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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

El escote de Victoria Beckham

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 12 de noviembre de 2007, 02:43 h (CET)
Conste que a mí nunca me ha gustado Victoria Beckham. Demasiado delgada y relamida para mi gusto. Y no, no se trata de que la zorra diga que no le gustan las uvas de la parra que nunca podría alcanzar. Cierto que yo jamás podría alcanzarla pero tampoco ella es un racimo de uvas. Tal vez sería mejor hablar de un par de apetecibles naranjas presentadas en el escaparate de su escote.

A mí nunca me han gustado esas señoras que van tan de exquisitas que no saludan al vecino para no desgastarse el piquito de la lengua, aunque no se las conoce oficio de provecho ni cultura superior a la de un peón caminero. Ni me gustan tampoco las que tienen un cuerpecillo tan escurrido como la spice pija esta que me recuerda la ya obsoleta imagen de los enfermos tísicos. Eso sí, el escote que aparece hoy en la foto de portada de varios periódicos me ha llamado la atención, me ha hecho tilín. Sólo tilín, dado que yo estaría infinitamente incómodo al lado de esta mujer con cuerpo de muñequita de porcelana. Me daría un miedo enorme respirar un poco fuerte por si se rompe. No te digo ya si me da la alergia a algo y estornudo.

Asomarme al vértice de ese escote me marea, escurrirme por sus profundidades debe ser como perderme en un laberinto de cristal, del que ni conoces la salida ni ves los límites más próximos. Atravesarlo es más arriesgado que atravesar el estrecho de Gibraltar a nado e infinitamente más divertido que atravesarlo en una tabla de surf sin abandonar la misma ola.

Y sin embargo la polémica está, según creo entender después de mi precipitada lectura, en que la buena mujer se ha hecho colocar unas prótesis artificiales, un rápido recauchutado, vaya. Qué dislate, qué desperdicio de tinta y papel los que se utilicen para tal debate, qué desgaste estúpido de tiempo el empleado en atacar a la pobre mujer por tal operación. Qué más dará si ese escote es producto de la Madre Naturaleza sin más o si es efecto del cincel de un cirujano. ¡Y yo que no me creo que su marido esté pensando en el apellido del que la operó cada vez que se deleite con su vista o su contacto!

¡Y eso que el cirujano en cuestión no debía ser ducho en la materia, a juzgar por los resultados! Contemplar el lozano escote y las dos robustas naranjas que lo enmarcan, tan perfectamente redondeadas y apetecibles, puede resultar sumamente entretenido y placentero unos pocos primeros segundos, pero enseguida el curioso espectador se percata del mal emplazamiento de la cosecha de cítricos, pues dichos frutos están situados a tanta distancia uno de otro, están tan artificialmente dispuestos, que no es que entre ellos no se pueda surfear en una sola ola, es que tanta distancia no se puede cruzar ni a lomos de un tsunami.

Yo lo solucionaría encantado si tuviera la oportunidad de colocar mis manos sobre las...

(...perdonen, amigos lectores, hace un rato tuve que interrumpir esta redacción porque mi novia empezó a llamarme muy insistentemente para que le pasara la toalla de la ducha. El caso es que aunque sólo me he entretenido una media hora ya no me acuerdo por dónde iba yo a continuar mi disertación... Ni puñeteras ganas que tengo. En fin otro día será, que me está llamando otra vez)

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