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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Padres cobardes gobiernan el mundo

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 31 de octubre de 2007, 00:35 h (CET)
El Juzgado de lo Penal número 1 de Santander absolvió este viernes pasado a un hombre acusado de malos tratos por el Ministerio Fiscal por haber propinado un tortazo a su hija, al considerar que el bofetón forma parte del derecho a corregir a los hijos que el Código Civil reconoce a todos los padres. Que algo como esto sirva de escándalo público le sugiere a uno que nuestra sociedad ha perdido el norte, la aguja de marear y el timón, todo a la vez. Y que no sabe a dónde va.

Y para abordar este tema quiero prescindir deliberadamente de las circunstancias concretas de este caso, en el que un padre y una madre discutían y la niña en defensa de su madre faltó al respeto a su padre, según la sentencia. Permítanme, digo, prescindir de esas circunstancias para abordar el caso desde una perspectiva mucho más elevada.

Llevo tantos años en al enseñanza que he perdido la cuenta, no es una licencia literaria, es verdad. Tendría que ponerme a echar números, pero entre otras cosas me daría cuenta del porrón de años que tengo y no me interesa. Sin embargo todos esos años en contacto con muy diferentes capas, sociales y económicas me han permitido sacar la definitiva conclusión de que los padres de hoy día, y en buena medida el sistema educativo, han perdido la claridad de ideas que permite educar con sensatez y lógica.

Alguien alguna vez ha debido decir que es malo ser exigentes, que no conviene “traumar” (una vez una madre me dijo así) a los niños, que hay que dejar que se manifiesten como realmente son, que no conviene decirles que no a nada, que castigarles o simplemente reñirles era condenarles al infierno en vida. Que ni por lo más remoto se le ocurriese a nadie dar un simple cachete a su hijo, no digamos ya una torta o como dice la sentencia de Santander, una bofeteada. Alguien ha debido decirlo alguna vez y la sociedad entera, mansa y torpemente, ha asumido todo ello como verdad evangélica. A nadie se le ocurriría rebatir tal sentencia bajo amenaza de excomunión. O de ser tildado de franquista, vade retro, Satanás, que es todavía peor. ¿Reñir yo a mis hijos? ¿Exigirles? ¿Ordenarles yo nada? ¡¡Jamás!!

Que hay que educar en libertad me han dicho miles de padres cobardes sin darse cuenta de que en realidad estaban diciendo que lo que querían era educar sin responsabilidad, algo que sin embargo lleva necesariamente aparejado el ejercicio de esa libertad que reclaman. La libertad sin responsabilidad es la ley de la selva, pero es algo que ignoran muchos padres y algunos teóricos de la educación, no en vano vivimos arrastrando una crisis de la autoridad. Todo aquello que simbolice la autoridad debe ser desterrado de nuestra sociedad según algunos “avanzados” educadores. Sea policía, profesores, Iglesia (¡por supuesto!), padres... Todos aquellos que se opongan a una sociedad que ha hecho del hedonismo su más preciada meta deben ser expulsados como peligrosos opositores al progreso de todos.

Cada vez que los padres cobardes se reúnen en asamblea general impulsan teorías del tipo de las que dicen que no se debe ejercer de padres, nooooo, nunca, antes bien deben ser grandes amigos de sus hijos, ser sus “coleguis” para mantenerse cerca. Sin embargo se les olvidan de que los amigos no educan, de que los amigos no enseñan, de que los amigos no corrigen. Los amigos ríen las gracias, dan consejos muy divertidos, pero no señalan lo que está bien y lo que está mal, carecen de conocimientos y experiencia para ello y las más de las veces les falta también el criterio ético suficiente para poder catalogar qué está bien y qué está mal. Sin embargo los padres..., los padres siempre deberían saber a sus años distinguir cuándo ayudan a sus hijos y cuándo les están perjudicando.

Estas corrientes cargan las tintas sobre los malos profesores que no aplauden con las orejas las fechorías de sus hijos, que no les dejan libertad suficiente, que los suspenden, que los expulsan de los institutos o de las escuelas. A esos profesores sólo les corresponde el desprecio de generaciones de ignaros padres y si en alguna ocasión se muestran especialmente retrógrados y se empeñan en suspender, castigar o expulsar a alguna tierna criatura de dieciséis o diecisiete años el padre en justa defensa de su hijo y de su honor tiene el derecho de aporrear al bestia enseñante hasta que se rinda y pida perdón por querer enseñar.

Así van los institutos, así va la enseñanza, así va España. (Ay, no, no, España va bien, que lo dijo Aznar y lo corrobora siempre que puede Pepe Blanco)

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