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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Que te calles, Hugo

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 12 de noviembre de 2007, 02:43 h (CET)
Por unos momentos en lugar de estar presenciando una cumbre de políticos creí estar en alguno de esos programas mal llamados “de corazón” en los que unos a otros se increpan, no se ceden educadamente el turno de palabra y todo termina como el rosario de la aurora o con el abandono del plató por parte de alguien que se siente profundamente ofendido. Pero no, por la televisión pasaban el momento cimero de la XVII Cumbre Iberoamericana que se ha celebrado estos días en Santiago de Chile. El trío protagonista estaba formado por Hugo Chávez, presidente electo de Venezuela, José Luís Rodriguez Zapatero, presidente electo de España y Juan Carlos I de Borbón, Rey de España.

En estas cumbres iberoamericanas ya es sabido que es difícil que todos los países se pongan de acuerdo. Unos continúan dependiendo para su subsistencia de la ayuda de los más ricos y, por tanto, siguen a rajatabla las directrices de sus mentores y otros intentan poder ser ellos mismos contra viento y marea y en más de una ocasión mean fuera de tiesto. Y en todas las cumbres siempre hay algún gobernante que con sus actuaciones las hace unas veces más jocosas y en otras ocasiones concita las iras de gran parte de los asistentes. Antes este papel lo tenía reservado y en exclusiva Fidel Castro, ya saben que la antigüedad es un rango, pero ahora con el mandatario cubano en el dique seco de la enfermedad es su buen amigo y compinche Hugo Chávez el encargado de animar con sus salidas de tono el gris de estas reuniones de gobernantes.

El mediático directivo venezolano ya había ido calentado motores en los momentos previos a la cumbre mediante su reunión, muy criticada, con los miembros de la guerrilla de la FARC llegando de madrugada a Santiago de Chile entonando una ranchera, aquella que dice “No soy monedita de oro pa caerle bien a todos”. Chávez es consciente de que su postura política no es bien vista por muchos de los dirigentes presente en la cumbre pero tanto le da, él les canta una ranchera o les endilga una de sus peroratas televisivas y quien no quiera polvo que no vaya a la era debe pensar para sus adentros el mandatario bolivarista.

Pero también desde otra parte se había, quizás sin quererlo, elevado el calor de la reunión. Díaz Ferrán, presidente de la CEOE, la mayor organización empresarial de España tan sólo unos días antes se había dedicado a mostrar su preocupación y la de los inversores españoles por la inseguridad jurídica existente en Venezuela, Bolivia y Ecuador, países con gobiernos entre cuyos proyectos figura el conseguir que el capitalismo extranjero deje de expoliarles como si todavía estuviéramos en los tiempos en los que Colón y sus mesnadas cambiaban cuentas de vidrio por oro a los aborígenes de aquellas tierras, cosa que, naturalmente, no es plato de buen gusto para el capitalismo inversor.

El terreno estaba abonado y Chávez veía campo abierto para lanzar sus diatribas en esta ocasión contra Aznar cuyo gobierno, según él, apoyó el golpe de estado que intentó apartarle del poder en el año 2.002. Pero a Hugo Chávez le perdieron, una vez más, las formas. Se puede tener razón, puede ser cierto lo que dice pero no era ni el lugar ni el momento oportuno para decirlo. El respeto hacia el contrario es incuestionable en estos casos y el presidente venezolano fue totalmente irrespetuoso hacía un presidente español, Aznar, que tal vez se ha ganado a pulso los improperios chavistas pero que debe ser defendido, como lo fue, por el representante del Gobierno español allí presente.

Cuestión aparte es la actuación del ciudadano Borbón quien goza de muy buen predicamento en muchos lugares de Latinoamérica pero no olvidemos que el máximo representante español elegido en las urnas y presente en el incidente era José Luís Rodriguez Zapatero. El Rey de España, no lo olvidemos, en política es una mera figura decorativa y su esmerada educación le debía haber hecho permanecer en el lugar y no abandonarlo precisamente cuando otro mandatario, en este caso el de Nicaragua, estaba en el uso de la palabra criticando a una empresa española aunque quiero recordar que el capitalismo no tiene estado ni nación. Este “por qué no te callas” de Juan Carlos I al presidente electo de los venezolanos se va a hacer tan famoso como aquel “que te calles Karmele” de Jesús Mariñas a su rubia compañera en el plató de Tómbola y su abandono de la sala algunos lo compararan con la “espantá” de la Patiño ante la antigua domadora de elefantes. Mala cosa esta cuando los soberanos comienzan a comportarse como algunos que otros gritones periodistas de la víscera.

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