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Carta abierta al señor E. Martínez Lázaro, cineasta

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 5 de noviembre de 2007, 00:51 h (CET)
Es indudable que la democracia nos ha dado la posibilidad de expresar con toda libertad nuestras ideas. Es igualmente cierto que no todos coincidimos a la hora de juzgar unos mismos hechos pero, no es menos cierto que, cuando se habla acerca de un determinado tema es conveniente acercarse lo máximo posible a la verdad y, si se habla de acontecimientos histórico esta verdad debe ajustarse objetivamente a las circunstancias y hechos tal y como se produjeron en el entorno temporal al que nos estames refiriendo. Por ello, cuando uno observa que en la contraportada del periódico catalán, La Vanguardia, un señor que se anuncia como “cineasta” y que dice llamarse Emilio Martínez Lázaro titula, la entrevista que le hace un periodista, con la siguiente pregunta: “¿Por qué el PP no condena el golpe de Franco de una vez?”, lo primero que se nos ocurriría contestarle sería: ¿Por qué debiera hacerlo? Si reflexionamos un poco aquella misma pregunta la podríamos hacer respecto a muchos otros acontecimientos de nuestra historia y, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido plantearla. Cabe preguntarse: ¿Es necesario hacerlo? porque, ¿todo lo que sucedió bajo el franquismo era condenable?, ¿es posible que el pueblo español aguantara más de cuarenta años una tiranía sin rebelarse cuando, en inferioridad de condiciones, se rebeló contra los mamelucos de Murat? ¿No sería que no se estaba tan mal? o que, sólo los que no pudieron superar su rencor o aquellos que buscaban derrocar el régimen fueran los perjudicados por Franco.

Se me ocurren algunas preguntas que hacerle al señor Martínez Lázaro. La primera: “¿si usted hubiera tenido las narices de escribir un artículo como el que, en este momento, estoy escribiendo? En segundo lugar: contésteme, si puede, a esta pregunta: “¿estarían los socialistas dispuestos a condenar los hechos que perpetraron contra la II República en octubre de 1934? o, ¿estarían los comunistas del señor Llamazares dispuestos a condenar los asesinatos de Paracuellos del Jarama?,o los anarquistas y las juventudes socialistas ¿se mostrarían dispuestos a pedir perdón por los 6.000 sacerdotes que masacraron durante los años que precedieron a la República de febrero de 1936, y durante el tiempo de la Guerra Civil? Conviene recordar cómo definió Azaña la “primavera trágica” de aquel año: “Las ambiciones, divergencias, conflictos o indisciplinas que tenían atascado al Frente Popular”…” el desordenado empuje del Frente Popular” o, cuando definió la etapa del Frente Popular como “impotencia y barullo”. Quizá aquella situación de desconcierto y asesinatos a mansalva le ayudarán al señor Martínez Lázaro, improvisado fiscal de la culpabilidad de los nacionales, a recordar el míting de Zagaroza donde los anarco sindicalistas declaraban la guerra a la burguesía y a la República: “Para que sea una realidad efectiva la revolución social hay que destruir completamente el régimen político y social que regula la vida del país”. Y ahora yo le pregunto a usted: ¿De verdad puede asegurar que, en aquellas fechas, la República pintaba un carajo en la gobernabilidad del país? ¿Qué legitimidad tenía una República donde Catalunya campaba por sus respetos, habiéndose declarado independiente y, cuando, en la propia Barcelona, quien gobernaba eran los anarquistas y las juventudes socialistas por medio del llamado “Front Antifexista” y por las noches se permitía a las patrullas de la CNT y la FAI campar pos sus respetos asesinando, robando y violando a los ciudadanos de derechas o a los que fueran católicos, simplemente por el mero hecho de serlo. ¿Qué legalidad existía entonces? ¿Dónde esta el Estado de Derecho que protegiera los derechos fundamentales de los españoles?

Cuando se habla de levantamiento contra la legalidad de la República no es más que incurrir en un sarcasmo, porque la República no existía y quien cortaba el bacalao en España era el Partido Socialista y los anarquistas de la FAI y CNT, con la ayuda de los pocos comunistas que existían en los primeros tiempos de la Guerra Civil y los del POUM de Nin. Llegó hasta tal punto el disloque de la República que Diego Martínez Barrio le espetó al gobierno de Azaña: “Sois el gobierno de la sangre, el fango y las lágrimas…” Esta era la legalidad imperante en la República, señor Martínez. Supongo que usted se habrá inspirado, para su película, en fuentes de sus amigos de la farándula o quizá en el historiador Preston ( uno que escribía la historia interrogando a civiles de izquierdas olvidándose de la otra parte) o en esa pléyade de historiadorzuelos “progres”, que se han limitado a escarbar entre los resentidos que perdieron la guerra para inventarse una historia hecha a la medida de aquellos cuyo único mérito fue perder la guerra y huir a Francia, muchos de ellos con las manos cubiertas de sangre inocente por sus trabajos en las cárceldes y en las doscientas y pico de checas que había en Barcelona, Madrid y Valencia.

Ha hecho usted mal en pontificar, desde la ignorancia, y en pedir responsabilidades a las derechas olvidándose de pedírselas a los rojos, que fueron los que provocaron con sus desmanes la reacción de Mola, que no de Franco. Debiera usted haberse documentado mejor porque, quien organizó el golpe de Estado fue el general Mola desde Navarra, el general Yague desde Portugal y el general Fanjul en Madrid. Hay que decir que Franco se opuso desde el principio, e incluso advirtió del peligro al ministro de la guerra, señor Casares. Fue cuando se produjo el asesinato de Calvo Sotelo (por cierto ¡qué bajo ha caído su pariente la ministra Cabrera Calvo Sotelo, miembro de PSOE, con su Educación para la Ciudadanía!) cuando se decidió a intervenir en el levantamiento. Verá usted, la más mínima prudencia; el sentido común y el respeto por la historia le debieran haber hecho hablar de su película y dejarse de mítines políticos, para los cuales, a todas luces, está verde y desinformado.

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