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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Pitada al Himno Nacional   -   Sección:   Opinión

Leticia elude la pitada y las tristes tribulaciones del PP

Entre las muchas equivocaciones del PP estuvo no tomar nota de los resultados en las votaciones para el Parlamento Europeo
Miguel Massanet
lunes, 1 de junio de 2015, 22:01 h (CET)
Ya nos temíamos que la reina Leticia se escaquearía del partido, del sábado pasado, entre el Barcelona y el Atlético de Bilbao. SM el rey de España, don Felipe, estuvo en su sitio, aguantó con estoicismo la que se le vino encima y supo mantenerse sereno sin expresar el natural descontento que le debió causar el griterío atronador de un público que daba la sensación de haber ido al partido, más que para ver ganar a su equipo, para darse “el gustazo” de pitar y rebuznar desde sus localidades, al amparo de la protección que brinda la masa que todo lo puede y todo lo disimula, en uno de los ejercicios mayores de cobardía y cinismo, muy propio de aquellos que, para liberar sin peligro sus demonios personales escogen arroparse en la clandestinidad y el anonimato de la multitud. No soy monárquico ni creo que sea el régimen más adecuado para esta nación, pero sí respeto las leyes, la democracia y a quien hoy en día representa la figura de Jefe del Estado en un Estado de Derecho, algo que deberíamos recordar a todos aquellos que vienen confundiendo el ocupar un cargo público electivo con el derecho a cambiar las leyes o a infringirlas, sólo porque a ellos no les parezcan bien.

Nada más se puede entender en la persona de una señora por la que no corre la sangre real, que ocupa un lugar para el que no fue preparada, a la que le falta este sentido de la responsabilidad, este toque de dignidad y saber estar del que están investidas aquellas personas que saben que su vida está destinada a servir a su nación. Sin duda alguna la reina Leticia, el sábado pasado, debió de haber insistido en acompañar a su marido, el Rey, en el palco del estadio del CF Barcelona, para darle apoyo moral, demostrar su compromiso con la corona y demostrar a los que convirtieron el Camp Nou en un gallinero de gallinas desplumadas, exhibiendo su falta de educación y confundiendo un partido de fútbol con un mitin político o una manifestación callejera, que ocupaba el puesto que la correspondía y no se trataba de una it Girl, como se la ha calificado en algún medio de prensa, sólo preocupada en lucir en las fiestas, ponerse ropa cara y andar envarada, como si todo el mundo tuviera que rendirle pleitesía. Lo que sucede es que, en este mundo, para ser valorado, respetado, reconocido y estimado, es preciso ganárselo a pulso; lo que supone hacer algo más que reunirse con amigos de la farándula, salir con amigas, acudir a actos de caridad o exhibirse como una modelo buscando la admiración de la gente. Parece que, con su ausencia del palco del estadio junto al Rey, ha perdido la oportunidad de demostrar su capacidad para el puesto que ocupa, algo que la reina Sofía supo hacer, a la perfección, durante todo su reinado.

Y ahora dediquemos unos momentos a comentar este verdadero mare mágnum que parece que tiene lugar en el seno del partido en el Gobierno; en el que parece que nadie se da cuenta del espectáculo que están dando; de la gravedad de la situación del país, a punto de caer en las garras del comunismo y el separatismo, y de la necesidad de que salga alguna persona, en el PP, con los arrestos y la autoridad suficientes para poner orden dentro del partido y empuñe las riendas con firmeza, al efecto de intentar salvar del naufragio todos aquellos valores, principios y tradiciones que caracterizaron a este partido, junto a los miembros honrados y valiosos que, no dudamos, que todavía queden, dejando que se hundan en el abismo todos aquellos que, con sus actitudes vergonzosas, sus delitos económicos y sus estafas a la confianza de los que los votaron, han conseguido poner al PP a los pies de los caballos y en una situación que, si Dios no pone remedio, puede acabar conduciéndole a su autodestrucción.

El panorama que se presenta después de la debacle del PP, en las elecciones del 24 de mayo, no puede ser más inquietante si es que se tiene en cuenta que, el PSOE, tradicional partido de la alternancia a la derecha, está haciendo aguas por los cuatro costados, entregado a la vorágine de intentar aparecer como el vencedor, después de haber perdido dos puntos por debajo de los nefastos resultados que obtuvieron el 20N del año 2011. La postura adoptada por Pedro Sánchez intentando, siguiendo las huellas de Rodríguez Zapatero, ningunear a un partido que ha sido, a pesar de sus malos resultados, el más votado en España, y aplicarle el mismo “cinturón sanitario” que se acordó en su día, mediante el pacto del Tinell; nos parece una táctica absurda, porque deja de tener en cuenta a unos millones de españoles que votaron a la derecha y que, por los resultados obtenidos ( en muchos municipios y autonomías fueron los más votados aunque, por cuestión de alianzas, la izquierda les niega este a gobernar en alcaldías y autonomías en los que fueron mayoritarios) no ha conseguido la mayoría absoluta.

Es posible que, entre las muchas equivocaciones del PP, estuviera no tomar nota de los resultados en las votaciones para el Parlamento Europeo, el haber ignorado durante años el problema catalán y el haberse desentendido de las bases, haciendo una política más de búsqueda del consenso, de temor a la reacción de la oposición y blanda ante los graves acontecimientos que han tenido lugar en las calles del país, azuzados por las izquierdas y apoyados por ellas en el Parlamento. Con una holgada mayoría absoluta la política excesivamente mojigata del señor Rajoy, su miedo a tomar el toro por los cuernos y sus cesiones a las exigencias de aquellos que buscaban derrocarlo del poder, han sido una constante que le ha granjeado la desafección, no sólo de los que le votaron por estar hartos de la incapacidad de Zapatero, sino por quienes lo votamos convencidos de que sería capaz de poner orden en todo ( no sólo en la parte económica) lo que los socialistas, con sus leyes, sus imposiciones y los apoyos de las izquierdas, consiguieron implantar durante sus dos legislaturas.

Seguramente, si hace medio año, si cuando vieron que lo de Catalunya no cedía, que los problemas de orden público se acentuaban y que, la posible llegada de un principio de mejora económica no bastaría para taparles la boca a unos separatistas amenazantes y de unas izquierdas dispuestas, por todos lo medios, a arrebatarles el poder por los caminos legales y los ilegales si se diera el caso; hubieran celebrado un congreso y se hubiera puesto a prueba el liderazgo del señor Rajoy y su equipo ( en gran parte culpable de la política equivocada que se ha llevado a cabo, excepto en el aspecto económico) y se hubiera hecho cambios en la cúpula del partido y en el mismo gobierno, es posible que, después de un primer periodo complicado, las aguas se hubieran remansado, los votantes valoraran los esfuerzos regenerativos y el regreso del PP a aquellos principios y valores de los que nunca se debieran de haber apartado; con caras nuevas y personas sin antecedentes que pudieran perjudicar su candidatura, es muy posible que hubiera servido de revulsivo y que los que, por enfado, no los votaron en las europeas y en las municipales y autonómicas regresaran al redil, otorgándoles su voto.

Y, seguramente, esto sería así si tenemos en cuenta que, el PSOE, en lugar de intentar recuperar su puesto natural de centro izquierda, ha preferido abandonarlo para entrar en la órbita de Podemos o de la señora Ada Colau, para intentar arrancar alcaldías al PP, con lo que corre el gran riesgo de que, muchos de sus votantes, que no comulgan con el extremismo, el comunismo radical y las absurdas propuestas económicas del grupo de Pablo Iglesias, , traspasaran su voto a formaciones más serias y menos peligrosas como el PP o, en su caso, a los Ciudadanos del señor Ribera. No hay duda de que empecinarse en presentar a don Mariano de nuevo como candidato del PP, sin querer restarle méritos, ni capacidad, ni inteligencia, ni honradez, será, sin duda, una apuesta muy arriesgada, si es que se pretende darle la vuelta a esta coalición de izquierdas que intenta, con bastantes posibilidades, echarles del gobierno.

O así es como, desde la óptica de un ciudadano de a pie, veamos con escepticismo, estos intentos de promocionar, para un nuevo mandato, a un señor que no goza, ni mucho menos, del beneplácito de los votantes.
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