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El enigma del Betis
Daniel Sanabria
Desde la distancia la realidad es fácilmente distorsionable, o dicho con otras palabras, si observas algo desde la lejanía quizá no aprecies detalles reveladores que te expliquen lo que está pasando. Eso es lo que me ocurre a mí con el Betis. Desde Madrid las cosas siempre se ven diferentes, quizá porque es la capital, o porque como está en el centro, todo nos pilla lejos. Por eso cuelgo mi ignorancia en este escaparate virtual, porque los 540 kilómetros que separan la capital de España de la de Andalucía son demasiados para entender qué pasa.
El caso es que el Betis ya está metido en líos y el curso acaba de empezar. No sé cual era el objetivo de Lopera para esta temporada pero me imagino que como mínimo era pasarlo menos mal que el año pasado. No pide mucho Donmanué la verdad, sólo tener una vejez con salud, como todos. Pero a este ritmo y con este Betis, le va a tener que pedir un marcapasos a Papá Noel esta Navidad. Vamos a prevenir desgracias.
Porque el Betis no sólo pierde partidos absurdos, es que ya ni asusta a los grandes de vez en cuando. Dicen que Sevilla tiene un color especial, pero yo creo que tiene dos: uno el blanco que lleva el Sevilla en su camiseta y otro el negro que persigue al Betis desde hace años. Porque otra temporada más, el futuro del Betis parece más negro que verdiblanco. Como les decía al principio, yo no entiendo muy bien el porqué.
En verano hicieron fichajes de un nivel medio-alto dentro de lo que es la pirámide de refuerzos de la Liga Española: Mark González, procedente del Liverpool y con fama de jugón; Ricardo, portero de reconocimiento internacional, y titular indiscutible con una selección grande como Portugal; Pavone, delantero que venía de ganar el Apertura con el Estudiantes de la Plata y con 16 goles en su casillero; Babic, internacional croata, con siete temporadas a sus espaldas en el Bayer Leverkusen; José Mari, con experiencia en la Liga Española, y Somoza, proyecto de crack cedido por el Villarreal.
Si a todo este despliegue le sumamos lo que ya había antes: Edu, Capi, Rivea, Sobís, Fernando…, vamos, jugadores que saben lo que es un balón de fútbol, no sé a ustedes, pero a mí me sale un buen equipo. Tan bueno como para marcarse un pueso de UEFA como objetivo final. Pero como decía antes, la suerte en Andalucía tiene dos caras claramente definidas. O mejor dicho, una cara y una cruz. Y al Betis este año le ha vuelto a salir cruz.
La explicación que no le encuentro yo al Betis es la misma que no le encontraba al Atlético de Madrid los últimos cinco años. Vamos, que no la sé. En teoría, hace buenos refuerzos, tiene una base sólida, una afición caliente, un presidente con dinero, un entrenador ganador, pero luego mezclas todo esto y lo revuelves, y la sopa te sale sosa. Y ya son varios años los que el Betis no funciona. Otra vez está tonteando con el descenso, y entre tonteo y tonteo al final uno cae. Acuérdense de sus primeras novias…
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