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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

¡Pajudos!

Marino Iglesias Pidal
Redacción
miércoles, 31 de octubre de 2007, 01:16 h (CET)
El ser humano es un pajudo – hablador de paja, al que frecuentemente en ciertos lares se le dice pajúo -, y a mí, que hasta el grano, si no es comedido, me sofoca, me resulta insoportable tanta pajudez – con zeta de zote.

Es por eso que comienzo con un ¡PAJUDOS! entre admiraciones y con mayúsculas para rebajar un tanto la presión y evitar que ésta me ahogue.

Los pajudos se dan en todos los estratos sociales y culturales. Una representación de los más... sencillos, ya me la consigo cada día a segunda hora de la mañana, a primera logro evitarlos recurriendo a la bicicleta para alejarme de ellos y que la brevedad de los cruces no me permita oírlos. Mas ¡oh desgracia! A mi edad no hay parte del cuerpo a la que no le sobre grasa o pellejo. Por eso no es suficiente la bicicleta, vale para piernas y nalgas, pero en el tronco y extremidades superiores no tiene prácticamente incidencia, de ahí que después del paseo ciclístico me convenga acudir a un mini gimnasio para viejos que el Ayuntamiento ha montado al aire libre en un parque próximo.

¡Madre mía de mi alma! ¡Qué tormento! El bando de loritos sabelotodo nunca falla. Y la cabecilla – es mujer - de este bando, además, no soporta la presencia de una rara avis sordomuda, lo cual hace que me tenga en el punto de mira y no se prive de apretar el gatillo de vez en cuando. Sencillamente horrible.

Afortunadamente la prolongada ducha con temperatura al gusto no sólo cumple una labor higienizante, sino también relajante.

¡Pero! lamentablemente es un relax de corta duración porque, a continuación, me enfrento a la cultura escrita. Otro tormento. Para empezar no son todos, más bien casi ninguno, los que están, y, generalmente, lo que pretenden al escribir es, sobre todo, demostrar, y no decir. De manera que se dedican a citar lo que otros dijeron para que se vea lo “leídos” que son, y a amontonar palabras para que apreciemos su “nutrido” vocabulario. Y yo arañándome las tripas: Pero bueno, si son tan cultos ¿por qué utilizan las palabras de otros? ¿no son ellos sabedores de tantas? Y su tanta sabiduría ¿no les da para saber que cuantas menos palabras usen para decir, más claro e inteligible resultará lo dicho?

Y luego viene la tortura de la televisión, bufff... ¡ESO YA ES...! Es para otra ocasión.

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