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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Apertura catártica

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
martes, 20 de noviembre de 2007, 04:18 h (CET)
Al principio, y no digamos al final, son tantos los DISFRACES, tantas las mentiras; que ya cuesta percibir la realidad de cada persona. ¿Quién es quién en esta farsa? Incluso uno mismo queda hipnotizado por esas sucesivas capas de cebolla adheridas a su persona en cada actuación. Si osamos referirnos a los entes públicos, la mascarada alcanza dimensiones alarmantes, es casi total. Se mezcla lo superfluo con las características propias de las personas. ¿Cómo diferenciarlos? Ni tan siquiera parece interesarnos demasiado el dilema. ¿A qué viene la reclamación de lo humano cuando previamente lo enmascaramos?

Se impone un retorno al núcleo sencillo de lo que somos; no es poco, no es poco. Si no partimos de ahí, cómo lograremos unas convivencias meritorias, ¿Quiénes convivirán, auténticos fantasmas? En esta aclaración resulta interesante el concepto de SIMBIOSIS, “con” “medios de subsistencia para la vida”. El primer requisito, el más elemental, será la realidad de uno mismo; cuando no exista ese núcleo, una persona bien plantada, las diferentes aportaciones carecerán de un sentido apropiado. Cuando prescindimos de los más básico, la vida y la personalidad de cada individuo; estamos contribuyendo a la mascarada general, a la creación de un monstruo agresivo que se nos va de las manos. Originamos unas estructuras inclementes, por que no tienen en cuenta lo más íntimo y esencial del ser humano.

De tal manera evolucionan los andares sociales, con tal desprecio hacia la simbiosis más elemental, que la deriva apunta a una masa MOSTRENCA, sin un asiento merecedor de ese nombre, ni raíces, ni conceptos; únicamente, dóciles muñecos dirigidos por el titiritero de turno. Nuestra pasividad, la escasa reacción que ofrecemos, es cómplice de esa desoladora imagen. Me impresiona la escasez de voces católicas cuando algun exobispo expresa sus maléficas ambigüedades,¡A que adivinan su nombre!. Confio en la fortaleza de una Justicia, sometida al acoso de una destemplada zarabanda política; aunque mis temores ahí están. A este paso, nos marcan las memorias, quieren pautarnos el comienzo y el fin de la vida; arramblan con cada matiz de la convivencia. ¿Será cuestión de disfrutarlo? ¿Hay que aclimatarse a estos deslucidos tiempos?

Nos vendría bien una suerte de Renacimiento Siglo XXI, por que la orientación mostrenca sólo conduce a miserias mentales y sociales. Precisamos de un DISCERNIMIENTO esclarecedor para detectar la maraña insustancial nociva y percibir unos valores mejores. Si tienen oportunidad, revisen alguna de esas “Gravitaciones” de nuestro inmenso Chillida, unas en dibujos, otras en materiales plásticos. Representan estructuras adheridas al lienzo o pared, en diversas fases de su caída por acción de la gravedad; unas resisten más y otras se desprendieron antes, la figura se muestra incompleta. Chillida nos abre los ojos a la distinción, la uniformidad es poco humana, los factores diferentes alcanzan el espacio diferenciados, los conceptos no son iguales entre sí. Para atenuar las penurias precisamos de esa apertura de la mirada, con viveza; lo malo, lo bueno y lo peor, son distintos, hemos de discriminar.

Ceñidos a ese discernimiento nos acercaremos al entorno social como personas de características desiguales; unos más perceptivos, otros más pragmáticos, más y menos inteligentes, con una ristra interminable de cualidades y defectos. Esa diversidad es la única forma que permite la consolidación de unas relaciones verdaderas; ¿Se imaginan esas conductas si todos fuéramos sujetos clonados? La imaginación, la ilusión, las pasiones y también la razón, constituyen armas potentes para modificar las relaciones hurañas y dependencias que se van enseñoreando de los ambientes –Metro, barrios, políticos, xenofobia-. La alegría de acogernos a las PECULIARIDADES nos facilitará la vía de escape frente al marasmo cultural al que nos empujan. Aligerados de mentiras igualitarias adobadas con propagandas y falsedades nefastas, podremos ejercer con la responsabilidad personal, con auténticas vivencias de cada quien.

Cuando vivimos entre indecisiones o engaños, cacicadas de cuño moderno y globalizaciones, aún se utiliza algún subterfugio más para que no independicemos nuestros criterios. Me refiero a los DUALISMOS maniáticos empleados a diario. Se trata de un comportamiento vicioso, en él sólo se admiten dos caminos. El sí o el no, blanco-negro; y de esta guisa, todo género de simplismos. Extranjeros o no, como si unos y otros conformaran una unidad homogénea. Derechosos o izquierdosos, cuando las definiciones se complicaron en las trapisondas históricas. La vida no se puede someter a ese etiquetado simplón y burdo; de admitirlo, entramos dócilmente en la trampa del aturdimiento. No es suficiente este dualismo para una correcta simbiosis con nuestra propia vida. No contribuyen a expandirnos el pecho por la satisfacción de una vitalidad más auténtica.

La simbiosis empieza con lo personal, con ese discernimiento mencionado y con el proyecto vital de cada uno, sin subterfugios dualistas o de peor calaña. ¿Cómo afrontaremos tantas coerciones o impotencias cuando nos vienen encima a diario? Es imprescindible una buena CATARSIS liberadora, un procedimiento que facilite la eliminación de la mugre abrumadora. Dirigismos políticos absurdos con visos de absolutismos democráticos, más cercanos de lo previsto. Ideologías castrantes con más deisfraces que un camaleón. ¿Egoismos? Como un tren de altísima velocidad. Agresividad, en estadios, ciudades, taxis y domicilios propios. Diplomacias intemperantes y ocultadoras. Son desmanes que no se aminoran con el enquistamiento y la quietud.

Late en el ambiente un desinterés muy extendido hacia la comprensión de los acontecimientos cotidianos, domina la chacota y la frivolidad. Estén implicados el Rey o los chavales y chavalas asesinados, se hunda la Sagrada Familia de Gaudí o surja un desastre de la Naturaleza; las reacciones no suelen ir más allá de lo anecdótico. Con esa desidia general, los inconvenientes se afianzan, la escoria y la brutalidad proliferan. Eso no supone ningún alivio.

Estamos ante un requerimiento ya ineludible, precisamos de un mayor número de ciudadanos que razonen bien y se pronuncien sobre los acontecimientos. Jaspers hablaba de “La comunidad de los hombres razonables”. Algo así es menester que se haga patente en nuestras sociedades. A ver si resulta que es una petición excesiva; de ser así, ni catarsis ni porras, sigamos disfrutando de las lindezas al uso. Abrir la puerta pa ná …Si la abrimos, que sea para la entrada de unos aires de mejora y superación. ¿O no? Los ciudadanos de bien han de atravesar la puerta, los necesita cada uno de los integrantes de la comunidad.

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