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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Asuntos Exteriores o Comadreos exteriores

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 9 de noviembre de 2007, 01:31 h (CET)
No es nada nuevo para nosotros la facilidad del señor Moratinos para errar; ni su propensión a lo que vulgarmente se conoce como “mear fuera del tiesto”, si se me permite la vulgaridad, pero al bajo concepto que teníamos del ministro de Asuntos Exteriores de nuestro Gobierno ahora se le pueden añadir varias “perlas” más que, sin duda, pueden servirnos para ahondar más en el carácter de este ministro del señor ZP, que tanto se ha venido caracterizando por su “acierto” en la elección de sus compañeros de gobierno, tanto en la cuota masculina como en la femenina. Si el otro día comentábamos, respecto a un conocido juez de tendencia socialista, refiriéndonos a las cualidades que deben adornar a una persona que se dedica a la judicatura; quizá, que hoy nos refiramos a las que, inexcusablemente, debe tener un representante de nuestra diplomacia y, aún más, el jefe de toda ella, el ministro de Asuntos Exteriores. De siempre, la carrera diplomática ha gozado de gran prestigio en la sociedad española. Un diplomático debe tener una preparación especial que lo sitúe por encima de la media de las otras licenciaturas que se imparten en las universidades; debe tener un buen conocimiento de idiomas; debe saber de Derecho Internacional; precisa tener un currículo intachable y una vida personal libre de manchas y sospechas que pudieran ser una carga para la eficacia de su gestión. Aparte, se debe caracterizar por su discreción, su savoire fair, su astucia y su eficacia que le permitan desarrollar su cometido con la máxima solvencia, sin comprometer a la nación que representa y evitando ponerla en situaciones de máximo riesgo.

Si tuviéramos que hacer una caricatura o, mejor dicho, un sainete en el que se quisiera ridiculizar festivamente a uno de estos diplomáticos, seguramente escogeríamos a un tipo como nuestro ministro, señor Moratinos. Si nos fijamos en la cantidad de veces que ha pretendido “chupar cámara” con la señora Condoleezza Rice, Secretaria de Estado de los EEUU, sacando pecho de “entenderse muy bien con ella” sin que, hasta la fecha, este entendimiento haya producido fruto alguno en la mejora de relaciones entre ambos países; si, por otra parte, queremos valorar los efectos de su política exterior podremos observar, con verdadera estupefacción, que sus únicos “logros” han consistido en ponernos del lado de los señores Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Fidel Castro; el ramillete de dictadores más sovietizado, totalitario, intransigente y egocentrista de toda la América latina. Pero, donde ya se rozó el colmo de lo rastrero que puede llegar a ser un personaje como él, fue en Marruecos, apoyando la postura de Mohamed VI respecto al Frente Polisario y la conversión del antigüo Sahara español en una autonomía dentro del reino alauita.

Pero no pierdan de vista a este insigne diplomático español y vean hasta que punto su incuria y falta de sentido común pudo comprometer a España y desprestigiar al partido de la Oposición intentando convertirlo en un hazmerreír de la Cámara de Representantes marroquí. La cosa tiene miga porque, si hay un ministro que por su cargo en el Gobierno, se debe mantener apartado de la tentación de exponer las debilidades internas de la política de un país, es precisamente el de Asuntos Exteriores. A este cargo le está vedado ir aireando por doquier los rifirrafes que se pudieran dar de puertas para adentro entre los partidos políticos, solamente para intentar arrimar el ascua a su sardina y poner a parir al adversario. ¡No, señor Moratinos! Usted no puede hacer el comadreo, como si se tratara de una portera, con su homónimo marroquí, el señor Tayeb Fassi Fihri, y largarle una serie de chismes sobre las supuestas “luchas internas” en el PP. Su deber, señor Moratinos, es parar la inmigración árabe que sigue llegando sin ninguna contención a España; su obligación es también dar la imagen de unidad dentro y fuera del país al que representa; su obligación es contarnos la verdad de lo que les está ocurriendo a nuestros soldados repartidos por diversas naciones extranjeras que no dejan de tener “accidentes de circulación “ y, de paso, procurar que los conductores del ejército “conduzcan” mejor para evitarlos. No le compete, por el contrario, denostar al PP para intentar ganarse algunos votos de los extremistas, cosa que por otra parte, no les hacen falta porque ya los tienen en el bolsillo. Alcahuetear con el tema de la Cañada Real, sacándole los trapos a doña Esperanza Aguirre, sólo porque lleva la comunidad madrileña como los chorros del oro y pretender sacarles los colores al Ayuntamiento de la capital por tener un barrio marginal, que intenta erradicar a pesar de los esfuerzos que ustedes hacen para airearlo y desprestigiarlo; cuando tienen ustedes temas como el AVE de Barcelona, los trenes de cercanías que no funcionan, los apagones, las inundaciones en el AVE de Málaga etc.; que les deberían hacer reflexionar sobre sus propias carencias. Pero es que ante tamañas calamidades, no sólo han sido capaces de solucionarlas, sino que siguen manteniendo a la señora Magdalena Álvarez, que ha sido rechazada y repudiada por todo el arco parlamentario menos por ustedes, en el puesto de ministra de Fomento. ¡A esto se le suele llamar cabezonería!

Y por si fuera poco y no hubiera suficiente para que usted pida su dimisión, hemos tenido que pasar por la vergüenza de que haya sido el Presidente de nuestra nación vecina, el señor Sarkozy, quien haya tenido que devolvernos a nuestras azafatas detenidas en el Chad. Que ahora pretendan salirse del paso y excusar su insolvencia e incapacidad, cuando no abulia, en este caso con referencias a la “prudencia” no hacen más que todavía les caiga más ignominia sobre ustedes. Aprendan del señor Sarkozy que, al tiempo que condenaba a la ONG “El Arca de Zoé” por infringir la legalidad, se ha preocupado personalmente de ayudar a los que parece que no están involucrados en el affaire. Pero ustedes, en España, están más pendiente de meterse con el PP, de barrer hacia ustedes para conseguir votos que en ocuparse por la tripulación de un avión español secuestrada en el extranjero. No valen frases hueras como “estamos seguros de que son inocentes”, se han de mover todas las influencias, todos nuestros servicios jurídicos y, ya que tanto les gusta viajar, pongan sus honorables traseros en el asiento de un avión para correr en auxilio de nuestros compatriotas. Menos chalaneo y más eficacia, señor ministro.

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