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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Cabeza de turco

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 15 de noviembre de 2007, 06:04 h (CET)
Cabeza de turco es la persona sobre quien se cargan los platos rotos. Es alguien que no teniendo nada que ver con el asunto, se le responsabiliza de ello. Esta manera de escurrir el bulto no es de recién cuño. Se ha dado desde los mismos albores de la humanidad. Eva pecó. Adán la acompañó en el desaguisado. El pecado impulsa a nuestros primeros padres a esconderse de la presencia de Dios. Se ocultan entre los árboles del huerto. Doquiera se halle el escondite Dios los encuentra y les dice: “¿Por qué os escondéis?” “Oh, Señor, es que estamos desnudos y sentimos vergüenza”. “¿Quién os ha dicho que estáis desnudos?” La primera acción histórica de sacudirse las pulgas. “La mujer que me diste por compañera…”. “La serpiente me engañó, y comí”. Ni el hombre ni la mujer quisieron reconocer su culpabilidad. La mujer que me diste, dice el uno. La otra, la serpiente. Desde el inicio de la Historia hasta su final ha sido y será así. Hacemos grandes esfuerzos para ocultar a los otros nuestros propios pecados y miserias. Este hecho de traspasar responsabilidades puede llegar hasta extremos muy dolorosos. En nuestro país, para no ir más lejos, se culpó de los males que padecía: pestes, hambrunas……a los judíos. El resultado fue el pillaje, el sufrimiento, el destierro, la muerte de millares de judíos. Se necesitaba una cabeza de turco para desviar la exaltación popular que amenazaba con una revuelta que podría acabar con el orden establecido.

El proceso de buscar cabezas de turco va desde el plano individual al colectivo. Todas las capas sociales están manchadas por este pecado. Incluso el deporte, el espíritu del cual debe contribuir al establecimiento de la paz y de la buena convivencia, está afectado por esta epidemia. En el fútbol, para ser más concretos, con frecuencia, el equipo perdedor acusa al árbitro de ser el causante de la derrota, debido a su mala actuación. Una vez se inicia el proceso de transferencia, el alcance es insospechado. El equipo pierde. En la rueda de prensa que da el entrenador después del partido, a veces con razón, otras sin ella, culpa al árbitro de haber favorecido con sus decisiones al otro equipo. La queja no siempre queda limitada al árbitro. Hasta ahora, que yo sepa, nunca se ha acusado a un árbitro de favorecer al equipo contrario en razón de su procedencia. Pienso que Bernd Schuster ha sentado precedente cuando en su comparecencia ante los medios de comunicación después del partido en que el Real Madrid perdió frente al Sevilla , refiriéndose a la actuación arbitral dijo: “¿Es catalán? No hay más que decir”.

Ante el alboroto que tal declaración ha provocado, el entrenador alemán se ha excusado diciendo que sus palabras han sido mal interpretadas. No da el brazo a torcer. Ni pedir disculpas aún cuando sea de manera protocolaria. Al ambiente crispado que se da en España con respecto a Catalunya y sus ciudadanos, la declaración del Mister contribuye a echar más leña al fuego. Son preocupantes. Gracias a las campañas de partidos políticos, con la ayuda de los medios de comunicación que les sirven fielmente, se crea un ambiente anti catalán que no puede tener un final feliz si no se le pone remedio. No se resolverán los problemas de España escogiendo como cabeza de turco a Catalunya y a sus ciudadanos. Se tiene que tener la valentía de coger el toro por las bañas y enfrentarse a los problemas con realismo y con el ánimo de darles solución justa.

Dejemos a un lado el fútbol y Catalunya. El pecado que llevamos dentro, que nos viene de la desobediencia de Adán, es el culpable de que queramos esconder la responsabilidad de nuestras acciones y traspasarlas a una cabeza de turco. Ante los hombres puede dar resultado un cierto tiempo. No así con Dios. Éste lo conoce todo. Los más íntimos pensamientos no se le escapan de su conocimiento. Siempre da a cada uno conforme a las intenciones de su corazón. Es una locura, pues, intentar esconderse de su presencia. Lo sensato es reconocer los propios errores y confesarlos a quien puede corregir nuestro comportamiento. Nuestra sociedad sería más apacible y la convivencia entre sus ciudadanos más fraternal, en definitiva más próspera, si no se buscaran cabezas de turco para eludir, sin conseguirlo, la responsabilidad de nuestro comportamiento, sea en el plano político o individual.

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