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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El Día de Todos los Santos. Enseñanza de caridad

Josefa Romo (Valladolid)
Redacción
viernes, 2 de noviembre de 2007, 04:09 h (CET)
Santos celebramos cada día un montón. Otros pasaron desapercibidos, excepto para quienes les trataron de cerca, y muchos han caído ya en el olvido, menos en el de Dios. ¿ Quién no ha oído hablar, en su casa, de un abuelo o un tío o primo santo? Ahora, la Iglesia ha agregado 498 nuevos beatos. Para los que no tuvieron postulador, está el Día de Todos los Santos.

¿Qué tienen de diferente y de común? Cada uno se santificó en las circunstancias particulares de su vida, contrapuestas muchas veces (unos ricos y otros pobres, unos profesionales cualificados y otros siervos o simples trabajadores; unos religiosos y otros laicos…). De común: la fe, con humildad de corazón; se fiaron de Dios y, bajo el asiento de la justicia, practicaron las buenas obras con espíritu de caridad; todos eran almas de oración. La clave de la santidad, a la que todos estamos llamados, es la caridad, que reside en el espíritu. Como decía San Pablo, si uno da muchas limosnas y no tiene amor, de nada le sirve, ni tampoco el que haga muchos sacrificios si le falta la caridad o amor sincero. La medida no está en el cuánto- a todos no se nos pide lo mismo- sino en el cómo. ¿Cuánto debemos dar? ES de jsuticia entregar el diezmo de nuestras ganancias a los pobres y a la evangelización (la Biblia habla de entregar el diezmo). No lo olvidemos: primero hay que ejercer la caridad con los necesitados de la propia familia (eso hacía y recordaba el beato Juan XXIII). Dios ama a quien da con alegría; pero hay que dar "hasta que duela" (Beata Teresa de Calcuta). Debemos saber: a quien da el diezmo con sentido de justicia y espíritu de caridad, Dios le bendice; a generoso, no le ganamos. Poco aprovecha su limosna al que, de alguna manera, roba a otro lo suyo o su jornal (la caridad se asienta en la justicia). También es caridad dar nuestro tiempo a quienes necesitan nuestra ayuda o compañía, y una sonrisa, y un buen consejo. La mayor caridad, el perdón; pedirlo cuando se ha ofendido, es humildad.

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