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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El mal yogurt de Ibarretche

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 4 de noviembre de 2007, 08:07 h (CET)
Si aún, a estas alturas de la legislatura, nos cupiera alguna duda sobre la influencia del Gobierno sobre el estamento fiscal y judicial, los últimos acontecimientos serían suficientes para despejarnos la mente y convertir en certeza nuestros resquemores. Creo que nunca se había dado un espectáculo tan poco edificante, por parte del ministerio fiscal, como el que ahora, bajo el mando del señor Fiscal General del Estado, señor Conde Pumpido, se está escenificando. Los fiscales tenían fama entre la ciudadanía de ser personajes duros, de acosar a los delincuentes y de pretender a toda costa que la justicia se aplicase, con toda su fuerza, sobre aquellos que, de un forma u otra, habían cometido un delito. Pues vean el cambio que se ha venido produciendo entre estos representantes de la ley desde que, por el milagro de la subida al poder del PSOE – no se puede calificar de otra forma la oportunidad de la masacre del 11-M para que unos perdedores cantados por todas las encuestas lograran ganar las elecciones –, se empezaron a convertir en defensores de los acusados facilitando de esa manera la ingrata labor de los abogados defensores.

Los casos flagrantes de los terroristas De la Juana Chaos (ahora perdido en el olvido, cuando ya no le interesa apoyarlo a ZP) y del señor Otegui ( idem de lo mismo), fueron el ejemplo de cómo, cuando la política se antepone al deber, se producen situaciones que dejan perplejos a los ciudadanos y levantan ampollas en aquellos que, de una forma u otra, han sido perjudicados por criminales a los que ven tan bien tratados, en lugar de ser objeto de castigos ejemplares. Siempre he sostenido que las leyes deben estar al servicio de los ciudadanos para protegerlos, defenderlos y garantizar sus derechos frente a la delincuencia. Si, por los motivos que sean, desde haber quedado obsoletas o haber surgido nuevos tipos de delincuencia no tipificados, no cumplen con aquella función, deben ser, inmediatamente, sustituidas por otras más actualizadas, para que aquellos que delinquen no puedan encontrar huecos ni intersticios que les permitan eludir la Justicia.

Pero si hay un ejemplo más evidente de esta incuria del ministerio fiscal, lo tenemos en el caso del lehendakari, señor Ibarretche. Un señor que prevaliéndose del cargo y sin que en ningún caso lo haya negado, ha incumplido la legalidad a sabiendas de que lo hacía y vanagloriándose de ello; resulte que deba de ser enjuiciado, directamente, por el TSJPV; en contra de la opinión del fiscal, que no considera delito sus reuniones con una banda criminal, Batsasuna, ilegalizada expresamente por el Tribunal Supremo; puede sonar a algo incomprensible dentro de lo que se ha dado por denominar el Estado de Derecho. Claro que, a la vista de los precedentes, tampoco nos debiera extrañar tanto. Es evidente que al señor Rodríguez Zapatero no le conviene que se enjuicien a los que tuvieron el protagonismo de las conversaciones con ETA, entre los que se encuentran dos miembros de su propio partido, los señores P. López y R. Ares, amen de Otegui, Barrena, Petrikorena, Etxeberria y Doñabeitía de la ilegalizada Batasuna; debido a que le acaban de desmontar el tinglado que tenía armado para su famosa negociación por “la paz” y, es por ello, que no dudo que haya presionado a su fiel servidos, el Fiscal General, para que intente poner cuantos obstáculos pueda en los engranajes del proceso iniciado por el TSJPV que, por uno de esos raros casos de dignidad, honradez y valentía ha despreciado los peligros que para sus miembros comporta esta firme decisión y ha hecho prevalecer la Justicia a cualquier otra consideración de tipo personal o política.

Que el señor Ibarretche se revuelva como gato panza arriba entra dentro de lo normal conociendo como se las gasta el sujeto. Lo que ocurre es que sus intentos de exculparse no hacen más que confirmar el acierto del tribunal vasco al haberle empapelado. Porque, veamos, ¿qué valoración les puede merecer a ustedes esta frase pronunciada en su visita a Méjico?, dijo así: “Que en pleno siglo XXI en Europa se pueda considerar delito hablar me parece una auténtica barbaridad, una monstruosidad”. Bien, se le podría argumentar que no es lo mismo hablar con su esposa que con unos perseguidos por la justicia o decirle que se puede hablar sin incumplir la ley y se pueda hablar incumpliéndola, como cuando se habla con criminales perseguidos por la Justicia y autores de múltiples asesinatos cometidos con personas inocentes, que nada tenían que ver con sus instintos criminales. Pero donde verdaderamente riza el rizo el señor Ibarretche es cuando pontifica con una de sus frases lapidarias digna de ser esculpida en una roca y después chafársela encima de su rala cabeza. Dice el sujeto en cuestión “ el que niega el diálogo, en definitiva niega toda solución! ¡Bravo por su inspiración! Le voy a poner un simple ejemplo: usted dialogue con un violador cuanto quiera, acepte negociar con él, ofrézcale un sueldo mensual y cuando él se lo acepte déjelo en libertad. Luego, cuando el violador haya violado a otras pobres mujeres, dígame de qué diablos le han servido sus diálogos, sus compensaciones económicas y su confianza en el violador. Claro que, si el diálogo que el lehendekari sostiene con Batasuna, es para ponerse de acuerdo en como lograr la independencia de Euskadi, en como anexionarse a Navarra de paso y en como darle una larga cambiada al señor ZP para que se trague el sapo, entonces, señor mío, la cosa es diferente, ¿no?

Parece ser que, para el señor Ibarretche, tan listillo él, sólo se puede solucionar lo de ETA con diálogo. Pues vea usted que, para muchos de los ciudadanos españoles, yo diría que para una mayoría, hay una receta mejor que la suya, más sana e, incluso, más efectiva; que consiste en el método utilizado por el Gobierno anterior, el del tan denostado señor Aznar que, no obstante las recriminaciones que los “progres” le vienen haciendo, fue el único que, con su firmeza, con su política de no cesión ante los terroristas, fue capaz de poner a toda la banda contra las cuerdas, al borde de la asfixia. Si no hubiera sido porque a Zapatero no le convenía, para sus rencorosos planes, que ETA se extinguiera; le hubiera bastado seguir la política de su antecesor para que, en estos momentos, ETA, Batasuna y el señor Ibarretche no fueran un problema para la nación y el tema del terrorismo en España fuera sólo un recuerdo para incluir en esta nueva chorrada del PSOE que es esto de la Memoria Histórica. Pero ZP prefiere andarse con chupaderitos con ETA y ¡así van las cosas!

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