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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘Pajaro en mano’ de Juan Madrid, nadie es quien parece

Herme Cerezo
Herme Cerezo
viernes, 4 de enero de 2008, 03:53 h (CET)
Leí ‘Pájaro en mano’ del polifacético Juan Madrid (Málaga, 1947) en verano y comencé a teclear este comentario por los ya difusos días del pasado mes de agosto. Y se dio la coincidencia de que cada vez que me ponía a escribir por aquellas fechas, la climatología se enfadaba: el mar rugía enfurecido frente a mi ventana, las olas borraban los lindes de la playa e invadían la arena, tiñéndola de un acusado color gris, el gris del cielo de entonces, el gris de mi último fin de semana en Benicássim. Lo mismito que ahora, cuando unos cuantos nubarrones también grises – ¿serán los mismos? – anuncian alguna tormenta terminal del otoño que ya languidece. En días pasados mi amigo internauta y colega en este diario, Gabriel Ruiz-Ortega, escritor y reseñista como dice él – me chifla este término – se ocupaba también de otra novela más antigua, año 1997, del escritor malagueño: ‘Tánger’ era (es) su título. Coincidencia de pareceres, coincidencia de gustos y casi de fechas. A pesar de todo no me resisto a presentarles mis sensaciones sobre esta última entrega de Juan Madrid.

‘Pájaro en mano’ no se enmarca dentro de la serie del detective Toni Romano, el personaje más popular aportado a la novela negra por el escritor malagueño. ‘Pájaro en mano’ es una obra independiente que gira a priori en torno a una operación de blanqueo de dinero, diseñada entre un ruso con pasaporte polaco, Petrosian, y un conocido abogado, Lavagna, de origen argentino. Y digo a priori, porque a medida que avanzamos en su lectura, descubrimos una serie de corrientes subterráneas que, aunque todas confluyan en el mismo barranco, impregnan la historia con otros matices que la enriquecen y le otorgan su sentido último.

Preferentemente, la novela negra escoge territorio urbano para crecer, salpicado en este caso por millonarios, grandes mansiones, urbanizaciones de lujo, chiringuitos y puticlubs de ambiente playero y ropa escasa. Marbella, ciudad donde discurre este ‘Pájaro en mano’, parece haberse convertido en capital de la corrupción, real y ficticia, siempre verosímil, auxiliada por la enigmática colonia británica de Gibraltar, paraíso para todo tipo de tráficos y donde las posibilidades de camuflaje monetario resultan inagotables. Y es en este escenario donde los personajes, los dos ya citados, junto con María, Valero, Niki, Norberto Fuentes y Santi Moreno, Luis Morán, Toni Gavilán, Vanesa, Altagracia, Retana, Mabel, Ray González y Melinda Vacca danzan al son de la partitura orquestada por Juan Madrid. Sin embargo, nadie es quien parece, y los papeles asignados al comienzo de la novela no son los mismos que exhiben cada uno de ellos al final del relato. Muchos ocultan un doble fondo, un pasado distinto al que se les atribuye, una doble vida que es la real entre comillas. Todo ello es pura novela negra, el género por antonomasia donde nadie es quien parece. Ah, y una cosa más. Yo no sabría distinguir aquí entre personajes principales y segundones. Todos suenan a un mismo nivel y se me antojan de igual relieve, con la misma importancia, piezas de un rompecabezas que, si faltase alguna de ellas, se desmoronaría irremediablemente como un edificio carente de su piedra angular.

Las descripciones de los lugares son mínimas y lo que prima es el variado catálogo de características personales: rostros, gestos, actitudes y sensaciones de los personajes. Y el diálogo, cómo no, esas parrafadas entre los protagonistas que dinamizan la novela continuamente, plagadas de tacos, argot policial, sexo y dosis de humor ácido. No podría ser de otro modo. De otro modo, ‘Pajaro en mano’ sería, sin duda, una novela, pero no negra, no policial, no negrocriminal como le gusta decir a Paco Camarasa, ese librero experto como pocos en este género. Y es por todo ello que el libro se lee con enorme avidez y sin pérdida de detalles. Duele mucho que lo que el escritor malagueño ha creado a lo largo de dos años y tres ciudades, con esfuerzo ingente sin duda, apenas le ocupe a un lector entrenado tres o cuatro tardes, porque la acción es muy fluida, sin solución de continuidad, y Juan Madrid no cesa de suministrar nuevas informaciones que disparan la imaginación, ya de por sí despierta, del lector del género.

Y precisamente esta ingente cantidad de datos, esta explosión de situaciones y transformaciones constituye, a mi juicio, el único lunar de ‘Pajaro en mano’, ya que al final, cuando la banca no va más y las cartas se destapan, destripadas boca arriba sobre el verde tapiz del desenlace, se genera un poco de confusión y algo parece que no termina de quedar claro del todo. Y así al lector, cuando pasa la página 291 y pone punto final a su rol de espectador pasivo, se le queda cara de póquer – otro rasgo tradicional en el género negro - o de perplejidad o de mirarse al espejo para preguntarse: pero en realidad ¿qué ha pasado aquí? o ¿quiénes son qué?

Y esto no sé si es bueno o no, aunque desde luego, malo no parece que sea. Claro que no. Es únicamente una peculiaridad más del roman policier.

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‘Pájaro en mano’, de Juan Madrid. Ediciones B, 2007. Precio: 18 euros, 291 páginas.

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