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Por la expulsión de los inmigrantes indeseables

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 5 de noviembre de 2007, 00:51 h (CET)
Siempre he sentido aprecio por los franceses, tanto por su cultura como en su paisaje, por sus éxitos en los deportes y casi siempre por su política, que aún compartiendo con España País Vasco y Cataluña no comparten ninguno de los problemas nacionalistas que en estas regiones se generan.

Hace años también sentí envidia de los italianos, básicamente por los mismos elementos, su cultura, su paisaje y su deporte, pero sobre todo en el terreno político, aunque esto puede ser algo más discutible en un país de gran inestabilidad. El caso es que cuando tuvieron un amago de problema regionalista lo solucionaron en un abrir y cerrar de ojos y nunca más se ha vuelto a hablar.

Y ahora vuelvo a sentir envidia de los italianos y su gobierno. Italia comparte ahora con España el problema de la afluencia masiva de inmigrantes. En ambos países la emigración está resolviendo problemas empresariales y sociales facilitando el crecimiento económico. La mezcla cultural supone al mismo tiempo un enriquecimiento y un peligro. Ambos países cuentan con la experiencia de Alemania o Francia para no caer en los mismos errores y tratar de evitar los guetos, por ejemplo.

Pero hay que apoyar firmemente la emigración que viene a mejorar, trabajar y vivir dentro de la legalidad, respetando las normas y al civilización a la que se incorporan, aún sabiendo que siempre con ese esforzado trabajador, dispuesto a luchar por salir adelante, vendrá esa morralla que todo lo contamina, que todo lo vicia y que pasará no sólo por encima de las leyes, sino por encima de la vida de los demás para imponer la ley de la selva. Su ley, su selva.

Por eso admiro a Italia. Porque su gobierno, de izquierdas, conste, no se ha andado con medias tintas y se dispone a purificar y filtrar a los emigrantes deshaciéndose de todos los indeseables. Visto desde España, con tradición de leyes blanditas y poco efectivas, es algo muy de envidiar. Los ciudadanos de España siempre han deseado unas normas menos flexibles que sus gobiernos y sus parlamentarios se han negado a firmar.

En Italia, donde la emigración aumentó un 21% el año pasado, tienen un gobierno de izquierdas al que no se le caen los anillos por emplear la mano dura con los indeseables. Ese Gobierno es consciente del nivel de delincuencia que determinados emigrantes, y sólo determinados, arrastran consigo de país en país, allá donde vayan. Por eso la expulsión de aquellos indeseables que son incapaces de vivir en una sociedad de convivencia, que no añaden nada a la tarea común, sino que restan al bienestar social. En beneficio de los ciudadanos honestos la sociedad tiene que defenderse de quienes perjudican a aquellos, incluidos los propios inmigrantes honestos, que están dispuestos a trabajar duro para progresar. Y sacar adelante al país.

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