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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Educación contra la violencia

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 1 de noviembre de 2007, 07:36 h (CET)
La violencia adolescente, por su frecuencia ya casi no conmueve. Es algo parecido a la furia que padece Irak con el estallido de coches bomba un día sí y otro también. Nos resbala cuando nos enteramos que un artefacto ha estallado en un mercado que ha producido tantos muertos y tantos heridos. Las imágenes de cuerpos mutilados y ensangrentados ya no nos impactan. La nuestra es la era de la muerte sin sentido. A pesar de lo cotidiano que es la violencia hemos de pararnos a reflexionar en sus causas para evitar que nuestras conciencias se endurezcan de tal modo que el resto de sensibilidad que aún nos queda la consuma la locura de nuestro mundo.

El artículo escrito por Juan Arias desde Brasil, que lleva por título :”¿Apaleada por diversión?” , sirve de base para hacer una reflexión, insuficiente, sí, pero vales más algo, que nada, sobre las causas de la violencia adolescente, una parte que va en aumento del amplio abanico agresivo de nuestro tiempo.

Cinco jóvenes universitarios golpean brutalmente a una mujer que trabaja en tareas de limpieza, que a medianoche, finalizado su trabajo esperaba el autobús para dirigirse a su casa. Juan Arias describe la agresión: “Cuando un coche con seis jóvenes a bordo, todos estudiantes universitarios, hijos de familias acomodadas, salieron del vehículo y le sacudieron a la joven con puñetazos y patadas en el rostro y en todo el cuerpo…Las declaraciones del padre de Rubén Arruda, de 19 años, indignaron a la opinión pública. El empresario del sector turístico señaló que «no era justo que unos jóvenes que estudian en la universidad sean encarcelados con otros jóvenes delincuentes»”. Estas declaraciones son preocupantes porque minimizan el comportamiento violento de su hijo. En vez de lamentarse por la indignidad de la actitud filial, la consiente. Antes de llegar a este extremo, ¿cuántos consentimientos no habrá otorgado este padre al comportamiento impropio de su vástago? Una de las tendencias actuales de la educación es la de dar manga ancha, porque se considera que así no se coarta el desarrollo de la personalidad. Es cierto, no se restringe su desarrollo para hacer el mal. La amplia difusión de esta filosofía hace que la violencia juvenil se inicie cada vez más en edades más tiernas. Hace poco leía que una niña de 11 años fue detenida por la policía por conducir con exceso de velocidad estando ebria. Para llegar a esta grave situación, ¿cuántos pasar por alto no se habrían hecho? Se dice que la filosofía dela permisividad está basada en el amor a los hijos. La Biblia que es el manual educativo por excelencia no lo aprueba: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece, mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios, 13:24). La permisividad sin freno crea delincuentes de cuello blanco, refinados que contrasta con los de chándal andrajoso, chabacanos, pero delincuentes al fin y al cabo. No importa la calidad del vestuario. Lo que cuenta son los hechos.

Otro detalle que es necesario destacar del escrito que comentamos es la justificación que los agresores de la mujer hacen de su delito, al decir que a la mujer agredida “la habían tomado por una prostituta”. ¿Dónde han aprendido estos jóvenes de casa bien que se puede maltratar a una prostituta? Bien seguro que su primer maestro lo fueron sus propios progenitores. El padre de Rubén, empresario del sector turístico, muy probablemente, con sus dichos y hechos sembró en el alma de su hijo un desprecio hacia las mujeres, particularmente por las que por las razones que sean, se dedican a la prostitución. En el sector turístico, la prostitución es un complemento que produce pingües ganancias. Es de todos conocido el menosprecio con que se trata a estas desgraciadas mujeres que tienen que ganarse la vida vendiendo sus cuerpos para satisfacer la lascivia de unos hombres miserables que las tratan peor que si fueran animales.

Es posible que el padre de Rubén hubiese enseñado a su hijo a despreciar a las prostitutas y a vejarlas. No es este el trato que Jesús da a este colectivo. Las trata con respeto y las protege de sus agresores masculinos. Son personas y su forma de vida no les arrebata su humanidad. Amarás al prójimo como a ti mismo es el mandamiento. Para ilustrar quien es el prójimo de uno, Jesús narra la parábola que se la conoce como la del buen samaritano. Samaritanos y judíos se odiaban a muerte. Pues bien, con el fin de enseñar a los engreídos judíos que no tenían que menospreciar a nadie, fuese quien fuese o lo que fuese, el otro, un odiado samaritano atiende a un judío que yacía medio muerto en el camino. Esto es lo que debemos hacer, amar a nuestro prójimo sin atenuantes injustificados.

La falta de disciplina y de respeto al prójimo son dos causas que provocan la violencia que se agrava. Si a la educación que imparten los padres se añade la dosis correcta de disciplina con el añadido de respetar al que es diferente, decrecerán las noticias que tienen que ver con la violencia juvenil que tanto sufrimiento produce, no sólo a las víctimas, sino en quienes lo provocan.

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