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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Equilibrio vibrante

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 12 de noviembre de 2007, 02:43 h (CET)
Uno de los primeros balbuceos de la vida consciente, es a la vez uno de los más persistentes con el paso de los años; todos anhelamos una vida gratificante, lo más feliz posible. Convendremos en la dificultad inherente a la definición de la misma; del mismo modo que nos cuesta el conocimiento adecuado de sus circunstancias. Los posibles puntos de apoyo o los enemigos, se muestran de manera ambigua, nos cuesta identificarlos. Estamos ante una ASPIRACIÓN común; no obstante, somos incapaces de concretarla en sus detalles.

La imprecisión mencionada nos aboca a un frenesí vertiginoso en busca de esa paz de la vida buena. A su vez, no sabemos muy bien lo que ansiamos. Si dinero, las ambiciones carecen de limitaciones, derivando en insatisfacciones. ¿Salud? Es incompleta casi por definición, con una enormidad de variantes. ¿Paz? Cómo lo ven ustedes con la serie de monólogos intolerantes al uso; hasta la paz interior devendrá en nuevas dificultades visto el desdén hacia la consideración de los mejores valores humanos. Se genera así una FRUSTRACIÓN de varias aristas. No tendríamos ningún problema para alargar la lista.

Con un panorama tan deslustrado no pueden extrañarnos las consecuencias. Mientras dura la rutina o la agitación, un tupido velo encubre los despropósitos. Con ese acoso, muchas personas sufren agotamientos profundos, otras veces presentarán un bochornoso aburrimiento, con la consiguiente desmotivación. Ni la drogadicción, ni los fármacos, resuelven esta pendiente nefasta. Como detalle malo, fíjense como desaparecen las personas como tales, se van desdibujando, quedando números, estadísticas y meros individuos, de significados inquietantes.

Xenofobias, violencias, corrupciones y mediocridad, se presentan como una cruda demanda de reacciones, de respuestas eficaces. ¿Dónde conseguiremos las alternativas? Los extraterrestres, los comités o los consensos aparentes, no parecen las soluciones apropiadas, por su lejanía o por falta de recursos humanos. El gérmen de esa ALTERNATIVA está dentro de cada persona; si allí no surge esa alternativa reactiva, no serán factibles las comunidades meritorias. Es necesario el rebrote de esa semilla de otras cualidades humanas venidas a menos.

Hace unos años, Csikszentmihalyi enfocó con intensidad estas particularidades en su libro sobre la ya famosa “Teoría del flujo” o “Experiencias autotélicas”. Allí propugnaba la aplicación a fondo de las habilidades personales, de esa manera participaría cada persona con intensidad en las diversas actividades. Con esa actitud se conseguiría una plenitud significativa, esta sería la finalidad autotélica, personal. A mi juicio no profundiza lo suficiente en el cuidado y preferencias con respecto a las habilidades; estas pueden desarrollarse o no en el buen sentido. Un terrorista o un magnate corrupto, puede alcanzar una plenitud maléfica y ellos considerarse plenamente realizados.

No es suficiente la organización de un flujo constante de actuaciones, ni la mayor intensidad de las mismas; esa plenitud alcanzada no garantiza un beneficio ni para el mismo sujeto activo. Esta plantación requiere un cultivo esmerado, las malas hierbas salen con fuerza al menor descuido. Esta materia exige sugestión, educación y una elaboración constante. Dice Jodorowsky: “Nuestros yoes se pliegan ante el diamante central. A este no se le puede conocer, pero sí sentir”. Ahora bien, necesitamos el reposo mental suficiente para una percepción adecuada, el flujo hiperactivo no propicia un equilibrio atrayente, precisa de una buena CANALIZACIÓN. De lo contrario, no suele pasar de la provocación de una simple huída, de eludir responsabilidades.

La consideración de los demás como personas, plantea de inicio los límites de nuestros cometidos, se choca con los otros. Toda la savia recogida de aquel interior fecundo, sumada a la de otras personas, supone un potencial enorme, pero es imprescindible una ADAPTACIÓN. No basta la ocurrencia de ser autónomo total en una sociedad. Las actuaciones mantienen una proyección conectada con los demás, con el entorno, no son independientes. Ello debe llevarnos al minucioso cuidado de las mejores cualidades. De no hacerlo así, crece la bestia, simplemente; el muestrario cotidiano es amplio y contundente.

En la vida transitamos por valles y cumbres, con horas bajas y otras fabulosas. Si somos arrastrados por valles y rutinas, quedarenmos aplastados por un derrumbe progresivo. Depresiones, apatías, resentimientos, con un agobio creciente. Ni con todos los antidepresivos de la industria será suficiente. También me referí a la insuficiencia de un simple flujo de actividades inquietas. Si originamos maldades y desavíos, de conformarnos con esa actitud, sólo empeoramos, el valle se hace más profundo. La SUPERACIÓN se impone, la exigencia de una buena creatividad es necesaria, centrada en la explotación de las más altas cualidades que refuercen a las personas. Es decir, habilidades diferentes de cada quién, peculiares, con matices diversos; pero también con el sosiego de una meta óptima. Sin esa meta bien orientada, poco conseguiremos.

No conviene desdeñar un RIESGO. Estimulados por esa cultivación de aspectos personales y de las cualidades más encomiables, pudiéramos descentrarnos. Esas fuertes ilusiones neurotizan si son el único polo de actuación. Estará bien la estimulación con ondas meritorias y fascinantes, pero insistamos en no prescindir de las servidumbres de la vida, pobreza, enfermedades, impotencias o lamentos. Las vibraciones positivas ayudarán a la confrontación con las desgracias. Si no las logramos evitar, busquemos compensaciones.

Me refiero por consiguiente a una TRASCENDENCIA personal y social, derivada de esos fondos de superación personal, con el cuidado esmerado y la multiplicación de ilusiones. Se trasciende primero por contacto directo, familiares y gente cercana, la vibración es contagiosa. A mayor distancia, se nota la diferencia de unas maneras respetuosas y benefactoras, frente al desdén o el frecuente desaliño reinante. A veces la finura de los buenos logros en estos campos rozará la manifestación artística.

La vibración es necesaria como estimulante. El equilibrio atenua las penurias. La reacción frente a una atonía melancólica y estéril, viene impuesta por la dignidad personal.

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