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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

11-M: la sentencia

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 3 de noviembre de 2007, 00:30 h (CET)
Casi tres años han transcurrido desde que unos malnacidos cometieran la mayor masacre terrorista de nuestra historia. Y casi tres años después conocemos la primera sentencia. Sentencia extensísima –seiscientos folios- y que según parece no ha satisfecho a casi ninguna de las partes personadas en el juicio. Ni a las víctimas, que por uno u otro motivo anuncian recurso; ni a las acusaciones. Tampoco a las defensas de la mayoría de imputados. Para las víctimas de un atentado terrorista –cualquier atentado- jamás habrá consuelo suficiente y nada podrá reparar el daño infligido, nada podrá hacerles olvidar el atentado en que perdieron a sus seres queridos. Pero sí es posible cierta reparación o consuelo moral.

La sentencia dictada por el tribunal que preside el juez Gómez Bermúdez, que deja todas las puertas abiertas, no nos engañemos, no es una sentencia judicial más. Y es que durante los tres últimos años el atentado del 11-M se ha convertido en arma arrojadiza entre un gobierno surgido precisamente de estos atentados (las encuestas –todas- auguraban victoria electoral para los populares y lo que se debatía hasta el 10 de marzo era si alcanzaría la mayoría absoluta o se quedaría al borde de la misma) y el partido de la oposición, cuya postura con relación al atentado ha sido desde el primer momento errática.

¿Qué sucederá a partir de ahora? Pues me temo que lo mismo que lleva sucediendo desde entonces. O sea, bronca. Mientras que desde un lado de la trinchera se asegura que la sentencia descarta la participación de ETA en los atentados y se eleva la verdad judicial a categoría de verdad absoluta al tiempo que los más osados y sectarios cargan sibilina o burdamente –según el intelecto de que dispongan- la responsabilidad de las muertes sobre los populares, desde el otro lado de la misma se recuerda a la población que Al Qaeda, como Irak, no aparecen en todo el sumario, que no se ha podido determinar quién dio la orden de comisión de la masacre (autor intelectual) y que quedan varios puntos oscuros relevantes sin aclarar como, por ejemplo, qué estalló en los trenes.

Pues bien, en mi opinión el que esta sentencia, por un lado, no haya conseguido sino atrincherar aún más a ambos “bandos” y por otro no haya satisfecho a quien debería satisfacer, que son las víctimas, constituye no un éxito de “nuestro Estado de Derecho” como pregonan por ahí los cursis, sino un rotundo fracaso –otro- de lo políticamente correcto.

Veamos: desde que el 11 de septiembre de 2001 los terroristas de Al Qaeda (en este caso sí se habla de Al Qaeda y parece que las cosas están bastante claras) asesinara a más de 3.000 personas en Estados Unidos, no ha dejado de investigarse por parte de autoridades y agencias gubernamentales ni un solo momento el crimen. Los resultados de la comisión de investigación parlamentaria, que fue una cosa seria y no partidista, allí celebrada han sido publicados en forma de libro. En USA, pese a conocerse quiénes fueron los autores materiales y los intelectuales no cesa la investigación, fundamental para prevenir nuevos atentados. Y se reconocen, sin miedo a que los adversarios políticos politicen el asunto, los fallos cometidos. “United we stand”. Ese fue el lema de los norteamericanos. Envidia ¿eh?

Aquí, sin embargo, se politizó desde el minuto cero el atentado, arrojado en forma de comportamientos totalitarios –cerco a sedes políticas durante la jornada de reflexión (“asesinos”, “vuestra guerra nuestros muertos”); invenciones de terroristas suicidas con no se sabe cuántas capas de calzoncillos- a la cara del gobierno de entonces. El PP, asustado, casi paralizado, se dedicó, en mi opinión de forma irresponsable, a facilitar, porque algunos que gritaban mucho exigían resolver la masacre en menos de 48 horas (“¿Quién ha sido? ¡Queremos saber!”), la información de que disponían los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en tiempo real.

A día de hoy un esquizofrénico (Suárez Trashorras, el minero de Avilés) y dos individuos que poco parece que tienen que ver con el islamismo radical son los máximos responsables del 11-M. Tres años después el querer proseguir o afirmar que se debería de continuar con las investigaciones se califica por parte de sectores de la clase dirigente como de “muy grave”. ¿Por qué esa reticencia a seguir investigando? ¿A qué esa renuencia a que se determine quién ordenó y/o planeó la masacre? ¿Es que no se dan cuenta de que sigue libre y que podría acaso volver a ordenar la comisión de un crimen de este calibre y que por ello resulta imperativo localizarlo y encarcelarlo?

Pues bien, entre el complejo de algunos, que saben que llevan cuatro años mandando gracias a la vil politización que hicieron de una masacre y el de otros, que se resisten a aceptar que hubo claros fallos en la gestión del atentado y que hicieron el tonto –no se me ocurre una expresión mejor para definirlo-, aquí se sigue politizando el asunto y no se investiga nada de nada.

Menos mal que aún existe una parte de la sociedad civil sin anestesiar. Quizás por ahí venga, como en nuestro país ya ha sucedido en ocasiones anteriores, la tan necesaria respuesta. Ya veremos.

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