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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La señora Álvarez no se apea del burro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 2 de noviembre de 2007, 03:56 h (CET)
Los hay que no escarmientan y que se empecinan en no rectificar, lo que no hace más que demostrar su incapacidad para gobernar una nación. La primera regla de un gobernante es rodearse de personas capacitadas para ejercer los cargos de ministros y éstos, a su vez, deberían hacer lo mismo con los directores generales y así hasta llegar al último botones de cada ministerio. Lo contrario es como tirarse piedras a su propio tejado. Veamos, si no, lo que le está ocurriendo al señor Rodríguez Zapatero con este ramillete de ministras y ministros que se ha sacado de la manga y que no hacen otra cosa que crearle problemas a puñados. Observen el caso sangrante de la señora ministra de Fomento que a base de meter la pata se está convirtiendo en el paradigma de lo gafe y estrambótico.

Precisamente posiciones inflexibles como las que ha demostrado ZP en el caso de Magdalena Álvarez, negándose a aceptar la evidencia y emperrándose en mantenerla en el cargo pese a quien pese, evidencian su falta de cintura política y su incapacidad para empuñar con energía y firmeza las riendas del gobierno. No hay nada de malo en que un ministro o una ministra se equivoquen una vez, si, por supuesto, saben reconocerlo y rectificar a tiempo; tampoco lo hay en que la oposición se les tire encima y pida su dimisión, porque son cosas del funcionamiento normal de la política. No obstante, cuando los errores se suceden, cuando los daños que se causan con ellos adquieren proporciones preocupantes y cuando no se observa en sus causantes propósito de enmienda, entonces es el momento en que, un gobernante que anteponga el bienestar de la ciudadanía, los derechos del pueblo y el buen funcionamiento de la Nación a sus intereses partidistas y personales; debe de tomar las medidas adecuadas para evitar que se repitan y, si para ello es preciso sustituir a la persona responsable por otra capaz de cumplir con eficacia y solvencia la función del sustituido, debe hacerlo sin pestañear y sin pensar en el coste electoral que ello le pueda suponer.

Pero, en el caso de la señora Álvarez, el grado de incompetencia que ha venido demostrando, desde que la designó para el ministerio de Fomento, raya en lo grotesco. Y digo grotesco porque no se puede definir de otra manera el reguero de actuaciones incompetentes que se han venido sucediendo desde el momento en que se hizo cargo del ministerio de Fomento. Si mal estuvo en la huelga salvaje del aeropuerto de Barcelona, peor lo estuvo en los atascos producidos por el fallo de una compañía aérea en Madrid; luego vinieron los problemas de los trenes de cercanías de Barcelona; el apagón monumental que dejó sin luz a más de trescientos mil ciudadanos en Barcelona y, por si no fuera bastante, el desbarajuste que se ha producido en toda el área de servicios de Barcelona con los atascos monumentales en las autopistas y últimamente – por el empeño de la ministra y del señor Zapatero de apresurar las obras del AVE para así poderlo inaugurar el día 21 de Diciembre, todo ello, naturalmente, con fines estrictamente electorales – con los graves accidentes en la construcción del AVE en Barcelona. Pero también deberíamos hacer constar los 60 millones de euros que les costará la inauguración de la estación del AVE en Valladolid, para lo cual han construido un tendido de superficie que después deberá ser destruido porque el tren, en realidad, debe ir por un túnel subterráneo,¡un despilfarro a costa de los contribuyentes con el único objeto de colgarse medallas de cara a las elecciones! ¡Verdaderamente lamentable!

Lo peor del caso es que esta señora no parece que tenga el más mínimo pudor ante la serie de estropicios que ha propiciado y usa un maquillaje de cemento (que mejor servicio haría para rellenar los socavones del AVE de Barcelona), para salir en la TV y, con todo su desparpajo, largarnos frases de antología como las siguientes: “No, no voy a ir, no voy a dimitir” o “ no me voy porque correr es de cobardes” o “ no es el primer problema que me encuentro y todos los he solucionado bien”. Y es que debe ser muy duro para una ministra de “cupo”, me refiero de las nombradas por aquello de la “paridad”, el tener que reconocer que donde mete baza la pifia. Pero a esta señora no le faltan perendengues para decir que ella “todo” lo ha solucionado bien. En primer lugar, porque es falso que sea así y, en segundo lugar, porque se olvida de decir que hay formas y formas de solucionar los desaguisados y, por supuesto, la mejor es no dejar que se produzcan. Pero lo que no dice, la espabilada de ministra, es lo que le cuesta al Erario Público el recomponer sus fracasos; porque, señora Salgado, el dinero de los impuestos es el de los españoles y los ciudadanos queremos que se inviertan en cosas que redunden en bien del pueblo y no en reparar errores ocasionados por la incuria de la señora ministra. En todo caso, hay algo que no le será fácil disimular y es la alarma que ha conseguido crear en la población barcelonesa, que está en ascuas pensando que en cualquier momento sus casas pueden desaparecer en uno de esos monumentales socavones que surgen, inesperadamente, en los lugares más insospechados del recorrido de la tuneladora.

Cualquier día vamos a tener que contemplar las torres de la Sagrada Familia hundidas a cien metros de profundidad; será entonces cuando habrá que ver a la señora Álvarez como saca su gracejo andaluz para sacarse una de sus excusas. Quizá pudiera decir algo así como: “Pues vean ustedes, a mi se me antoja que a Gaudí le hubiera gustado ver a su templo dentro de este hoyo tan majo”. Esto de “sostenello” y no “enmendallo” es muy propio de esta nueva aristocracia socialista que, cuando se ven con dinero en los bolsillos y encumbrados donde nunca pensaron llegar, no hay quien sea capaz de desmotarlos del jumento, como nuevos Sancho Panza convertidos en gobernadores de sus ínsulas Barataria, pero eso sí, sin su agudeza y sentido común. ¡No se puede tener todo, qué carajo!

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