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Una nueva ofensiva de la izquierda

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 1 de noviembre de 2007, 07:36 h (CET)
Es de destacar la facilidad con la que el señor Rodríguez Zapatero y sus colaboradores se saben desmarcar de las situaciones comprometidas, en las que se ven envueltos, mediante bien calculadas, todo hay que decirlo, maniobras evasivas que tienen la particularidad de desviar la atención de los electores de aquellos eventos, que les pueden perjudicar, hacia otros temas, que les puedan favorecer. Siempre he dicho que, en el tema de la propaganda, las izquierdas son verdaderos maestros, asignatura en la que, por el contrario, la derecha suele fallar estrepitosamente. Si queríamos tener una muestra de cómo se las gastan los del PSOE en esta materia, la tenemos en la algarabía que están organizando los señores Blanco y el resto de sus adláteres en torno a la sentencia (todavía no publicada ni leída por el Juez Bermúdez) que resolverá sobre la masacre del 11–M. Llevan ya varios días calentando motores, sacando consecuencias favorables para sus teoría e intereses políticos y dando material a la prensa para que lo vaya publicando, creando una atmósfera en la ciudadanía en la que se dé por supuesto que los términos de la resolución judicial van a ser tales que pongan en entredicho una supuesta postura contraria por parte de la oposición del PP.

Si se tiene en cuenta el hecho incuestionable de cómo utilizaron las izquierdas el atentado del 11 de marzo del 2004; si se contempla la movilización organizada, en las vísperas de las elecciones –para culpar al PP del señor Aznar de ser los provocadores directos, con la guerra de Irak, de dicho acto criminal –, por parte de los progresista afines al PSOE y al PC y de los estamentos separatistas de Catalunya y el País Vasco; no es difícil llegar a la conclusión de que, quienes fueron los directos beneficiados del atentado, precisamente fueron los del señor Rodríguez Zapatero. Es por eso que, cuando ZP acusa al PP de deslealtad, a uno se le enciende la sangre porque si en España, en alguna ocasión, un partido político fue más desleal con el partido gobernante, sin duda fue el PSOE de vísperas del día 14 de marzo. En una ocasión en que se debieron olvidar las rencillas partidistas para formar un block unido frente al terrorismo, que demostrara la unión de todos los españoles contra la barbarie de los criminales, los del PSOE se dedicaron a machacar a sus adversarios. Los españoles tuvimos que asistir perplejos al enfrentamiento, en la calle y en las instituciones, de los dos partidos mayoritarios con la sola intención de conseguir beneficios electorales. Y ¡por Júpiter, que así fue!

Pero, no contentos con haber conseguido enfrentar al PP con el electorado; no satisfechos del rendimiento que les produjo el hundimiento del partido con mejores perspectivas electorales y, con el ánimo de explotar hasta las últimas consecuencias el rédito que la masacre les proporcionó; ahora, cuando han pasado más de tres años y medio de aquel suceso, vuelven a las andadas para intentar sacar de nuevo rédito de aquel triste suceso. Cuando peor se les presentan las cosas al PSOE, con motivo de sus repetidos errores de gestión; de sus continuas contradicciones; de sus fracasos en el tema del terrorismo; de su nula política de relaciones exteriores y de la incuria de todos los ministros del Gobierno que han conseguido, entre todos, crear el mayor caos en las instituciones y desconcierto entre los sectores económicos; en pleno fiasco de las obras del AVE en Barcelona, cuando todos los indicadores señalan una notable disminución de los electores en el señor ZP y en su gobierno; vuelven a recurrir a sus dos comodines, que tanto les sirven para un barrido como para un fregado: el 11–M y la Guerra de Irak, una munición con la pólvora mojada por el tiempo y obsoleta, debido a que aquellos que gobernaron cuando se produjeron aquellos acontecimientos ya no forman parte de la dirección del PP, que ya pago, en el caso de que fuera culpable de que se produjera, su parte de imprevisión que se le hubiera podido achacar, con la pérdida de las elecciones.

Es muy curioso como la izquierda intenta perpetuar a través de los siglos los errores, reales o imaginarios, de la derecha; sin que para aquellos exista fecha de prescripción. Ha ocurrido con el franquismo, con el fascismo y ahora con el 11-M y el Irak; por el contrario tienen una rara amnesia cuando se quiere recordarles que Stalín masacró a casi setenta millones de opositores en toda Rusia; cuando en España se asesinó a más de seis mil religiosos o cuando, en las checas de Madrid, Barcelona y Valencia, se torturó sin ninguna misericordia a miles de españoles sólo por el hecho de ser de derechas, católicos o adinerados. Esta mala memoria selectiva la utilizan eficazmente para lavar el cerebro de aquellos que, situados ya lejos de aquellos acontecimientos históricos, inmersos en una cultura de comodidad, libertad sin freno, hueros de frenos morales y escasa preparación histórica, son material propicio para aceptar la denigración de aquellos que sostienen doctrinas más espartanas como pudieran ser, el sacrificio, el trabajo, la solidaridad, el premio a la excelencia y el amor a la patria y a sus símbolos; así como a una moral y una ética que excluyan el libertinaje y el egoísmo excluyente.

Ahora, de nuevo, vamos a tener que asistir a una puesta en escena de la sentencia sobre los crímenes del 11–M, sea cual sea su contenido, en la que la izquierda se volcará para intentar ocultar sus fallos y errores garrafales cometidos durante la pasada legislatura; y, con esta cortina de humo, volverán a intoxicar a los votantes para hacerles creer que, todo lo malo viene siempre de la denostada derecha y que, si la izquierda comete errores, son consecuencia siempre de la oposición negativa del PP, que se empeña en encontrarle defectos a todo lo que hace el señor ZP y sus excelsos colaboradores del su partido. Hace tiempo que vengo recomendándole al señor Rajoy y los suyos, desde mi modesta posición de ciudadano de a pie, que deben reconstruir su aparato de propaganda. Es impensable que, a estas alturas, toda la prensa y las televisiones estén copadas por el Gobierno y que una partido con más de diez millones de simpatizantes se encuentre inerme cuando llega el momento de dar publicidad a sus propuestas o de denunciar las maniobras de sus adversarios para dejarle descolocado en la arena política. ¡Elemental querido Watson, en el tiempo de las comunicaciones y de la informática no se puede moverse en la política con pregoneros y radios de galena! Siempre, en este país de nuestras vergüenzas, la pazguatería de los conservadores nos lleva a posturas extremas en las que, finalmente, todas las disputas se tienen que arreglar a trancazos y tiros, ¡es nuestro sino!

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