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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Tres gotas de agua, tres

Ángel Sáez
Ángel Sáez
viernes, 9 de noviembre de 2007, 01:33 h (CET)
Desde que reparé por primera vez en el hecho, he venido defendiendo y sosteniendo aquí y allá (sea aquí, verbigracia, la breve tertulia diaria que, de lunes a viernes, solemos mantener un reducido grupo de amigos en el bar de la esquina, mientras tomamos el aperitivo, y allá, por ejemplo, cualquier reunión social, sin especificar más, a la que he sido invitado y me da por asistir) que, entre mis dos últimas novias, Marisol Ríos, “la Quíntuple”, desgraciadamente finada, que Dios la tenga en su gloria, y Bernarda Ocaso, y la mitad del dúo humorístico “Las Virtudes”, Soledad Mallol, la actriz que interpreta actual e hilarantemente y a la perfección el papel de Marina en la serie “Escenas de matrimonio/s” de Telecinco, había más, bastante más, que un parecido razonable; pues estoy dispuesto a admitir que incluso rozaba el calco, la copia.

Desde entonces, sí, (re)itero, vengo aireando por doquier la misma tesis, o sea, mi creencia (a pies juntillas) en la existencia irrebatible, por lo menos para mí y aquí, en el planeta Tierra, de que todos los seres humanos tenemos, sin excepción, uno o varios gemelos.

Tras la muerte (en un accidente aciago) de “la Quíntuple”, me enamoré de Bernarda Ocaso al instante, apenas la vi, por la sencilla razón de que era el vivo retrato de Marisol, su sosias. Evidentemente, ésta se dio cuenta de ello ipso facto, a las primeras de cambio, poco tiempo después de haber echado a andar nuestra relación, porque casi se mosqueó cuando comprobó que llevaba su foto, sin habérmela dado ella, en la cartera, y acabó de hacerlo, cabrearse, enfadarse o enojarse cual gorgona, cuando, estando el abajo firmante a punto de coronar u obtener uno de los mejores orgasmos de su vida, cometió el desliz funesto de cambiarle el nombre de pila a quien, a la sazón, Bernarda, se lo estaba brindando o procuraba.

(Coda: las tres gotas de agua, tres, metamorfoseadas por arte de birlibirloque o cualesquiera otras mañas ignotas en tres gatas, se merendaron en tres pispases o santiamenes y otras tantas y distintas alcantarillas, quiero decir, otros tantos “cronotopos”, a las tres ratas de agua que fuimos los trillizos, los dos hermanos o trasuntos del menda y su seguro servidor de usted, desocupado lector.)

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