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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

A través de las cañadas

Francisco Arias Solís
Redacción
viernes, 16 de noviembre de 2007, 20:04 h (CET)
“Por allí, por allá,
a Castilla se va.
Por allá, por allí,
a mi verde país.”


Rafael Alberti

Los orígenes de las tradicionales rutas ganaderas podrían remontarse hasta finales del periodo paleolítico si nos atuviéramos a las primeras migraciones de la fauna española. Cuando los hombres se iniciaron en la ganadería, esas viejas rutas migratorias fueron utilizadas para el desplazamiento del ganado.

Desde 1273, año en el que rey Alfonso X El Sabio creó el Honrado Concejo de la Mesta, los derechos de paso concedidos a esta asociación fueron creando una auténtica red de vías pecuarias, que como una tela de araña, comunica prácticamente toda la península Ibérica.

Además de su función ganadera tradicional, estas cañadas (y sus ramales menores denominados cordeles, veredas, coladas, descansaderos...) constituyen vitales rutas faunísticas que intercomunican parques, reservas y espacios naturales, evitando el aislamiento genético de las especies y haciendo posible el sueño de un uso colectivo y ecoturístico de envidiables proporciones.

Esta enorme red de comunicaciones alcanza la cifra de 125.000 kilómetros de longitud y comprende una superficie de 420.925 hectáreas de dominio público, lo que supone cerca del 1 por ciento de la superficie peninsular. La milenaria red española de vías pecuarias (un complejo entramado de amplios caminos verdes 15 veces más extenso que la red ferroviaria) serpentea a través de la piel de toro atravesando un mínimo de 40 provincias en un sentido predominante Norte-Sur.

Andalucía es la primera Comunidad Autónoma en cuanto a longitud (30.945 kilómetros) y superficie (112.664 hectáreas) de sus vías pecuarias, y, la extensión de las mismas equivale a 2,3 por ciento del total de la superficie andaluza. Por su parte, Sevilla, es la provincia española que cuenta con una mayor longitud de vías pecuarias (6.009 kilómetros), y también la de mayor extensión (25.594 hectáreas). Mientras que Cádiz, con una longitud de la red de vías pecuarias de 4.124 kilómetros, y una superficie de 19.025 hectáreas, sobresale entre todas las provincias españolas por la mayor densidad de su red, que supone el 2,6 por ciento de la superficie gaditana.

En muchas zonas del país puede constatarse que no quedan vías pecuarias expeditas, todas están ocupadas parcialmente, algunas cortadas y muchas desaparecidas en su totalidad. En Andalucía, se estima que el 75 por ciento de la superficie de la red de vías pecuarias se haya ocupada ilegalmente. El latifundio andaluz ha sido catastrófico para las vías pecuarias.

Las primeras acciones en defensa de este patrimonio de todos los españoles tuvieron lugar en Jerez (1786), debido a las usurpaciones que sufrieron varias cañadas, Moscatel, Mora, Varga..., por los grandes propietarios de las tierras colindantes. En el año 1836 fue abolido definitivamente el Concejo de la Mesta y las usurpaciones afectaron prácticamente a todos las cañadas. Tampoco las leyes han favorecido mucho la protección de este patrimonio y las Administraciones responsables han mantenido históricamente una actitud de consentimiento y permisividad ante la progresiva usurpación de la red de vías pecuarias.

Pero después de tantos años, más bien siglos, de abandono, parece que a partir de las últimas reivindicaciones, la Junta de Andalucía y otros gobiernos autónomos pretenden restituir el carácter público a nuestra gran ruta verde.

Se hace preciso recuperar esa enorme ruta verde que comunica todos los mares que bañan a la península Ibérica y que une a casi todas las comarcas españolas. Y como dijo el poeta: “Quiero ir por allí / quiero por allá. / A la mar, por allí, / a mi hogar, por allá”.

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