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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Está edificando sobre arena el PSOE de ZP?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 30 de octubre de 2007, 00:43 h (CET)
Muchas veces, cuando se pretende arreglar las cosas que van mal, sucede que se empeoran. Cualquiera que tenga dos dedos de frente se habrá dado cuenta del gran berenjenal en el que se encuentran Rodríguez Zapatero y su gobierno. Lugares donde el Ejecutivo se ha volcado con tanta intensidad, donde se han derramado millones de euros como si fuera un saco sin fondo al que hay que llenar, como el ejemplo de Catalunya; resulta que están entrando en una crisis tal que, mucho me temo que, estando tan cerca las elecciones legislativas, les pueda costar al PSOE más de un disgusto. Sin embargo, en lugar de entonar un mea culpa, en vez de arbitrar soluciones lógicas y recular lo necesario para dar tiempo a que se serenen los ánimos; se emperran en continuar remachando en el clavo. Si la señora ministra Magdalena Álvarez ha resultado probado que, desde que ocupa su cargo, es una nulidad integral y que donde ha metido baza no ha hecho otra cosa que acabar de estropearlo, ¿cómo el señor ZP se ha empeñado en mantenerla en su cargo? Ha tenido mil ocasiones para cambiarla y, no obstante, se ha negado a hacerlo y es que, el señor Zapatero, tiene un defecto (seguramente a él le parecerá una cualidad) y es que es incapaz de rectificar. Su ego le impide aceptar que pueda haberse equivocado como, por otra parte, nos sucede al 99% de los mortales. Sí, sabe escurrir el bulto y darle la vuelta a la tortilla cuando le conviene, como cuando dijo que España era inmune a los problemas hipotecarios en EEUU y luego, a través del señor Solbes, ha tenido que reconocer que de lo dicho, ná de ná.; pero se niega a hacerlo personalmente. El caso es que Barcelona está que arde, los ciudadanos echan fuego por la boca y la credibilidad de la ministra de Fomento, de la Generalitat y del Gobierno central, están al mismo nivel de los socavones del tan traído y llevado AVE. ¿A quién, en su sano juicio, se le ocurre poner, con fines puramente electorales, una fecha de inauguración de una obra tan compleja e impredecible? Se ha demostrado y se ha reconocido por los estamentos técnicos, que estas prisas, el trabajar a destajo para concluir un trabajo de semejante envergadura, es una temeridad, una imprudencia y, por si fuera poco, un peligro para el personal que está trabajando en la misma.

Pero las próximas elecciones les han puesto de los nervios. Por ello no han dudado en hacer un recorrido provisional para la llegada del AVE a Valladolid con tal de poderlo inaugurar, aún sabiendo que les va a costar 60 millones de euros más y que, después de inagurarlo, va a tener que deshacerse todo, porque el recorrido del ferrocarril debe ser subterráneo. En Málaga, las obras están literalmente empantanadas. Resulta que en uno de los túneles se han producido inundaciones que lo han convertido en un lago y, claro, los habituales chistosos ya lo han bautizado como “el túnel de lavado del AVE”. Y es que, como no se tome a broma, los ciudadanos acabarán desesperándose. Por si fuera poco están cometiendo torpeza tras torpeza. Ahora no se les ha ocurrido otra cosa que introducir en la campaña electoral el tema del Concordato con la Iglesia. Es evidente que esta actitud, no laica, sino claramente anticatólica, es un sentimiento innato en los que todavía no han superado el resultado de la Guerra Civil, quienes, en su despecho, intentan a toda costa desacreditar a la Iglesia tanto desde el punto de vista de sus miembros como del de la jerarquía y de su propia enseñanza y doctrina. El rencor les puede y ahora van soliviantados ante la inminente canonización de medio millar de sacerdotes masacrados por las izquierdas del Frente Popular, por ello es que se han visto forzados a radicalizarse aún más para conseguir compensar el efecto de estas canonizaciones sobre la ciudadanía católica. Tratar de reformar un Concordato vigente desde el 27 de agosto de 1953, y que ha sido sostenido y revalidado por los ejecutivos anteriores es, sin duda, una bofetada dirigida no sólo a la iglesia española, sino a la Santa Sede y al Papa Benedicto XVI y, por extensión a todos los católicos de Europa. Otra de las salidas de tono de estos que nos gobiernan ha corrido a cargo de la influyente Elena Salgado, la ministra incombustible del gobierno de Zapatero, la cual se ha hecho eco de una petición del PNV en el sentido de que se enseñen en toda España el vasco, el catalán, el valenciano y el gallego y ¿qué más?, ¿y del castellano qué? Si es verdad que las lenguas cooficiales, según sostiene la ministra, están en “uno de sus mejores momento de uso y extensión”, me temo que no podrá afirmar los mismo de la lengua oficial del Estado, el castellano, que está completamente marginada en la enseñanza de las autonomías donde se hablan aquellas y, por lo visto, nadie se ocupa de reivindicar que se la enseñe como es preceptivo y necesario, según la Constitución. ¿Hasta cuando deberemos los españoles soportar que los nacionalismos periféricos pretendan imponer el rumbo del gobierno de la Nación?

Lo preocupante de estas situaciones de tensión máxima, es la posibilidad de que se cometan imprudencias que luego pueden repercutir en la normalidad democrática de un país. Si el gobierno de Rodríguez Zapatero se deja arrastrar por la inercia a la que lo ha llevado los últimos acontecimientos, en los que han quedado retratadas sus carencias y su incapacidad para reaccionar a tiempo y con eficacia ante “imprevistos” –como se empeñan en calificar a lo que no es más que temeridad e incompetencia de los organismos oficiales, entre ellos el ministerio de Fomento –; se corre el riesgo de que los daños que se puedan causar a la credibilidad del sistema político sean tan graves que los ciudadanos opten por inhibirse ante las urnas como castigo a aquellos que, durante estos cuatro años, no han hecho más que engañarles, ningunearlos y olvidarse de los problemas que realmente les tienen preocupados. Si no, ¡abran ustedes el ojo!

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