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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Recogemos lo que hemos sembrado

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 16 de noviembre de 2007, 06:02 h (CET)
Un tema tan noticiable como el del incidente protagonizado por el Rey y Hugo Chávez debe ser contemplado desde los varios ángulos bajo los cuales se puede enfocar. Si comentábamos ayer la oportunidad y la espontaneidad de la intervención de SM para acallar al dislocado dictador de Venezuela; bueno será que intentemos remontarnos a las causas de que, una situación tan tensa, se haya producido y, precisamente, a cargo de los teóricos amigos del señor Rodríguez Zapatero. No creo que el patoso de Chávez dijera lo que dijo sin haberlo pensado aunque fuera mínimamente (si es que un sujeto de su catadura sabe utilizar sus neuronas mejor que lo hace un simio cualquiera), al menos sin que tuviera una finalidad preconcebida, porque es evidente que un empecinamiento como el que él puso en ofender a la Nación española, al anterior Presidente del Gobierno, señor Aznar, y a la clase empresarial; no puede entenderse si no se contempla bajo la perspectiva de una táctica preconcebida. La pinza con la que intentaron acorralar a la delegación española, en la XVII cumbre Americana, protagonizada por Chávez y Daniel Ortega, el sandinista de Nicaragua, daba la sensación de que estaba programada de antemano, Si el primero demostró su zafiedad y falta de respeto cuando el señor Zapatero hacía uso de la palabra, el segundo no se anduvo con chinitas cuando se trataba de poner de vuelta y media a las empresas españolas que han invertido en su nación.

Pero es que, si lo analizamos con alguna frialdad, nos deberemos preguntar cuáles son nuestros contactos con las naciones del Cono Sur, a cuáles nos hemos arrimado y en cuales hemos aterrizado para hacer nuestras inversiones. Lo primero que se me ocurre es que todas las empresas que se arriesgaron a poner su dinero en aquellas naciones, se equivocaron; se equivocaron con toda probabilidad, por confiar en las informaciones que recibieron de sus contactos en ellos y se equivocaron por hacer caso a los consejos recibidos desde las autoridades financieras dependientes de nuestro Gobierno. Si en la Bolsa es malo arriesgarse en valores volátiles y de dudosa solidez en las inversiones en el extranjero sucede lo mismo. En segundo lugar, y quizá como representación de lo que ha sido nuestra política exterior durante el periodo en que vienen ostentando el poder los socialistas de ZP; es la tendencia de nuestra diplomacia, encabezada por el señor Moratinos, de acercarse a todas aquellas naciones dominadas por regímenes revolucionarios no de izquierdas, sino verdaderas dictaduras stalinistas. ¿Qué se puede esperar de sujetos de la altura intelectual de Chávez, Evo Morales o el de Ecuador, Rafael Correa? Sujetos imbuidos del resentimiento del indígena frente al antiguo conquistador y con niveles insuficientes de preparación, tanto en el aspecto educativo como en el económico, que los convierten en el clásico dictador, incapaz de dirigir a una nación moderna hacia la prosperidad y que acaban, como ha sucedido con todas las dictaduras comunistas de la historia, conduciendo a su pueblo a los niveles más bajos de pobreza y miseria.

¿Qué podemos esperar de tales amigos? Y ,¿Qué podemos esperar de nuestra diplomacia cuando está dirigada por un ser tan incapaz como es el señor Moratinos? Tengo una duda: no sé si es más inepto o tiene peores intenciones. Estos resabiados de las izquierdas pueden ser muy peligrosos. Observemos su actitud durante el rifirrafe del Rey con Chávez. De espaldas a Chávez como si quisier ocultar el rostro para que no se le notar la sonrisa de satisfacción de su rostro al presenciar aquel enfrentamiento que seguramente le llenó de gozo. No olviden ustedes que el señor Moratinos protagonizó una sonada polémica cuando, en el Aula Magna de la Universidad Complutense de Madrid, acusó a José Maria Aznar nada menos que de conocer y colaborar con el golpe de estado del 2002 contra el presidente Chávez ( visto lo visto no hubiera sido ninguna desgracia que se hubieran librado de este nuevo Fidel Castro) acusándolo de “golpista”. Y nunca quiso rectificar. Con estas municiones no nos debemos extrañar que el dictador de Venezuela se despachase a gusto con nuestros representantes. Y es que tanto Zapatero como Moratinos están cosechando lo que han sembrado. Les pudieron sus instintos tercermundistas, sus atávicas tendencias y sus rencores personales para arrimarse a lo peor de latino América y, apartarse de quienes, a su juicio, eran los máximos representantes del capitalismo o sea los países amigos de occidente, los colaboradores de Occidente y aquellos con los que nos hubiera convenido mantener unas buenas relaciones comerciales e industriales. Antepusieron su frente populismo a los intereses de España y, ahora, estamos comenzando a experimentar las consecuencias.

Ya sabemos quienes son los que han criticado al Rey por su intervención, como siempre han sido aquellos que prefieren tener a una España débil, maleable y propicia para ser descuartizada sin resistirse. Esta izquierda endémica que vegeta a costa de las ubres estatales, estos separatistas que aguardan agazapados cualquier signo de debilidad del Gobierno o del mismo Estado; estos son los que se molestan cuando el Jefe del Estado saca su vena española y da un puñetazo sobre la mesa para cuadrar y poner firmes a un tipejo que ha pretendido subírsele a las orejas. Les sorprende, no lo entienden y por supuesto… los fastidia. Ya sabemos que también entre esta derecha melíflua, asustadiza y contemporizador también los hay, como el Gallardón y algunos otros, que prefieren creer que, con una derecha sumisa y blandengue va a conseguir arrebatarles a los socialistas el Gobierno de España y, si hiciera falta, también están dispuestos a colaborar con ellos para acabar de rematar lo poco que nos queda de nuestras raíces ancestrales y de nuestra moral y ética cristiana. Pero eso son las lentejas que tenemos, un partido socialista crecido pero incapaz de gobernar la nave hacia un futuro de orden y prosperidad y una derecha que no acaba de desprenderse de sus complejos emperrada en parecer más izquierdista que la propia izquierda como si quisiera hacerse perdonar el haber sido la que, con Aznar, elevó a nuestra Nación a las más altas cotas de bienestar económico y la más alta consideración entre nuestros vecinos europeos. Pero somos masoquistas y nos gusta herirnos a nosotros mismo. ¡Pues vaya idiotez!

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