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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Contradicciones

Flor De anda Gutiérrez
Redacción
sábado, 10 de noviembre de 2007, 14:24 h (CET)
Este título vendría bien a un chiste de Condorito, o a una canción de Pimpinela; sin embargo, ilustra más bien todas las inconsistencias simultáneas por las que pasa un país entero. Sé que no sería ninguna novedad decir que México es un territorio colmado de contradicciones, un sinfín de sociólogos lo habrán repetido hasta el cansancio, pero es importante poner el dedo en la llaga, demostrarnos a nosotros mismos dónde radican esas incoherencias para intentar corregirlas.

Voy a hacer un ejercicio simple, nacido de mis propias experiencias y reflexiones, con el afán de exponer algunos ejemplos de lo que hablo. Probablemente la realidad sea más vasta, y rebase todo lo que yo pueda escribir, pero a partir de estas cosas cada quien definirá sus propias contradicciones:

1) El gobierno siempre tiene la culpa. Este es el argumento preferido del mexicano: no importa el contexto de las cosas, el gobierno siempre será nuestro verdugo. No importa si yo me la paso rascándome el ombligo todos los días mientras observo un primer plano de Paty Chapoy: el gobierno es responsable de mí, y por consiguiente, de mi presente, mi pasado y mi futuro. ¿Pero qué sucede cuando el gobierno soy yo? La perspectiva cambia drásticamente. Entonces surgen alegatos como "Vengo a ayudar al pueblo, ¿y por qué no? Sacar de pobres a los pobres", y el susodicho personaje que disfrutaba religiosamente cada uno de los chistes de Daniel Bisogno mientras se quejaba del enorme desempleo en el país y le mentaba la madre al presidente en turno, ahora adquiere un tono mesiánico con el que defiende a ultranza el puesto bien ganado en el sector público.

2) No es el gobierno, son los gringos. Abrigados por ese patriotismo que sólo se hace patente en septiembre de cada año, y terminada la dosis de quejas contra el gobierno, aparece otro motivo recurrente: los gringos. Soberbios, frívolos y paranoicos – al menos eso creemos, o nos hacen creer -, nuestros vecinos de arriba son blanco constante de nuestras más elaboradas groserías. Y si acaso nos preguntamos si existe razón suficiente para seguir lanzando misiles verbales desde nuestra pequeña trinchera mexicana, no hay más que voltear a ver como los "perversos" gringos degradan, explotan y discriminan a los trabajadores mexicanos. Primer punto: Es verdad, el desempleo incita día con día a nuestros paisanos a cruzar la peligrosa frontera; sin embargo, debemos reconocer que debe haber algo en ese país que los sedujo a pesar de todo el riesgo inminente. Para hacerlo más claro, ¿por qué no bajar a Guatemala?. Simple: el atractivo de los USA radica en el siempre cuestionado American Way of Life. Cuestionado porque el resto del mundo – incluso en series de ese mismo país como Los Simpson -, lo sitúan como una máscara que oculta de fondo una doble moral, que por un lado exalta valores como la justicia, la libertad y la lealtad, y por otro, pierde fuerza con hechos poco éticos – guerras, intereses económicos – que le restan credibilidad. Sucede que a pesar de todo esto seguimos anhelando esa forma de vida que nos bosquejan en series como Friends o Sex and the City, y no dudaríamos un segundo en aceptar un trabajo bien pagado en Nueva York. Continuamos comprando en Wallmart mientras ISSTE-Tiendas coquetea peligrosamente con la quiebra, y nuestros hijos conocen mucho antes la cajita feliz que los pibipollos. También abundan las escuelas bilingües y mucha gente guarda sus ahorros en dólares.

La crítica siempre me ha parecido justa como una manifestación de nuestro propio criterio; sin embargo, lo que me parece penoso es sacar la voz desde los prejuicios que nos dominan. No critiquemos lo que en el fondo envidiamos.

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