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A propósito del mes de los Difuntos: 'Entre Cielo y la Tierra'

Josefa Romo (Valladolid)
Redacción
domingo, 4 de noviembre de 2007, 08:07 h (CET)
El tema de los difuntos ha sido recurrente en nuestra Literatura, y, hasta hace casi nada, era raro el año que no echaban Don Juan Tenorio en televisión el 2 de noviembre. Ahora, ha vuelto el tema con el ensayo titulado "Entre el Cielo y la Tierra", de María Vallejo- Nágera, asentado en experiencias de quienes han tenido el privilegio de que se les aparecieran almas del Purgatorio, como San Pío de Pietrelcina; también, gente corriente e incluso famosos.

Se encontraron con espectros necesitados de llamar la atención, seguramente porque necesitaban oraciones. La escritora conoce muy bien los tratados de María Simma, mística austríaca que murió hace dos años con fama de santa y que recibía visitas de ánimas benditas desde su juventud. Curiosa la narración de la aparición, a Paloma Gómez Borrero, de Fray Picollo en la embajada de España en Roma. Dicen que ese frailecillo no cesa de aparecerse, desde el siglo XIX, a reyes y políticos y que puso en polvorosa a Jaqueline Kennedy (parece que ninguno rezó por él o que el pecado del fraile galán, que se arrepentiría en su último aliento, sería "de armas tomar").

Pese al contenido, entre serio y rocambolesco, puedo decir que la obra de María Vallejo-Nájera resulta divertida: la autora tiene el don de hacerte pasar las páginas con el placer del nadador que remonta olas en un mar embravecido. No me extraña que, como su padre, consiga un día el Planeta. El Purgatorio es doctrina de la Iglesia, como la existencia del Cielo y del Infierno, y es señal de amor y de agradecimiento rezar por los que nos dejaron para pasar a la otra orilla. Como dice la autora, de ese estado sólo se libran los santos, que no son mayoría; tampoco llegan allí los condenados, a los que espera mayor suplicio y para siempre por no querer arrepentirse en vida. El Día de los difuntos suelo acordarme de esta canción: "Al pasar por el cementerio, me acuerdo de amigos que yo conocí, y les digo requiescam in pacem, para que otros hagan lo mismo por mí".

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