esos fallos de seguridad, hacen un flaco favor a la percepción social sobre el fenómeno de la inmigración. Si estos casos se evitaran, seguro que la percepción de la ciudadanía sería otra mucho más comprensiva y solidaria con el fenómeno.

Pero claro, esto le da injustificadamente alas a la protesta de los sectores marginales de nuestra representación política, y a sus corífeos, que resultan extremadamente injustos con la inmigración, y calientan el ambiente en la calle, ya que saben que en las urnas apenas consiguen nada.

Y ese fenómeno, que en Francia ha tenido en Le Pen su líder, si no se vigila, pronto lo podemos tener aquí con mayores dimensiones que las que tiene en la realidad.

De igual manera, la extrema izquierda, actualmente extraparlamentaria, y de visión totalitaria, por mimetismo acomete la táctica del enfrentamiento callejero contra los grupos de extrema derecha, y eso el Gobierno debería de repelerlo con toda la fuerza de la ley, por el bien de la convivencia en nuestro País.

Además a todo lo anterior, hemos de añadir, que llegamos este año a estas fechas, con un planteamiento de enfrentamiento político bipolar en el ámbito de la representación popular democrática, ya que la tensión política no ha cesado en este último año, y me temo que aumentará de cara a las próximas elecciones de marzo, puesto que el hostigamiento de la oposición frente al gobierno ha sido una constante, y la política del gobierno de remover aspectos de “memoria histórica” que estaban bien enterrados con el pacto que posibilitó la transición política pacífica en España. Y que ha llevado a levantar las viejas heridas, los viejos demonios guerracivilistas.

Tal es así que la aparente neutralidad con que se presentó la reciente Ley de Memoria Histórica, no refleja la realidad de los implicados. Incluso político de la cualificación de Alfonso Guerra reconoció que esta ley era un “juicio político” al franquismo años después de la transición, cuando ha sido posible. Políticos y ciudadanos, lo mejor que podemos hacer en relación con la tragedia de la Guerra Civil Española es perdonar y olvidar, aprendiendo que la irracionalidad lleva a esas consecuencias. Donde hubo un millón de muertos, e infinidad de víctimas (heridos, exiliados, represaliados por ambos bandos, etc.). Y conllevó una conclusión con vencedores y vencidos, que no nos conviene remover, ya que pese a todo, nos ha de quedar la idea de la generosidad de ambos bandos en la transición para zanjar el pasado, y proyectar un futuro de convivencia común, próspero y en paz. No revolvamos en los sentimientos, ni en las cloacas, miremos al futuro, con perdón y olvido.

De manera que todo esto explica, un poco –a mi juicio- el hecho que este año se viva un recuerdo del 20 – N con especial crispación, porque se ha sometido a la sociedad civil a unas tensiones innecesarias, por que si lo era por justicia, con discreción se pueden mover las fosas y enterramientos colectivos, identificar cadáveres y entregar a los familiares, pero con rencor –bien que se pueda comprender en el ámbito personal de los directamente afectados- no evolucionaremos, sino que llevaremos a una escalada de enfrentamiento e involución de la vida democrática. Y esto último todo político responsable, y con sentido de Estado, debe tenerlo presente y evitarlo.

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