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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘Fabulosas narraciones por historias’, el 'collage' de Antonio Orejudo

Herme Cerezo
Herme Cerezo
viernes, 4 de enero de 2008, 03:53 h (CET)
¡Tararí! Éste es, evidentemente, un libro especial. Un texto que se sale fuera de lo común. Estamos ante una novela, claro, pero una novela compuesta por muy diversos mimbres. Unos personajes, Patricio Cordero Pereda, sobrino de José María Pereda, Martiniano Martínez, sobrino de Azorín, y Santos Bueno, un tipo rústico, nacido en Fuentelmonge, que cría cerdos y que carece de grandes problemas existenciales y económicos. Los tres se encuentran en Madrid, los tres habitan la Residencia de Estudiantes durante la época de la Dictadura de Primo de Rivera, los tres tienen intereses y expectativas vitales muy distintas: el uno quiere ser escritor, el otro es partidario de transformar España por la vía rápida (primero pensé que era falangista, por aquello de la "dialéctica de las pistolas"; luego que anarquista, por lo de la "acción directa" y, por último ... Bueno, eso ya lo leerán ustedes, mis improbables lectores) y el tercero no sabe lo que quiere, pero se pirra por las revistas pornográficas y las señoras talluditas de pectorales como balcones y pies excelsos. Alrededor de ellos se mueven una serie de ámbitos: las dos tertulias filosófico-literario-políticas (la de don Maximiliano Quintana y la de don Carlos Hernando), antagonistas ambas, que ocupan rincones irreconciliables en el cafetín El Jute; un personaje singular, Leo Babenberg y su esposa María Luisa, reputada "calientasábanas" ajenas, y la propia Residencia de Estudiantes donde concurren escritores y poetas de la denominada Generación del 27: García Lorca, "el mejor intérprete del alma de Andalucía"; Juan Ramón Jiménez, "exquisito poeta y refinado prosista"; Unamuno, "la más fuerte personalidad de la generación del 98"; Ramón Gómez de la Serna, "ingenioso escritor"; Ramón y Cajal, "ilustre neurólogo de fama mundial"; Pérez de Ayala, "nacido y educado en Oviedo" y Ortega y Gasset, "el incansable luchador por la europeización cultural de España", entre otros varios.

Por si todo esto no constituyera suficiente caldo de cultivo para atraer la atención del lector, agarrarle por sus partes nobles y obligarle a leer, Orejudo envuelve todo lo anterior con una suerte de recortes de prensa (entrevistas y artículos del periodista Paco Martínez Johnson); anuncios sobre enfermedades y problemas de las vías urinarias (auténticas joyas de los periódicos de la época); excitantes cartas, francamente "porno", al consultorio sentimental del inextricable Dr. Moore aparecidas en la revista ‘La Pasión’, sugestivo y referente nombre, el de la revista digo, y diversos fragmentos de obras de Ortega y Gasset (‘España invertebrada’ o ‘La deshumanización del Arte’), Carlos Bonifaz, José Moreno Villa, Amancio Gonotórregui o Sebastián Casero entre otros.

Con todo ello, el escritor madrileño hace lo que él mismo denomina un "cocido", es decir, una mezcla de carne, caldo, berzas y embutido introducidos en la misma olla a fuego lento.

Y ¿qué es lo que sale?

¡Tararí, tararí! A mi juicio sale un "collage" más que interesante, descarado, espléndido, atractivo, divertido en muchos momentos, deslenguado, mordaz, osado sin trabas, un fresco de época que tiene como trasunto principal la amistad entre Patricio, Martiniano y Santos y su evolución a lo largo del tiempo: la separación y el alejamiento paulatino. Es indudable, sin embargo, que el peso específico que adquieren en la novela los que, en teoría, ostentan el título de personajes secundarios, Ortega y Gasset, "el incansable luchador por la europeización cultural de España", Juan Ramón Jiménez, "exquisito poeta y refinado prosista" o el mismo Ramón Gómez de la Serna, "ingenioso escritor", desvía por momentos la atención del lector hacia el encuentro con estos personajes, en algunos casos, en todos según el escritor madrileño, mucho menos egregios de lo que se les presumía antes de digerir concienzudamente las 379 páginas de estas ‘Fabulosas narraciones por historias’. Puedo asegurarles que, después de leer la novela, mi acercamiento a los seres "reales", a los mitos que ellos representan, ya nunca será el mismo: la prevención y la cautela presidirán mis actos en tales circunstancias.

Antonio Orejudo no se corta un pelo y, como herramientas natarrativas, recurre a los tacos, al lenguaje de argot, al castellano-argentino, al castellano-andaluz, a las crónicas sociales o a las entrevistas. Además, hace alarde en muchos momentos de un fino sentido del humor, un género difícil de manejar, maldito tal vez, y escasamente frecuente. Lean algunas perlas: "Juan Ramón Jiménez, el delicado poeta que mejor oye el silencio" o "Caminaron borrachos, cogidos de los brazos, entonando canciones regionales. La noche olía deliciosamente, y algunas personas de bien les insultaron a su paso".

La única duda que le asalta al lector es averiguar qué hay de cierto en esta historia y qué de inventado. ¿Qué está documentado y qué no? ¿Qué citas son verdaderas y cuáles no? Pero tenemos que tener presente siempre que hablamos de una novela, o sea, de ficción. Y en la ficción el único requisito indispensable, obligatorio, es que resulte verosímil lo que se cuenta. Y en este sentido ‘Fabulosas narraciones por historias’ lo es plenamente, más que otras muchas historias que cubren metros y metros de los anaqueles de nuestras librerías y bibliotecas.

Juan Carlos Onetti escribió una vez el denominado "Decálogo para escritores principiantes" que, por cierto, en lugar de diez máximas, tenía once. Y en una de ellas, justamente en la décima, aconsejaba a los escritores noveles: "Mientan siempre". Pues eso, disfruten con estas ‘Fabulosas narraciones por historias’ de Antonio Orejudo. El título ya lo dice todo. ¡Tararí!

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‘Fabulosas narraciones por historias’, de Antonio Orejudo. Tusquets Editores, S.A. Septiembre, 2007. 379 páginas, 20 euros.

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