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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

El 11-M y el IPC

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 6 de noviembre de 2007, 02:56 h (CET)
Poner en la misma frase al IPC y al 11-M parece que como si tuviera que ser algo relativo a la semejanza entre la velocidad y el tocino, pero no es así. El indicador avanzado del índice de precios al consumo, la tasa interanual de inflación, indica que ha subido en el último mes, más del 33%, situándose en el 3,6% desde el 2,7% de septiembre. Y los políticos mientras, hablando de la sentencia del 11-M; uno al final, no sabe muy bien si es que no les interesa lo que nos preocupa a los administrados; no saben qué decir o; simplemente se ocupan de las cosas que a ellos les interesan, ahora que se acercan las elecciones y es la reválida que ha de suponerles seguir con el empleo y el sueldo.

Se veía venir que las nuevas condiciones de los mercados de los cereales, iban a traer modificaciones en todos los campos. Pero hay factores que son imprevisibles a más largo plazo, como el hecho cierto de que ha habido peores cosechas que en años anteriores, difícil de prever. Al tiempo que se ha incrementado la demanda de India y China, más que proporcionalmente, al haberse perdido gran parte de sus cosechas. Si a ello unimos el encarecimiento del petróleo, la amenaza de una inflación galopante está servida. Y, como siempre, los que han de salir peor parados son las economías familiares más deprimidas, los pensionistas y todos aquellos a los que la cesta de la compra se les lleva una parte muy sustancial de sus ingresos.

Así, hemos visto cómo se han incrementado en el último año todos aquellos productos con un componente sustancial de cereales, pero que no es el único componente de su precio final, aunque se haya repercutido en éste, la práctica totalidad del incremento de aquel componente.

En efecto, el pollo ha subido el 11%, pero los huevos han subido casi el 35% en el último año. Y aunque se supone que la leche ha subido menos del 30%, lo cierto es que la mayoría de las marcas del mercado han subido sus precios más del 50%, desde el verano hacia aquí. Y el pan cuesta desde el 1 de septiembre, un 10% más, de media. Si las carnes de vacuno tuvieran la misma demanda que la leche o el pan, habrían ya subido también sus precios. Pero no hay que desesperar, subirán y antes de la Navidad.

Además, particularmente el sector lácteo y el del pan, ya advirtieron que los precios subirían lo que en realidad han subido. ¿Y qué hicieron ante la advertencia y qué están haciendo ahora las autoridades económicas? Lo cierto es que no hacen gran cosa de motu propio.

Las organizaciones de consumidores están denunciando las subidas concertadas de precios, del pan, la leche, los huevos y la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) ha dicho que sí, que lo va a investigar. Lo que no atino a comprender es qué hay que investigar, cuando el día primero de septiembre, todas las panaderías y expendedores de pan, incrementan el precio en el mismo 10%. Parece que la supuesta concertación fuera un hecho sin controversia alguna. Tal vez lo que investiguen sea la autoría intelectual de la concertación.

Pero ya nos maliciábamos que esto iba a ocurrir y lo apuntamos en esta misma sección el pasado 10 de septiembre. Verdaderamente no todos los dichos populares tienen razón, pero más vale prevenir que curar, está lleno de sentido común, aunque no sea este el más común de los sentidos.

Las autoridades económicas no han intervenido para propiciar una contención de los precios y no creo que sea por dejar al mercado actuar a su aire, sino por simple negligencia; no todo ha de ser una economía dirigida, pero sí hay que evitar los abusos. De manera que ahora deberán actuar las autoridades monetarias subiendo el precio del dinero, lo que enfriará más aún la economía.

Pero a continuación y para el año que viene, se prevé un severo contencioso entre precios y salarios. ¿Habrán de subir los salarios para mantener el poder adquisitivo de las familias? Sabido es que el nivel de salarios ha de ir por debajo del nivel de precios para prevenir la inflación. De manera que el conflicto laboral está ya servido para cuando comiencen a negociarse los nuevos convenios, pues los asalariados no han podido evitar la carestía de precios, máxime cuando de lo que se trata es de los productos básicos. ¿Hemos de dejar de comprar pan o leche o huevos?

Y, paralelamente, el precio del petróleo sigue subiendo; sobrepasa ya los 96 dólares por barril. Lo que están haciendo en el sentido de allanar el problema del constante incremento del coste energético las autoridades económicas, o sea los gobiernos, tanto el de España como los de la CE y la propia Comisión Europea es un misterio.

En efecto, los gobiernos europeos, exultantes de gozo ante la fortaleza del Euro frente al Dólar, parece que no les cueste dinero el petróleo. Pero el necesario impulso a las fuentes energéticas no dependientes del petróleo se echa en falta. No hacemos sino oír hablar de las fuentes alternativas de energía únicamente en relación al cambio climático, cuando no sabemos el tiempo que hará mañana. Y las variables necesarias para construir un modelo científico que nos aproxime siquiera un poco, al tiempo que hará dentro de 300 años, son tantas y tan complicadas que cualquier modificación en una de ellas, más o menos alentada por una determinada teoría preconcebida o para inducir un resultado interesado, hará variar la conclusión final en el sentido que más convenga. Y el que más conviene ahora a una determinada facción es la de frenar el progreso cercenando las fuentes de energía convencionales. Pero nada se habla del precio del petróleo y de quienes han de seguir soportándolo; tan solo de cambio climático.

El litro de leche está ya al precio del litro de gasolina. Pero a qué precio debemos seguir pagando los alimentos básicos, mientras nuestros políticos se desgañitan esgrimiendo la sentencia del 11-M cual arma arrojadiza para perpetrar una nueva legislatura que los mantenga en sus escaños; bien comidos y bien pagados, mientras las familias de economías más débiles, los pensionistas y otros colectivos desheredados de la fortuna verán alejarse aún más sus posibilidades de capear el temporal de la vida, con la dignidad que le es propia a todo ser humano.

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