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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La ciudad vasca de Dios

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
jueves, 1 de noviembre de 2007, 08:10 h (CET)
Iglesia somos todos los que nos consideramos hijos y pueblo de Dios. No hay Iglesias españolas o vascas como argumenta el portavoz del EBB del PNV, Iñigo Urkullu, que espera que se pueda "escuchar alguna voz de la Iglesia vasca sobre el hecho de que, en las beatificaciones celebradas el pasado domingo en Roma, se ha olvidado a 16 personas de origen vasco que murieron en similares circunstancias" y fueron fusilados por los franquistas.

Católicos pueden ser extremeños o vascos por su orígen o residencia, pero sólo católicos por creer en Dios y la Santísma Trinidad. La beatificación de mártires de la Iglesia lo ha explicado meridianamente el Vaticano y la Conferencia Epíscopal, no son por razones ídeolñógicas ni de bandos, sino porque murieron abrazando la Cruz de Cristo, sin renunciar a Él y perdonando a sus torturadores. La Iglesia de Cristo no tiene nacionalidad, y sus ciudadanos los que San Agustín describió en La ciudad de Dios. La beatificación de los 489 mártires durante la Guerra Civil lleva un largo proceso que que se inició poco después de finalizada ésta, y que concluye en tiempos de una consolidada democracia española que la aparta de gobiernos y estados. Cree la portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, "ver una Iglesia que se creía superada" por el mismo hecho que Urkullu. La Iglesia no es superada por hombres ni gobiernos, la Iglesia sigue viva y su llama encendida por el Concilio Vaticano II cuya antorcha porta Benedicto XVI. Morir por otras causas puede ser símbolo de heroicidad para sus partidarios e incluso de injusticia. Morir por Dios es seña de santidad, que hoy es reconocida por los cristianos del mundo.

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