Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘Vidas terrestres’, de Rodrigo Muñoz Avia: la dictadura de lo cotidiano a pesar de todo

Herme Cerezo
Herme Cerezo
viernes, 4 de enero de 2008, 03:53 h (CET)
Tras el éxito alcanzado con su anterior novela, ‘Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos’ que, por cierto, ya se vende en edición de bolsillo, Rodrigo Muñoz Avia (Madrid, 1967) pone de largo su última entrega: ‘Vidas terrestres’. Es este un libro engañoso. Aparentemente forma un todo, una novela, pero una vez finalizada su lectura, una vez desmenuzado – por cierto se lee rápido porque la escritura de Muñoz Avia es ligera, sencilla y de fácil digestión – descubrimos que ‘Vidas terrestres’ podría ser considerado, sin miedo a equivocarnos, como un conjunto de relatos independientes de dimensiones medias, cuyo nexo de unión vendría predeterminado, en primer lugar, por esa cosa extraña, que aparece en todos ellos, un objeto de "consistencia blanda y fría" de origen, probablemente, extraterrestre, y en segundo lugar, por la cotidianeidad que envuelve las vidas de todos los personajes, terrestres y bien terrestres, preocupados pero en el fondo ajenos, a la caída de esos objetos espaciales en varios puntos del planeta y que hace que todo siga igual. La conclusión, por tanto, de toda esta historia y que justifica el título ‘Vidas terrestres’, es que nada cambia nada por muy extraordinario que sea lo que acontece. Que la vida sigue igual aunque a nuestro alrededor ocurran hechos insólitos, que en el fondo nos resbalan. Es la dictadura de lo cotidiano a pesar de todo.

Las dos primeras historias, la de Marga y Paula, íntimamente entrelazadas, nos hablan de desamores y de amores, de fugas (hay una excelente definición del abandono conyugal) y alejamientos, de relaciones de parejas con todos sus aditamentos: tristezas, soledades, lamentos, amarguras, salpimentadas con una preocupada, ¿alguna no lo es?, y tensa relación madre-hija adolescente.

La tercera es el rincón de la soledad, una soledad más intensa, la soledad como opción de vida, que es la que ha escogido un pintor, Pedro, que ha decidido vivir al margen del mundo, sumergido en una nave industrial que hace las veces de aislante del terrenal ruido, de casa y estudio. Pedro es un artista que entiende la pintura como un modo de vida total, como una experiencia existencial, su razón de ser, tal y como afirma cuando manifiesta que "pintar es una actividad mía que tiene que ver con mi manera de vivir, con cómo quiero yo vivir. Pero lo otro, la cantidad de obra que produzco y demás, tiene que ver con el mercado y con el fetichismo que existe alrededor de la obra de arte. A mí eso no me interesa". La vida de este anacoreta se verá soliviantada por una ilusión, un deseo: la presencia de Luz, la periodista que quiere hacerle un reportaje y a la que Pedro desearía retratar desnuda.

La cuarta y última, la de Eduardo es ciertamente hilarante a la vez que triste y con mucho la mejor contada por su dinamismo, por el punto de vista corrosivo que adopta el escritor – qué mejor forma de soltar la lengua sin prejuicios, sin trabas, sin vergüenza, que optar por el punto de vista y los "razonamientos" de un tipo que afirma estar ido: "yo, que estoy loco, he sido prácticamente el único que ha mantenido la calma", aunque matiza que "no tanto como mi madre, ja, ja, ja. Mi madre está lo que se dice loca de atar" – y por la enorme cantidad de cambios en los nombres de los personajes (José María, Shakesperina, Molière, la esposa de Molière, Secretitos, Azafata, Dickens, la mujer añil de Dickens, etcétera), unos cambios que, a pesar de la difícil técnica narrativa que exigen para su manejo, en absoluto nos hacen perder la línea argumental. Todo lo contrario: la enriquecen.

Demuestra Rodrigo Muñoz poseer buenas dotes de observación, que controla las relaciones humanas y las reflexiones que llevan a sus personajes a comportarse como lo hacen. Se nota, además, su oficio de guionista en los diálogos: coherentes, lógicos y con contenido. Sin embargo, los capítulos del principio dan la impresión de que necesitaban algún otro repaso, utilizando el argot de la pintura, alguna pincelada más. Es como si les faltase una vuelta en la sartén, una última edición de galeradas, porque se produce una excesiva repetición de palabras, superflua a mi entender, excepto si esa reiteración constituye un recurso literario cuyo alcance se me escapa. No es nada grave pero, indudablemente, con ese postrero "plus" la cosa hubiera quedado mejor.

No puede negar el escritor madrileño, últimamente parece que sólo leo plumíferos capitalinos (Marías, Orejudo, Montero Glez) que conoce el mundo de la pintura de sobra por cómo se desenvuelve en él. No en vano, sus padres, a los que dedica el libro, han sido pintores y como él mismo ha manifestado en algún medio de comunicación, les debe a ellos su dedicación a la literatura, "gracias al clima artístico que se respiraba en mi casa". Por cierto, la portada es suya, así que parece que los genes pictóricos no se han perdido por el espacio.

Concluyo recomendándoles que lean también el capítulo de Agradecimientos. Ustedes se divertirán y la J. Paul Getty Foundation de los Ángeles, la Biblioteca Pública de San Francisco y el Departamento de Literatura Comparada de la Universidad de Stanford, así como el propio autor, Rodrigo Muñoz Avia se sentirán halagados. Y mucho, ya lo creo.

____________________

Rodrigo Muñoz Avia. ‘Vidas terrestres’. Ed. Alfaguara, 2007. 243 páginas, 18,50 euros.

Noticias relacionadas

“Alhambra”, el nuevo proyecto del fotógrafo Fernando Manso

Una Alhambra decadente, húmeda y solitaria

Sueños de Gloria

Un poema de Aurora Varela

El pasado

Un microrelato de Esther Videgain

Daína Chaviano presenta 'Fábulas de una abuela extraterrestre'

Una novela de original estructura e intensa carga poética

Paso entre tormentas

Una prosa poética de Francisco Castro
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris