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Rumanos italianos a la carrera

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 10 de noviembre de 2007, 07:06 h (CET)
Lo que viene a continuación es parte de un artículo escrito hace días, con motivo de la nueva posición del gobierno italiano al respecto de aquellos inmigrantes que transgredan las leyes. A la luz de lo que va a empezar a ocurrir lo que entonces escribí adquiere nueva fuerza:

“Admiro a Italia. Porque su gobierno, de izquierdas, conste, no se ha andado con medias tintas y se dispone a purificar y filtrar a los emigrantes deshaciéndose de todos los indeseables. Visto desde España, con tradición de leyes blanditas y poco efectivas, es algo muy de envidiar. Los ciudadanos de España siempre han deseado unas normas menos flexibles que sus gobiernos y sus parlamentarios se han negado a firmar.

En Italia, donde la emigración aumentó un 21% el año pasado, tienen un gobierno de izquierdas al que no se le caen los anillos por emplear la mano dura con los indeseables. Ese Gobierno es consciente del nivel de delincuencia que determinados emigrantes, y sólo determinados, arrastran consigo de país en país, allá donde vayan. Por eso la expulsión de emigrantes indeseables que son incapaces de vivir en una sociedad de convivencia, que no añaden nada a la tarea común, sino que restan al bienestar social, viene bien a toda la sociedad. En beneficio de los ciudadanos honestos esa sociedad tiene que defenderse de quienes perjudican a los que están dispuestos a trabajar duro para progresar, incluidos los propios inmigrantes honestos, la mayoría de ellos.

No es lícito equiparar inmigración con delincuencia. Al contrario, la mayor parte de los inmigrantes son gentes que vienen a desempeñarse en trabajos productivos, que permitan su progreso personal y familiar, pero que también impulsan el país que los recibe, en este caso España, que debe a estas personas buena parte del progreso que estamos experimentando. Los españoles sabemos de la emigración por activa y por pasiva, y no conviene que nos olvidemos de lo que ocurría en nuestras casas hace sólo veinte años, cuando llenábamos trenes con destino a Alemania, Suiza o Francia”.

Hasta aquí la parte de mi artículo anterior a la que me refiero.

Pues bien, dado que lo de Italia parece definitivo y prácticamente puesto en marcha, España y el resto de la Unión Europea no puede quedarse de brazos cruzados, hay que prepararse a defenderse de la chusma que en Italia rechazan y que se nos puede venir encima a nosotros. Miles de rumanos están a la espera de salir de Italia para dirigirse a España, según las propias asociaciones de rumanos, sabiendo que van a encontrarse con las puertas abiertas y unas leyes demasiado “comprensivas”.

Los conflictos que de esto pueden derivarse son fácilmente explicables, más vale prevenir que encontrarnos luego con robos y violencia, recordemos qué tipo de especialidad delictiva suelen practicar quienes han venido del Este. Las consecuencias serían impensables para la convivencia, y para la sociedad en general. Sus consecuencia pueden llegar hasta la política. En España afortunadamente no tenemos una ultraderecha racista y xenófoba, pero no tardaría en aparecer si el descontrol, o la impresión de que lo hay, se impone entre los ciudadanos. Recordemos que en Suiza, un partido de extrema derecha ganó las últimas elecciones, bien recientes. ¿Queremos seguir el ejemplo de la tradicionalmente tranquila y discreta Suiza?

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